01 may. 2026

Genocidios y celdas de oro

El mundo sigue en llamas. Atacan escuelas y hospitales; asesinan a niñas y niños, que vuelan en pedazos por bombas que cuestan millones, y sus asesinos continúan impunes. Los “líderes del mundo libre” miran indiferentes las acciones de la liga de genocidas desquiciados quienes hacen lo que se le viene en gana, con las libertades, el derecho internacional y el derecho a la vida. Mientras eso ocurre, acá en el paísito observamos con apatía los aumentos de precio del combustible y todos los aumentos que se vienen detrás de eso, y luego pegamos el grito en el cielo por la celda vip de Dalia López.

¿Qué más lo que podemos decir sobre los ataques de Israel contra Gaza y Líbano?

Porque además de señalar, una vez más la barbarie y crueldad, esa clase de impunidad la conocemos demasiado bien por estas tierras.

Como leí hace unos días en tuiter, lo que dijo el representante permanente adjunto de Palestina ante las Naciones Unidas, Majed Bamya: “Quizás para algunos tengamos la nacionalidad equivocada, la fe equivocada y el color de piel equivocado, pero nosotros somos humanos. ¿Acaso Israel tiene derecho a matarnos, y el único derecho que tenemos es morir?”.

El papa Francisco decía que la guerra es siempre una derrota. Y tenía la costumbre de llamar a diario por teléfono a la Parroquia de la Sagrada Familia, en la ciudad de Gaza, para dar algún tipo de consuelo a los cristianos que ahí se refugiaban.

El nuevo papa, León XIV, hace poco decidió salir con las taquillas altas y comenzaron a llamarlo woke por decir no a la guerra. El fin de semana pasado convocó a una jornada de oración, donde dejó un contundente mensaje: ¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! A Trump no les gustó y derrapó todito mal. En fin, desde este olvidado agujero en el planeta hay otro mensaje para los genocidas, parafraseado a Silvio Rodríguez, “ojalá pase algo que los lleve de pronto”.

La miseria. En medio de esta realidad que nos atropella a cada rato, hace unos días, un recluso falleció en la Penitenciaría Regional de Concepción. El director médico del Hospital Regional confirmó que su deceso fue debido a que esta persona presentaba un estado avanzado de tuberculosis. El médico advirtió que el hacinamiento en la Penitenciaría de Concepción podría ser un factor clave en la propagación de enfermedades transmisibles como la tuberculosis. La tuberculosis es una enfermedad prevenible y curable.

Espero que lo haya leído bien señor, esto sucede en Paraguay, en pleno siglo XXI, en un país en el que sus autoridades se regodean, jactan y presumen por el grado de inversión y por la foto del presidente viajero con Trump.

La de la señora, buscada denodada e inútilmente durante seis años por nuestra eficiente policía, y había sido que vivía a la vuelta de tu casa, ¡ja,ja,ja! no es la primera celda vip que se descubre en el país. Esto ya es un clásico.

El año pasado, sin ir más lejos, encontraron que todo un sector de la antigua cárcel de Emboscada estaba lleno de comodidades, incluyendo un jacuzzi, a disposición de reclusos. Ojo que no era para cualquiera nomás, sino para algunos procesados del caso A Ultranza PY, y otros que formarían parte del grupo criminal Primer Comando Capital (PCC).

Nos estamos concentrando en la celda vip de Dalia López y nos olvidamos del recluso que murió de tuberculosis en Concepción.

Dalia debería estar en una celda normal, con las necesidades básicas y bienestar asegurados, lo mismo que las 19.000 personas privadas de libertad de nuestro sistema, especialmente aquellos pobres olvidados por el sistema que los tiene presos en condiciones miserables sin tener siquiera una condena. Esa es, señora, una foto que ilustra demasiado bien la desigualdad en el Paraguay.

Y van a ver que lo de Dalia, va terminar como una anécdota más.

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