Viernes/27/JULIO/2007
Ambas selecciones intentaban conquistar hoy el primer oro de su historia en el fútbol de los Panamericanos. Era una final inédita e inesperada, así que el ambiente de Maracaná no se asemejaba al de las grandes ocasiones.
De entrada, los caribeños contaban con el goleador de la competición, Kemmar Daley (4 tantos) y una ventaja en la edad de sus futbolistas, la mayoría de 19 y 20 años, contra los sub 17, con sólo dos excepciones, de los ecuatorianos.
Ecuador, tan nueva en la elite como su rival, recibía el aliento del público, pero el partido se puso muy pronto a favor de los jamaicanos, ya que Vernon se fue como una gacela por la banda derecha y batió a Banguera con un “zapatazo” espectacular.
Sólo se habían cumplido cinco minutos.
El empuje racial de los ecuatorianos y su presión asfixiante acabó por otorgarles claramente el mando del partido mediado el primer tiempo.
Jamaica, que tuvo tres ocasiones seguidas al inicio de la segunda parte, intentó nadar y guardar la ropa. Su fútbol, lejos de ser brillante, buscó el pragmatismo y bajo esa premisa rentabilizó al máximo sus virtudes hasta que el ecuatoriano Montero equilibró la balanza a ocho minutos del final.
Cuatro minutos después, un penal dudoso sobre Wilson Folleco, transformado por Edmundo Zura, terminó de cambiar drásticamente el marcador y, por supuesto, el estado del partido.
Ecuador alcanzaba, en un abrir y cerrar de ojos, su instante de gloria en lo que ya es su mayor logro en competiciones internacionales y que hasta ahora fueron el segundo puesto en el Sudamericano sub 17 y un quinto del Mundial de la categoría.
En la autoestima de los ecuatorianos, que subieron de la mano a lo más alto del podio, debe pesar, además, el hecho de haber protagonizado en Río 2007 la gran campanada del torneo futbolístico, al eliminar a los anfitriones en su mejor encuentro (4-2). (EFE)