Un análisis etnográfico desarrollado durante más de cinco años por un equipo académico y liderado por el criminólogo Juan Martens expone cómo se utilizan conceptos como del “policía guapo”, la corrupción arraigada en la institución, el machismo interno y la urgencia de reestructurar la formación de los agentes.
La investigación abarca más de 70 entrevistas con agentes de distintos niveles y el análisis técnico de policías en servicio, para contrastar lo que la “institución dice que hace frente a su verdadera práctica”.
“El guapo es el policía que recauda, el policía que no crea problemas, el que no pide mantenimiento, el que gestiona y en esa gestión incluye aceptar dinero de pequeños delincuentes, aceptar dinero de patrones del narcotráfico, también de acercarse a comercios a pedir combustible, incluso a lomiteros, ese es un policía guapo. En síntesis, policía guapo no es el que da buen servicio, sino que el que recauda y no crea problemas, de allí el doble sentido”, explica el investigador Juan Martens.
Por ende, refiere que a los puestos en zonas fronterizas, los mismos agentes denominan “lugares porã (buenos)”, ya que están considerados buenos para recaudar.
Al respecto, mencionó que todo circula en torno al concepto de identidad de los agentes, e incluso existen testimonios muy fuertes en ese sentido, que dan cuentas claras a esa realidad en que se desenvuelven.
“Al releer una entrevista encontré que uno dijo, ‘yo pues no soy guapo, por eso no me puedo ir a la frontera’, por lo que estos puestos son siempre para los guapos”, expresó respecto al relato de uno de los entrevistados.
Mientras que el discurso institucional de las academias y colegios promueve la vocación, el civismo y el espíritu de servicio, la realidad cotidiana muestra muchas veces una desconexión.
Según el análisis de Martens, los propios agentes asumen este discurso con sarcasmo e ironía, “para ganar legitimidad” y explica que el “buen policía, de verdad” es el que se niega a participar en el esquema y es aislado socialmente, excluido de reuniones, actividades recreativas y grupos de WhatsApp.
El investigador refiere que frente a la hipótesis de protección a la ciudadanía y la justicia, la práctica registra conductas como el abuso de poder “oporo jopy, extorsionan, dicen que están al servicio de la Justicia, pero te implantan pruebas”.
El estudio también aborda la dimensión familiar e interpersonal, donde predomina el ingreso de varios hermanos a la institución impulsados por la experiencia del familiar mayor.
“Hemos documentado hermanos que en su totalidad se hicieron policías, porque un hermano mayor empezó la carrera policial y también hay un dato interesante, hermanos policías que no quieren que sus hermanas se hagan policías”, aseveró el experto.
En ese sentido, resaltó que la marcada resistencia a que las hermanas e hijas ingresen a la policía es motivada por el conocimiento del entorno machista, los acosos y la arbitrariedad institucional.
“Con toda esta documentación y este análisis lo que pretendemos es poner al servicio de las instituciones de formación policial”, afirma Martens.
Además enfatizó que la Policía Nacional es indispensable para la sociedad. Por ello, diagnosticar su identidad actual resulta un paso fundamental para formular políticas públicas, que reorienten la profesión hacia el respeto de los derechos humanos y el cumplimiento del mandato constitucional que es proteger la vida, la integridad y los bienes de la ciudadanía.
Crudo testimonio. Un agente policial –quien pidió resguardo de su identidad– refirió que ingresó a la Policía para hacer bien las cosas y servir a las personas, pero a causa de ello fue marginado por sus superiores.
“Solo encontré que uno tiene que ser sinvergüenza si querés agradarles a los jefes de turno. Servir hago, pero las personas no valoran tampoco eso”, relató.
También señaló que impulsó a otra persona “a vestir el uniforme” por el sueldo que es seguro, teniendo en cuenta que en 1 año ya tienen trabajo remunerado.
“Servir con honor es una mentira. Obediente y deliberante es solo a los de la corona, a los narcos políticos de turno”, criticó el agente.
Tristemente afirmó que no renuncia porque tiene hijos que dependen de su trabajo y porque no encontraría otra labor rápida.
También contó que su abuelo, padre, tíos y primos son agentes policiales y dijo que no ingresó al cuadro de oficiales para ser un “oficial sinvergüenza”.
“Decidí ser suboficial pensando que haciendo bien las cosas estaría bien y no, la realidad es otra, el rango que tengas, seas o no de carrera, uno no llega a ocupar cargos si no se une a la sinvergüencería de los narcopolíticos de turno, a ese lápiz corto que es mejor sin estudios hace y deshace un buen trabajo policial”, manifestó tajante.
Por último, el agente remarcó que hoy en día está en un puesto sujeto a malos tratos “por no ser del clan” de los guapos.
- 70 entrevistas con agentes de distintos niveles fueron realizadas durante la investigación.
- El guapo es el policía que recauda, el policía que no crea problemas, el que acepta dinero de pequeños delincuentes, acepta dinero de patrones del narcotráfico.