28 may. 2024

Esperpento

El debate sobre el nepotismo y el descarado uso de los nombramientos de cargos de confianza han desatado una vigorosa reacción ciudadana que los políticos han terminado por acusar recibo planteando como siempre: Nuevas leyes.

El problema no es con la norma, sino con la incapacidad de entender el servicio público como tal y sostenido en la idoneidad como manda la Constitución. Para nuestros políticos es absolutamente normal la discrecionalidad de asignar recursos por el solo hecho de ser parte de su entorno familiar y haber ganado unas elecciones. No logran entender el mandato de la Carta Magna y menos el insulto que supone a una población que debe hacer grandes sacrificios impositivos para sostener el costoso y corrupto aparato parasitario.

Las cosas se complican, aún más cuando uno de los peores ejemplos de estas arbitrariedades pretende convencernos con una nueva norma que acabará con estas cuestiones injustas. El senador Núñez representa todo el oprobio que tiene la ciudadanía hacia aquellos que creen que los recursos públicos son de pertenencia particular y con abierta caradurez sostienen la ilegalidad y los comportamientos antiéticos y amorales. Ninguna norma puede salir del cerebro de un matasanos cuyo único objetivo es irritar al mandante al punto de desafiarlo a un moquete al golero Chilavert. Si hay alguien que no tiene derecho a abrir el pico sobre el tema es este señor feudal del bajo Chaco capaz de engullir terrenos públicos, nombrar a mansalva a familiares en el Estado o evitar el pago de su multimillonaria deuda con la cooperativa San Cristóbal. La crisis del movimiento colorado mayoritario en el Senado es evidente si confían que Núñez será capaz de contener el incendio y repudio que genera el nepotismo. Su sola presencia en el debate equivale a tirar más nafta al fuego. Es un esperpento que solo genera repudio.

Las cosas se vuelven tan complicadas que el cuestionado y otrora suspendido diputado Esgaib ha salido a acusar al senador Ovelar de estar dándole balines a los opositores con sus nombramientos y licitaciones sospechadas de corrupción. Ya no se guardan las apariencias. Ya no son capaces de defender al senador Rivas imputado por la Fiscalía por el uso de un título de abogado de aparente contenido falso. El mismo ex titular del Jurado de Enjuiciamiento dijo que se apartará de sus fueros sin necesidad de ser forzado por sus pares. El verano paraguayo se proyecta en un Congreso que aunque de vacaciones no escatima esfuerzos para seguir consignando repudios ciudadanos.

En todo este marco decadente nos han vuelto a colocar entre los países del mundo con mayor presencia del crimen organizado. Solo hemos sido superados por Myanmar y Camboya y dejado atrás a Colombia. Estos últimos han condenado a la organizadora del crimen contra el fiscal Pecci a 42 años de prisión mientras, aquí sus colegas son incapaces de ir contra los autores morales del crimen. No en balde somos ubicados en los primeros lugares donde el crimen organizado sentó sus reales. La tercera ubicación nos la ganamos a pulso.

Nuestras situaciones grotescas y estrafalarias solo pueden conseguir mantener al Paraguay entre la corrupción y la impunidad. Si quien juzgaba a los magistrados y fiscales corruptos era uno de ellos, ya nos podemos imaginar el cuadro completo y las calificaciones que nos ensartan.

No saldremos de la situación en que estamos si seguimos en lo mismo y las posibilidades de acabar siendo un Estado fallido son enormes.

Debemos dejar de amigarnos con los esperpentos y creer que su espectáculo decadente nos adormece y cansa. Si pasa eso, ganan ellos.

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