05 jul. 2026

Espejismo estadístico y cifras de crecimiento económico

El producto interno bruto (PIB) es el indicador generalmente utilizado por las autoridades para demostrar el buen desempeño económico. Sin embargo, cuando va por camino separado de la percepción de los agentes económicos es necesario reflexionar sobre la brecha. Mientras que a marzo de 2026 la estimación de crecimiento del PIB para este año se mantiene en 4,2%, la percepción de los agentes económicos se deteriora y se hace notoria la crisis de confianza del consumidor en Paraguay.

El informe del Índice de Confianza del Consumidor (ICC) publicado por el Banco Central del Paraguay (BCP), correspondiente a mayo de 2026, expone esta contradicción. Mientras la actividad productiva registra una expansión del 5,1% en el primer cuatrimestre, la confianza de la ciudadanía se reduce a 38,21 puntos por debajo de lo que el BCP denomina nivel neutral que indica una percepción pesimista.

Los dos subíndices componentes de ICC presentan una evolución similar a la baja tanto con respecto al mes anterior como al mismo mes del ano pasado. El Índice de Situación Económica (ISE) registró un valor de 27,04, cifra inferior en 2,29 puntos respecto al mes previo y menor en 12,75 puntos al dato registrado en mayo de 2025. Por su parte, el índice de expectativas económicas (IEE) alcanzó un resultado de 49,38 puntos, cifra inferior a la del mes anterior y a la del mismo mes de 2025, en 1,62 y en 17,75 puntos, respectivamente.

El PIB es un indicador de volumen de producción, no de distribución del ingreso ni de bienestar. En Paraguay, los sectores que históricamente dinamizan el crecimiento agregado tienen una baja absorción de mano de obra directa y de calidad. Consecuentemente, el efecto multiplicador de estos sectores hacia el resto de la economía es limitado.

El concepto de efecto multiplicador asume que un incremento en la producción genera un círculo virtuoso de ingresos, empleo y consumo. Sin embargo, en economías con estructuras productivas duales, las rentas generadas en las actividades de exportación primaria tienden a concentrarse, sin derramarse hacia el resto de los sectores en los que se refugia la mayor parte de la población paraguaya.

Por lo tanto, una tasa de desempleo que disminuye no se traduce necesariamente en una mejora de la calidad del empleo ni en un incremento del salario real.

Una de las hipótesis sobre el origen de la percepción pesimista podría ser el riesgo de inflación.

El propio BCP reconoce que la dinámica negativa responde a incrementos en los precios de la carne y los combustibles.

Los alimentos y el transporte son bienes salarios inelásticos para los hogares de estratos medios y bajos; es decir, componentes de consumo obligatorio cuyo uso no puede postergarse o reemplazarse.

Cuando el precio de la carne o del combustible se eleva, los hogares deben reasignar una proporción significativamente mayor de sus ingresos corrientes para satisfacer estas necesidades biológicas y de movilidad básicas. La inflación en estos rubros actúa como un impuesto regresivo que golpea con especial dureza a las clases populares y medias.

Cuando los agentes económicos anticipan un futuro incierto con respecto a los precios, a la estabilidad del empleo o de los ingresos, modifican sus decisiones financieras en el presente: Se contrae la demanda de créditos de consumo y de vivienda, se postergan las decisiones de inversión en capital humano o emprendimientos, se deprime el consumo agregado interno.

A estas consecuencias económicas negativas se agregan los efectos en los ámbitos sociales y políticos. El malestar ciudadano genera conflictividad social y riesgos para la gobernabilidad, lo que puede traducirse en respuestas autoritarias y antidemocráticas desde el gobierno.

La brecha entre el PIB en expansión y el índice de confianza del consumidor en baja es el reflejo de un modelo de crecimiento poco inclusivo y con bajo efecto multiplicador en el bienestar social. Mientras el bienestar microeconómico siga divorciado de los balances macroeconómicos, las cifras de crecimiento económico son un espejismo estadístico para la mayoría de la población.

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