CIUDAD DE ESTE
La Catedral San Blas ya no transmite la misma calma que durante décadas acompañó la vida espiritual de Ciudad del Este. El incendio registrado el pasado 9 de febrero dejó huellas visibles en el principal templo de la diócesis, alterando la rutina pastoral y obligando a reorganizar las actividades religiosas. Sin embargo, lejos de paralizar a la comunidad, el siniestro abrió un tiempo de reflexión, solidaridad y esperanza.
El obispo diocesano Pedro Collar Noguera explicó que avanza la investigación técnica para determinar con precisión las causas del incendio y el alcance real de los daños. Un equipo especializado trabaja en el lugar y los resultados permitirán definir el proyecto de reconstrucción. “Debemos tener paciencia. En algunos días más tendremos los informes y, a partir de eso, veremos cómo encarar la reconstrucción de la mejor manera”, señaló el prelado. Indicó además que ya se conformó una comisión especial, con participación de diversas instituciones, que acompañarán todo el proceso.
Aunque todavía no existe un plan definitivo, Collar destacó el despertar de la solidaridad. “Existe mucha disponibilidad para cooperar, pero primero debemos estudiar bien el proyecto. Lo concreto es que hay esperanza de reconstruir y eso nos alienta”.
PROFUNDO. Este año, el inicio de la Cuaresma encuentra a la Iglesia local en una situación atípica. Para el obispo, el tiempo litúrgico adquiere un significado aún más profundo. “Es un tiempo para practicar la escucha de la voz de Dios, que nos habla a través de la conciencia, de la Palabra y también de los acontecimientos”.
Recordó que la imposición de la ceniza, con la que se inició el tiempo cuaresmal, simboliza la fragilidad humana, pero también el deseo de conversión. “Nos invita a reconocer nuestra vulnerabilidad y a caminar hacia la Pascua, tanto de manera personal como comunitaria”, expresó.
La oración, la penitencia y la caridad fueron señaladas como los pilares de este tiempo. Según el obispo, se trata de una oración sencilla y auténtica, un arrepentimiento sincero y una caridad concreta, especialmente en un año en el que la Iglesia paraguaya pone énfasis en la promoción del bien común.
Pese a los daños sufridos por el templo, las actividades religiosas no se detuvieron. Las misas se celebran de forma ordinaria en un salón habilitado provisoriamente, mientras que el vía crucis se reza todos los viernes. Además, se distribuye un material elaborado por la Pastoral Social Nacional, centrado en la reflexión sobre el bien común, con base bíblica.
Los sacerdotes de la diócesis, según indicó Collar, se encuentran disponibles para la confesión individual y el acompañamiento espiritual de los fieles durante la Cuaresma. Subrayó que el concepto de bien común va más allá de lo material. “No se trata solo del pan, sino también de bienes morales y espirituales, como la educación, la salud y la dignidad de cada persona”.
UNIDAD Y BIEN. Recordó que esta preocupación forma parte de la doctrina social de la Iglesia y de su vivencia. “En el corazón de Dios está que todos podamos desarrollarnos de manera digna. Como cristianos, estamos llamados a mirar nuestro entorno, promover la unidad y buscar el bien de todos”, sostuvo.
Contó que, antes del incendio, se celebraban varias misas diarias en la catedral, siempre con concurrencia. “Eso demuestra que mucha gente, en distintos horarios, busca estar cerca de Dios. Lo que incentivamos es no vivir la fe solo en fechas puntuales, sino mantener esa conexión permanente”, concluyó.