15 jul 2026

Emergencia

La salud anda muy mal en este país. Los pacientes con cáncer no tienen medicamentos y las deudas con las proveedoras no paran de subir. El titular del IPS es presionado por los propietarios del sistema, pero depende del Ejecutivo que lo nombró para que pague sus millonarias acreencias para que tenga dinero y honre sus deudas. Mientras, los médicos del IPS renuncian porque ganan menos que sus colegas del sector público que solo trabajan 12 horas a la semana. El sector privado sufre también sus propios males. Roban la base de datos de miles de pacientes y piden que se pague un millonario rescate sobre los antecedentes de sus clientes.

Todos los días es el mismo drama al punto que el titular de la ANR, el verdadero presidente, le dice al gerente que resuelva el problema porque la cosa no anda bien. En el Senado el titular es un médico, el de diputados también, las principales figuras de la oposición son médicos, el vicepresidente se salvó del cáncer con atención en el Sirio Libanés de São Paulo y todos firman acuerdos con prestigiosos sanatorios privados que nunca resuelven nada. Los taiwanes que tienen el mejor sistema de salud del mundo regalan un sistema informático que se usa menos del 5% de su potencial mientras un país completo organiza polladas para cubrir los costos del servicio.

Estamos en la sala de emergencias de un hospital llamado Paraguay con una salud al borde de un infarto sin máquinas, medicamentos ni médicos para que atienda al moribundo.

El Partido Colorado no pudo, no quiso o no sabe organizar un sistema de salud para seis millones de paraguayos lo que significa que son unos soberanos inútiles o han montado el problema de tal manera que los reclamos angustiados de los pacientes los vinculan por una gratitud que se cobra en cada elección. Es imposible con tantos ejemplos regionales exitosos que no podamos resolver este drama. No podemos agendar citas, distribuir medicamentos sin robar y menos aún hospitalizar a nuestros pacientes. Se abren modernos hospitales, pero varios sin asistencia digna. Cada vez que alguien se enferma en este país es un drama para toda una familia que tiene que vender lo que pueda para sufragar sus costos.

No han sido capaces de copiar el sistema de Clorinda que está cruzando el río o el de Punta Porã que está del otro lado de la calle en el Amambay. Ya no digo el sistema uruguayo o el chileno... Somos los últimos en materia de salud y con todo lo que ello implica no les pasamos la factura a los responsables de este caos que mata diariamente a muchos connacionales o lo hunden en la desgracia económica. Mientras, nos distraen con un fútbol amarrete y viciado, la enfermedad de la corrupción rodea el ámbito de la salud en tanto que llena de médicos la actividad política. Acaso, el mejor signo de la decadencia y la enfermedad que tenemos.

Aunque declararse en emergencia por una ley supone una serie de obligaciones por cumplir, de facto ya estamos en esa condición desde hace varias décadas. Nunca estuvimos bien, pero nunca como ahora estamos tan mal. Al Dr. Isaías Fretes lo van a cansar, agotar o expulsar. Ha mostrado desde adentro el abandono de la salud de un ente que recauda 2 millones de dólares diarios y que es un caso de estudio de cómo la corrupción agota, empobrece y mata.

Los vampiros del sistema se están de nuevo consolidando. El titular del IPS ha pasado dos meses al frente del la previsional y los reclaman no cesan, mientras los que sostienen el sistema perverso se mueven en aviones, helicópteros y participan de la fiesta del mundial. No se sabe más a quién gritar ante una decadencia brutal que no parece tener fin. Los gritos destemplados de los afectados se suceden una y otra vez mientras el sistema perverso sigue operando en un marco de complicidades entre la política y los profesionales de salud. Hasta las universidades truchas se han montado al negocio otorgando títulos de médicos y enfermeras, quienes no han sido preparados para el ejercicio profesional. Nadie sabe qué tipo de supuesto médico lo trata a uno y que pierna o senos equivocados pueden terminar perdiendo en un quirófano. Este país tiene septicemia generalizada y nadie parece darse cuenta, mientras proclaman un crecimiento económico de un país lleno de deudas materiales y éticas.

La medicina en el Paraguay está en emergencia y las sirenas ululantes que llevan al paciente –que es todo un país– piden paso en una autopista de la corrupción llena de baches y peligros donde el negocio es la muerte y no la vida.

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