01 mar. 2024

El triunfo de Milei, un ejemplo para Paraguay

Javier Milei llegó a la presidencia de Argentina mediante el cambio que se produjo en la tendencia de votos en la segunda vuelta electoral. Sobre este punto es donde hay que detenerse a pensar cómo puede constituirse esto en un ejemplo para Paraguay.

Aquello que se conoce como la segunda vuelta o el balotaje, es lo que asegura las mayorías absolutas en las elecciones. Paraguay es uno de los pocos países que aún no incorporaron a su sistema electoral, pero reúne las condiciones. En la región, lo implementan sus grandes vecinos Brasil y Argentina, incluso Bolivia.

En los últimos 20 años, ninguno de los presidentes de la República pudo superar el 50% de los votos para ganar las elecciones, empezando por Nicanor Duarte Frutos (37,18%) y siguiendo con Fernando Lugo (40,9%), Horacio Cartes (45,82%), Mario Abdo Benítez (46,4%), hasta Santiago Peña (42,70%).

La segunda vuelta es un condimento que les falta a las elecciones presidenciales de Paraguay y que podría –así como en Argentina– tener su revés a la hora de la verdad.

Por ejemplo, Javier Milei, que representa a la formación de ultraderecha La Libertad Avanza en Argentina, triunfó en la segunda vuelta con el 55,69% de los votos. En la primera votación había logrado solamente el 29,99%, quedando en segundo lugar.

En ese entonces, el oficialista Sergio Masa, del frente peronista Unión por la Patria, lideró los comicios con 36,78% y en tercer lugar quedó Patricia Bullrich, de la centroderecha Juntos por el Cambio, con 23,81%.

El partido de Bullrich es el mismo que había llevado a la presidencia argentina a Mauricio Macri (2015) y que más tarde brindó su apoyo electoral a Milei, lo cual le ayudó a conseguir la victoria.

En Paraguay existe la necesidad de adoptar este mismo sistema, principalmente, para legitimar la elección presidencial, para legitimar el voto real de la mayoría.

En las elecciones generales pasadas 1.564.699 electores no votaron por el candidato presidencial del hegemónico Partido Colorado, Santiago Peña. Se trata del 70% de la gente que depositó su confianza en las urnas hacia la oposición. Si el país hubiera implementado la segunda vuelta luego del resultado del pasado abril, ¿los candidatos presidenciales opositores se hubieran posicionado mejor? Quizás, así por fin le iba a llegar su oportunidad a Efraín Alegre, de la mano de la Concertación Nacional, o si se posicionaba mejor Payo Cubas, con el Partido Cruzada Nacional, íbamos a estar en las mismas que Argentina, con Milei.

El académico Aníbal Pérez Liñán hizo un artículo para la Universidad de Pittsburgh, de Estados Unidos, sobre la variación que puede sufrir el resultado inicial en el balotaje. Dice que esto puede ocurrir cuando una mayoría del electorado comparte un consenso negativo en contra del candidato más votado.

Solamente, mediante una segunda vuelta, el electorado va a poder articular una nueva mayoría y prevenir su ascenso. Este fenómeno fue que se dio con Milei en Argentina.

La segunda vuelta tiene cuatro procedimientos, de los cuales dos son más ampliamente utilizados en América Latina, según el catedrático citado más arriba, que es la elección por mayoría simple y el balotaje, donde el candidato más votado es automáticamente proclamado presidente electo y, lo otro, es cuando el más votado debe superar un límite de votos, que usualmente es el 50%, para ser presidente.

Es mucho pedir a la clase política pensar en esta posibilidad, que puede incluso afectar a su interés de mantenerse en el poder. Pero no es imposible creer en que la ciudadanía puede analizar en la oportunidad de pelear por este modelo, que puede fortalecer la gobernabilidad democrática.

El objetivo es garantizar un presidente con amplio respaldo popular. No obstante, Paraguay sigue conservando su sistema de mayoría simple, donde un candidato presidencial puede ganar hasta con un voto de diferencia.

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