El cardenal Adalberto Martínez Flores, arzobispo de Asunción, ofició este domingo una misa en la Basílica de San Giovanni a Porta Latina, en Roma, en vísperas de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo y el Día del Papa.
“Mañana, toda la Iglesia celebrará la Solemnidad de los santos Pedro y Pablo. Celebramos también el Día del Papa, pues el ministerio confiado por Cristo al apóstol Pedro continúa hoy en sus sucesores”, mencionó el cardenal paraguayo.
Indicó que el Papa León XIV ejerce el carisma petrino: confirmar a los hermanos en la fe, salvaguardar la unidad de la Iglesia universal y presidir en la caridad a todo el pueblo de Dios.
Igualmente, recordó que este lunes se realizará la tradicional colecta del Óbolo de San Pedro y mencionó que esto no solo representa una contribución económica, sino que es “un signo tangible de nuestra comunión con el sucesor de Pedro y de nuestra participación en su misión universal y en su caridad hacia los pobres”.
Pidió orar por todas las poblaciones afectadas por desastres naturales. En particular, encomendó al Señor al pueblo de Venezuela, especialmente a Caracas, La Guaira y las regiones devastadas por el reciente terremoto.
“El Santo Padre manifestó de inmediato su cercanía espiritual y, a través de la Limosnería Apostólica, dispuso una ayuda humanitaria inicial para apoyar a las poblaciones afectadas”, siguió expresando.
En este gesto, reconoció la caridad tangible del sucesor de Pedro “quien lleva en su corazón los sufrimientos de los pueblos y desea que toda la Iglesia permanezca cerca de quienes sufren”.
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El arzobispo de Asunción explicó que el Evangelio proclamado en la homilía arroja luz sobre todo lo que hemos vivido.
“Jesús dice: ‘El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí ’Esto no significa amar menos a la propia familia, sino más bien poner a Cristo en primer lugar. Cuando Jesús está en el centro de nuestra vida, todo lo demás cobra su debido orden”, se explayó.
Siguió reflexionando e indicó que el Señor también invita al desapego.
“El Señor también nos invita al desapego. Al comienzo de su ministerio público, llamó a Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Eran pescadores: hombres sencillos que vivían de su trabajo. Jesús pasó y los invitó a dejar atrás sus redes, su barca y su seguridad. Desde ese momento, ya no serían pescadores de peces, sino pescadores de hombres”, añadió.
Acotó que el Señor también nos pregunta “¿Qué redes debemos dejar atrás? Y ¿qué ataduras interiores nos impiden seguirle con libertad? Quizás sea el apego a los bienes materiales, el deseo de éxito, prestigio y poder, el miedo al cambio, la comodidad de una vida demasiado tranquila, el orgullo o el individualismo”, prosiguió.
Pero Jesús no nos pide simplemente que dejemos atrás nuestras redes, también nos invita a echar redes nuevas, siguió mencionando.
Además, pidió que, en vísperas de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, renovemos nuestro afecto y comunión con el Papa.
“Unámonos a su oración incesante por la paz mundial, para que callen las armas y prevalezcan el diálogo, la reconciliación y la fraternidad entre los pueblos”, exclamó e invitó a “poner siempre a Cristo en primer lugar en nuestras vidas, de dejar atrás nuestras redes y desatar nuestros nudos interiores”.