Opinión

El malestar del éxito

 

La semana pasada estuve en Santiago de Chile y al igual que en oportunidades anteriores, quedé muy impresionado con lo que he visto. Una ciudad moderna, linda, limpia y ordenada.

Tuve la oportunidad de conversar con varias personas y percibir el altísimo nivel profesional de las mismas, producto de una educación de calidad que viene de varias décadas atrás.

Hoy la diferencia entre Chile y todos los países de América Latina ya es enorme, debido a que el país trasandino tiene el mayor ingreso per cápita, el menor nivel de pobreza, el mayor nivel de desarrollo humano y las instituciones públicas más fuertes y de mejor calidad de la región.

Mi regreso de ese Chile moderno y envidiable fue el miércoles y tan solo dos días después, veía atónito por televisión cómo miles de manifestantes, especialmente estudiantes, a los cuales se les sumaron grupos violentos y algunos sectores políticos radicalizados, saqueaban locales comerciales e incendiaban ómnibus, edificios y estaciones del metro de la ciudad de Santiago.

¿Cómo puede ser posible que en el país más próspero y desarrollado de la región pueda existir tanto malestar social y tanta bronca contenida? ¿Cómo puede explicarse semejante paradoja? Para entender esta aparente contradicción que vive Chile existe una explicación económica y otra social.

En lo económico, el crecimiento de Chile de los últimos años –al igual que el de todos los países de la región– estuvo impulsado por el boom de los commodities. El precio del cobre, que es la base de la economía chilena, creció 7,5 veces pasando de 60 a 450 centavos de dólar la libra, esto hizo que crecieran las exportaciones, el ingreso de dólares, las importaciones, el crédito y el consumo.

Ese boom se ha terminado hace unos años y el precio del cobre hoy se encuentra en torno a los 270 centavos de dólar la libra, con la consiguiente reducción en el ritmo de crecimiento de la economía chilena y en las expectativas de empleo de los jóvenes.

Chile hoy se encuentra en lo que muchos economistas llaman “la trampa de los países de ingreso medio”, que consiste en que el nivel de ingresos de los chilenos se encuentra por encima de los salarios de los países pobres y, consecuentemente, no pueden competir con estos en la fabricación de productos de bajo valor; pero el nivel de educación y calificación de los chilenos se encuentra por debajo de los países desarrollados y por lo tanto no pueden competir con estos en productos de alto valor que exigen innovación y tecnología.

En lo social, el gran causante del malestar de amplios sectores de la sociedad chilena es el exceso de expectativas de su nueva clase media.

Una definición de problema que me gusta mucho dice “un problema es la diferencia entre las expectativas y la realidad”. Consecuentemente, para solucionar un problema: debemos elevar la realidad o debemos bajar las expectativas.

La enorme nueva clase media chilena, producto del éxito económico, quiere tener un Estado del Bienestar con educación y salud GRATUITA y de calidad para todos, como tienen… los europeos, que con mucha mayor riqueza económica, hoy ya no lo pueden financiar.

O como tienen… los argentinos, y que es uno de los principales motivos por los que hoy se encuentran en la quiebra.

Esta paradoja de éxito económico y al mismo tiempo malestar en el humor de la gente lo definió el historiador chileno Mauricio Rojas Mullor como “El malestar del éxito”, y esa explicación tenemos que tenerla muy en cuenta en el proceso de desarrollo que está viviendo el Paraguay.

En lo económico, el modelo de desarrollo de Chile ha sido muy exitoso, pero el malestar social, producto de una clase media nueva, urbana, educada y con excesivas expectativas, son aspectos que deben tenerse en cuenta.

La experiencia chilena es para aprender… de lo bueno y de lo malo.

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