17 jun. 2026

El fracaso de la policía exprés

Esperamos que egresen los 5.000 este año (…)”. La decisión del presidente Peña y del Gobierno Nacional es muy clara: 5.000 por año hasta llegar a los 60.000”, anunciaba con su acostumbrada grandilocuencia el ministro del Interior, Enrique Riera, a inicios de 2024. Además, acortaba el periodo de formación a unos nueve meses.

La propuesta fue presentada como una solución rápida a la inseguridad. El argumento era que Paraguay necesitaba aumentar urgentemente la cantidad de policías por habitante para acercarse a estándares internacionales. Pero aquello ya empezaba mal desde el diagnóstico. No existe un número mágico ni universal de policías recomendado por Naciones Unidas. La necesidad de efectivos depende de múltiples factores como el contexto social, tipo de violencia, territorio, urbanización, capacidades institucionales y calidad de formación.

El problema no es la cantidad, sino la corrupción, la falta de infraestructura, la inexistencia de controles internos serios, la falta de análisis de correspondencia entre salario y bienes por parte de la Contraloría General de la República, y por sobre todo, el tipo de Policía que necesitamos en la República del Paraguay.

Ni bien comenzaron las clases de los nuevos postulantes, aparecieron las primeras señales de improvisación. Muchos no tenían espacio adecuado para dormir, algunos pasaban las noches en el piso y las condiciones de formación eran precarias. Se aceleró un proceso que requiere tiempo, disciplina y construcción institucional. Además, algunos directores me reconocieron que detectaron consumidores y hasta microtraficantes entre los cadetes, y lo máximo que pudieron hacer fue trasladarlos de ese sitio. O sea, hoy están con uniforme y armas.

En diciembre de 2024 advertí públicamente mi preocupación: “Lo que tendría que darnos alegría, produce preocupación. Algunos de los 5.000 nuevos policías nunca practicaron tiros; los más afortunados tuvieron unas 12 horas de práctica. En la Policía debemos dejar la improvisación para fortalecerla. El país necesita un cuerpo confiable”.

Hoy, los propios policías más antiguos reconocen el fracaso del experimento. “No se puede trabajar con ellos”, “no siguen reglas mínimas”, “crean problemas”, coinciden varios agentes con años de experiencia. En seis meses no se forma un policía. Mucho menos se construye ni internaliza una cultura institucional.

La Policía, además de enseñar técnicas, moldea conductas, disciplina cuerpos, produce obediencia y sentido de pertenencia. Requiere internalizar valores, jerarquías y responsabilidades. Como diría Michel Foucault, las instituciones disciplinarias producen “cuerpos dóciles”. Eso no ocurre en cursos acelerados pensados más para mostrar resultados políticos inmediatos que para fortalecer una institución compleja.

Pero detrás de esta improvisación también existe otro problema del que poco se habla: el enorme negocio de los cursillos policiales. Miles de jóvenes pagan mensualmente en cursillos privados para intentar ingresar a la Policía.

Algunos de estos cobran alrededor de G. 400.000 al mes y tienen centenares de alumnos. En los internados, los costos pueden llegar a G. 3.000.000 mensuales. Varios postulantes entrevistados afirmaron haber gastado más de G. 10.000.000 durante todo el proceso de preparación.

En 2025 y 2026 rindieron más de 16.000 postulantes buscando ingresar como oficial o suboficial de Policía. Estamos hablando de miles de millones de guaraníes moviéndose alrededor del ingreso policial, que también es “kokue” de algunos comisarios; es decir, un espacio de recaudación y generación de dinero. Por ello, no sería extraño que, pese al evidente fracaso, intenten sostener o reciclar este modelo.

Los pobres resultados académicos también exponen el problema. Centenares de postulantes obtuvieron cero puntos en evaluaciones recientes. Sin embargo, el objetivo político seguía siendo llegar rápidamente a una cifra simbólica: 5.000 policías por año.

La formación policial no puede convertirse en un negocio ni en una estrategia narrativa para producir titulares. La Policía representa la autoridad del Estado y encarna la institucionalidad de la República.

No se puede improvisar con eso.

“La formación policial no puede convertirse en un negocio ni en una estrategia narrativa para producir titulares”.

Doctor por la Universidad de Barcelona-España. Profesor investigador UNP/UNICAN/INECIP-Sisni Conacyt.
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