18 may. 2026

El fenómeno Prieto

Las encuestas son fotografías, no profecías. Pero la imagen que se va perfilando a dos años de las elecciones presidenciales de 2028 llama la atención. En la medición nacional del Centro Interdisciplinario de Investigación Social (CIIS) de noviembre de 2024, el ex intendente de Ciudad del Este Miguel Prieto representaba apenas el 4% de las respuestas espontáneas como referente de la oposición, por debajo de Paraguayo Cubas (8%) y Kattya González (7%).

En julio de 2025, en la misma pregunta abierta, ya marcaba 12,5% y se posicionaba como número 1. En febrero de 2026, la encuesta de ICA Consultoría Estratégica preguntó esta vez por quién elegiría para liderar el país: Prieto encabezó con 17%. Y en una medición más reciente del CIIS, aún no publicada, registró el primer lugar con 22% en la pregunta abierta para el 2028.

¿Qué puede significar este crecimiento? Sudamérica vive un incesante proceso de despartidización: las figuras personales pesan más que los partidos. Desde 2018, la mayoría de los presidentes electos llegaron de partidos nuevos o con débil identificación partidaria: Duque y Petro en Colombia; Bolsonaro en Brasil; Paz en Bolivia; Lasso y Noboa en Ecuador; Boric y Kast en Chile. Hoy gobiernan, mayoritariamente, partidos creados en el siglo XXI.

Vale notar que este fenómeno de partidos nuevos en el gobierno va más allá de la región, llegando a países desarrollados como Francia, Italia y, quizá, próximamente Alemania.

Prieto puede ser el síntoma de esa vaporización partidaria llegando a Paraguay. El fenómeno ya alcanzó a Brasil y Argentina —países con historia de partidos vigorosos—, donde Bolsonaro y Milei se comieron a sus competidores tradicionales en la centroderecha. Solo dos países son gobernados hoy por partidos fuertes del siglo XX (el PT en Brasil y el Frente Amplio en Uruguay) y Paraguay sigue como el último gobernado por uno del siglo XIX.

La dinámica puede estar cambiando en Paraguay, sobre tendencias ya existentes. El llamado “tercer espacio” —ni colorado ni liberal— no es nuevo: alcanzó entre el 19% y el 23% de los votos en 1993, 2003 y 2023. El problema es que partidos como Encuentro Nacional, Patria Querida, Frente Guasu, UNACE y Cruzada Nacional mostraron alta capacidad de irrupción con liderazgos fuertes, pero baja capacidad de estabilizarse, repitiendo la volatilidad regional. Una nueva fuerza liderada por Prieto podría ser la renovación de ese espacio.

Un factor que lo favorece es la debilidad del Partido Liberal. El PLRA combinó por años identidad partidaria y estructura territorial para articular en torno al 25% de los votos nacionales.

Hoy esa combinación luce erosionada: según ICA (febrero de 2026), solo 11% de las simpatías partidarias se dirigen al PLRA. La salida del senador Eduardo Nakayama agravó la fragmentación y la organización aún no logra reponer una dirigencia que herede la tradición de Laíno, los Franco, Alegre o Llano.

El Partido Colorado se mantiene como la organización partidaria más resistente, con fuerte identidad, recursos y capacidad de movilización. La pregunta es si podrá esquivar la tendencia antipartidaria regional: la desconfianza hacia los partidos, la presión de sectores medios insatisfechos y una juventud distanciada de la política y movida por códigos digitales, pueden erosionar sus bases.

Es temprano para saber si el crecimiento de Prieto se sostendrá, se ampliará o se convertirá en alternativa presidencial real. Pero el dato ya está sobre la mesa. Si su liderazgo se consolida en un contexto de dificultades económicas y partidos tradicionales debilitados, Paraguay podría acercarse al escenario de sus vecinos sudamericanos.

(*) Investigador del Centro Interdisciplinario de Investigación Social (CIIS)

  • “Es temprano para saber si el crecimiento de Prieto se sostendrá, se ampliará o se convertirá en alternativa presidencial real”.
Investigador del Centro Interdisciplinario de Investigación Social (CIIS).
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