26 abr. 2026

El fenómeno de Narciso, del papel a la pantalla fue tema de conversatorio

Un conversatorio entre Guido Rodríguez Alcalá, autor de la novela histórica Narciso, y el director de cine Marcelo Martinesi enriqueció la tarde de público selecto el pasado miércoles 22 de abril, en la Casa Bicentenario de la Literatura Augusto Roa Bastos. En el revelador encuentro compartieron las claves de una adaptación que decidió ser “infiel a la letra para ser fiel al espíritu”, transformando la densidad histórica en una atmósfera cinematográfica.

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Marcelo Martinesi y Guido Rodríguez Alcalá en el conversatorio.

Foto: Marisol Ramírez

Un encuentro entre la narrativa, el cine y la memoria histórica reunió al escritor y autor de la novela Narciso, Guido Rodríguez Alcalá, y al director de su adaptación cinematográfica, Marcelo Martinessi, en la Casa Bicentenario de la Literatura Augusto Roa Bastos, en una actividad organizada por el Centro Cultural de la República El Cabildo y la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP).

El encuentro del conversatorio titulado Narciso: literatura y cine, dio la oportunidad de realizar un cruce entre disciplinas, a partir de la novela homónima y su versión cinematográfica, abriendo reflexión en torno a los vínculos entre la literatura, el lenguaje audiovisual y la construcción de memoria histórica en el Paraguay contemporáneo.

Con palabras de apertura del director general del Centro Cultural de la República El Cabildo, Aníbal Saucedo Rodas, y del presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay, Marcos Ybáñez, se destacó el valor del diálogo entre las artes y la importancia de la obra en la reconstrucción de la memoria histórica. La moderación estuvo a cargo de Maricruz Méndez Vall, asesora de la Casa de la Literatura.

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Durante un encuentro, el escritor y el cineasta compartieron detalles sobre el origen y la urgencia de contar la historia inspirada en el asesinato.

Guido Rodríguez Alcalá inició la charla con gratitud hacia el director por el renovado interés en su obra: “Agradecido soy yo a los que están conmigo aquí, al público... pero aquí está a mi derecha sobre todo Marcelo Martinessi, porque me dio una tremenda publicidad al libro que había pasado casi desapercibido en 2016, fecha de su lanzamiento”.

El autor confirmó que el impacto cinematográfico se tradujo en las librerías: “Ahora aumentaron las ventas considerablemente. Me consta que en Intercontinental, en Servilibro y en El Lector, y supongo que en otras también”.

De la historia general a la represión de “los 108"

El autor, conocido por sus relatos de carácter histórico y político sobre figuras como Caballero o la Independencia, explicó por qué decidió abordar la dictadura desde este ángulo específico:

“Quise hacer algo sobre la dictadura, pero es un tema demasiado amplio. Quise hacer lo que hizo Manuel Vázquez Montalbán al publicar la Autobiografía del general Franco..., pero realmente es mucho el tema. Entonces, decidí tomar un aspecto: la represión de los llamados 108 (personas de dudosa conducta o amorales)”.

Asimismo, Rodríguez Alcalá detalló que la trama se centra en los eventos tras el asesinato de Bernardo Aranda en septiembre de 1959: “Es la investigación con un ir y volver en el tiempo, a lo que vino antes y lo que vino después. Eso es lo que me propuse hacer”.

Sobre la adaptación, Guido se mostró satisfecho: “Por suerte, Marcelo captó lo esencial de lo que yo quise hacer: mostrar la degradación de la vida cotidiana en tiempos de la tiranía. Lo hizo con un lenguaje visual. Obviamente es una traducción del libro y estoy muy contento con eso. Tenemos que recuperar la memoria histórica”.

El origen de Narciso y el azar de la tapa

Ante la consulta sobre cómo nació la idea en 2016, el autor reveló que el proceso comenzó mucho antes, en 2008, tras una charla en Madrid con María Gloria Giménez: “Ella tenía 14 años en 1959 y estaba enamoradísima del locutor Bernardo Aranda (Narciso). De alguna manera vivió todo eso y me ayudó a comenzar a entrevistar gente de ese momento”. Se refería a la mujer que inspiró luego el personaje Lolita en el libro, y que no aparece como tal en la película.

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La tapa del libro

Respecto al título y la icónica tapa con la obra de Caravaggio en el libro, explicó: “Es una obra de arte polisémica, tiene muchos significados. Es el caso de un pobre muchacho demasiado enamorado de sí mismo, pero que también era una víctima de su entorno. Al poner ‘Narciso’, creo que acerté porque es un personaje de la mitología universal y Caravaggio es un maestro del claroscuro. Gracias a Caravaggio, por supuesto”.

La visión de Marcelo Martinesi

El director de Las herederas explicó que llegó al libro por sugerencia de Gaby Zuccolillo, prima del autor. “Soy muy fan de El peluquero francés. En Narciso encontré similitudes en la capacidad gigante de Guido de entender... cuando me preguntaban si iba a adaptar la trama, yo decía: ‘Lo que pasa es que más que una trama, Guido está contando una época’”.

Para Martinessi, lo más potente fue el tejido de líneas narrativas que Guido construyó: la huelga estudiantil, el cierre del Congreso y la Plaza Italia. “Yo no diría que solamente ‘Narciso’ es una novela, es también un ensayo; una manera de dialogar con el Paraguay de época”, afirmó.

El cineasta destacó la libertad creativa del autor como un antídoto contra el cine de fórmulas: “Me pasa que me aburro mucho de películas contemporáneas porque descubro muy fácilmente lo que hay atrás. Con el libro de Guido me perdía un poco y me gustó eso. Me parecía un desafío interesante hacer que esa desorientación que sentí al leerlo, y esa sensación final de decir ‘acá se está cayendo todo’, llegara al cine”.

Finalmente, Martinessi agradeció la apertura de Rodríguez Alcalá durante el proceso creativo: “Guido tuvo la generosidad de darnos total libertad. Hicimos paseos por el centro con Carlo Spatuzza y con Guido para entender la Asunción que él veía, la relación con los espacios... todo eso fue nutriendo la cabeza y me fui dando cuenta de que el proyecto era posible”.

La película

La película Narciso –coproducción internacional entre siete países recrea el Paraguay de 1959 bajo el contexto de la dictadura de Alfredo Stroessner– aborda el caso del locutor Bernardo Aranda y el clima sociopolítico de la época, atravesado por la irrupción del rock and roll, la censura y la construcción del control moral. La obra obtuvo recientemente el Premio Fipresci en la Berlinale 2026, consolidando la proyección internacional del cine paraguayo.

El conversatorio permitió al público acceder a un intercambio directo entre autor y director, en torno a los procesos de creación, adaptación y lectura de una obra que articula historia, política y sensibilidad artística.

Contexto histórico

En un momento del cálido encuentro, el cineasta Marcelo Martinessi explicó cómo se enfrentó a un desafío narrativo mayor al de cualquier contexto histórico convencional.

Otro comentario sobre la película: Narciso recrea una Asunción oscura y resquebrajada

“Cuando uno hace una película sobre la Segunda Guerra Mundial, todos tenemos en nuestra cabeza una historia vinculada a hechos históricos que no necesita mucha explicación; sin embargo, la cantidad de contexto que necesitaba este libro era gigante”, explicó.

Para el director, trasladar al cine elementos como la huelga estudiantil, la disolución del Congreso y las manifestaciones de la época –presentes en el libro de Rodríguez– requería una filosofía clara: “Hay que ser infiel a la letra, pero fiel al espíritu”.

Esa fidelidad al espíritu se topó con la realidad de una Asunción actual visualmente “dañada”, donde retratar el casco histórico de los años 50 suponía una inversión de recursos inalcanzable.

Ante la imposibilidad presupuestaria de mudar la producción a Villarrica –que conserva un patrimonio mejor cuidado–, Martinesi optó por una solución artesanal y simbólica: “Decidimos que la mayor parte de la película tenía que transcurrir en un interior, y encontramos la oportunidad de hablar del mundo de la radio como un territorio de disputa”.

En este espacio cerrado se libra la verdadera batalla cultural de la obra: la confrontación entre los valores tradicionales, nacionalistas y folclóricos frente a la irrupción del rock and roll.

Para Martinessi, la radio es el escenario donde se manifiesta esa tensión social y ese “miedo hacia todo lo nuevo que podía amenazar el orden”, reflejado en instituciones mencionadas en el libro como el diario Patria o el Club Centenario.

Finalmente, el director tomó una decisión clave sobre la figura central de su segundo largometraje: “En el libro no hay un Narciso de carne y hueso, es casi un Narciso mítico, algo que no se ve mucho en el cine”.

En lugar de un seguimiento lineal del personaje, Martinessi eligió construirlo a través de una mirada coral, focalizándose especialmente en el dueño de la emisora.

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Staff de Narciso.Parte del equipo de la película en un descanso.

Este personaje personifica la riqueza del conflicto interno: el guardián de los valores tradicionales que, repentinamente, siente una “atracción hacia Narciso y una atracción hacia el futuro”, convirtiéndose en el centro de un relato que dialoga con las contradicciones de la sociedad paraguaya.

Análisis de Guido Rodríguez

Para Guido Rodríguez Alcalá, la atmósfera de la época en la película se manifiesta con una coherencia estética absoluta.

“Se ve reflejada en el color, que es del género noir –negro en francés–. Todo es oscuro, todo es triste, todo es melancólico, deliberadamente”, explicó el autor.

Según su visión, este tono visual corre en paralelo al argumento, trazando una analogía con la radionovela de Drácula que se escucha en el filme: “Está el Drácula, que es el monstruo que cada vez amenaza a más y más gente, y que es un poco el régimen, el sistema”.

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El escritor contextualizó la urgencia del régimen por encontrar un “chivo expiatorio” tras las crisis sociales de finales de los 50. Luego de la huelga general de 1958 y la persistencia de las protestas de estudiantes y obreros en el 59, el sistema necesitaba una distracción.

“Se necesitaba buscar un escape, el cual fue el tema de los homosexuales, a quienes se les culpó de toda la degeneración”, señaló.

Bajo esta lógica autoritaria, se instaló el discurso de que el país estaba en calma hasta la llegada del rock and roll: “Se juntó la degeneración foránea —decía el diario Patria—, ideas foráneas y ajenas a nuestro espíritu nacional. Todos los ‘antiparaguayos’ estaban ahí”.

Finalmente, Rodríguez Alcalá calificó el proceso judicial de la época como una puesta en escena que solo terminó cuando surgieron amenazas mayores para la dictadura. “Fue una farsa que se hizo el juicio de todos, hasta que a fines de 1959 vienen los movimientos guerrilleros”, recordó.

En ese momento, la persecución cambió de objetivo: “Se termina la historia de las ‘108 personas de dudosa conducta moral’, así se los llamaba, y se ocupan de los guerrilleros”.

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