Andrés Alarcón
DESDE BERLÍN, ALEMANIA
Con un aplauso cerrado, el público de la Berlinale dio la bienvenida a Narciso, que vio este martes por primera vez la luz pública en el histórico cine Zoo Palast de la capital alemana, en el marco de la 76ª edición del Festival de Cine de Berlín, de la mano de su padre, el director Marcelo Martinessi, y gran parte de su elenco, que acudió a disfrutar del momento y recibir los elogios del público.
Narciso se reveló no solo como una película histórica de “la isla rodeada de tierra” que es Paraguay, sino como un filme que narra su visión sobre la construcción de la cultura paraguaya, basado en hechos verídicos y documentados, con un lenguaje lleno de simbolismos e insinuaciones, fiel al estilo con el que Martinessi ya nos deleitó en Las Herederas.
La película arranca en las sombras de los estudios de la Radio de la Capital, entre cuyas angostas paredes transcurre gran parte del relato. Allí revive al famoso radialista, encarnado por Diro Romero, como un joven apuesto, deseado tanto por mujeres como por hombres y fiel a su naturaleza transgresora frente a una sociedad ultraconservadora.
A los pocos minutos se narra la tragedia que acabó con su vida, para luego continuar con saltos atemporales que mantienen atrapada la atención del espectador.
El personaje, interpretado por Manuel Cuenca, Lulú, juega un papel fundamental en la historia. Como director de la radio, mantiene dentro de sí una contradicción entre su deseo humano y su rol como representante de una estructura verticalista. Busca en las calles a Narciso mientras su matrimonio sostiene su posición social.
Frente a esto, el personaje que interpreta la actriz Margarita Irún encarna a una mujer que tiene su lucha bien clara: Mantener el orden establecido y luchar por la protección de “nuestros hijos y la familia”, un eslogan de finales de los años 50 que hoy vuelve a erigirse como estandarte de lucha en el siglo XXI.
EL RUBIO. En medio de todo esto, la figura del Rubio (Alfredo Stroessner) está presente en todo momento sin aparecer nunca, como ocurre en la radionovela de Drácula, que se va narrando poco a poco entrelazada con el desarrollo de la película, en la que también veremos a Arturo Fleitas y Belén Vierci.
Cada personaje desempeña un rol representativo dentro de la sociedad asuncena, como también lo hace el interpretado por Aníbal Ortiz: un hombre bajo el yugo de su patrón, Lulú.
La luz, o la falta de ella, el agua y las paredes agrietadas de las casas de la Asunción de 1959, que se muestran durante casi toda la película bajo la penumbra de la noche, también nos hablan de aquello que no se dice con palabras.
Narciso parece estrechamente ligada a su predecesora, Las Herederas, ya que también tematiza a la sociedad conservadora. Donde Las Herederas nos muestra una red invisible que oprime a sus víctimas en la vida íntima del presente, Narciso explica cómo esa red se implantó a finales de los años 50 en el cerebro de los asuncenos.
Narciso no es solamente una película de temática queer, sino que analiza la sociedad a la que representa e invita al debate; por lo tanto, es un digno hijo de la Berlinale.
La película compite en la sección Panorama por el Premio del Público y también aspira al Teddy Bear Award, que se entregará este viernes por la noche y que galardona a filmes de temática queer.
Reacciones. “Estamos repitiendo la historia, igual que en la película. Pasó mucho tiempo, pero de alguna manera refleja la actualidad, aunque hayan pasado muchos años”, opinó Jorge Monges tras ver el film.
“Me encantó especialmente la ambientación, cómo la gente buscaba brillar en la oscuridad de esa sociedad; eso me gustó mucho”, señaló por su parte Rodrigo Franco.
“Me encantaron los detalles. Lo que más me gusta de este tipo de cine nacional es que uno puede aprender su historia”, aportó Analía Vega.
Entre los presentes estuvo el senador liberal Eduardo Nakayama, quien se encuentra en Berlín participando de un foro mundial. Sobre la película, afirmó que “retrata de manera exacta y sin fisuras el contexto de la dictadura stronista, lo que eran los programas radiales, las presentaciones, cómo se entretenía a la gente, la introducción del movimiento cultural de entonces y cómo era resistida por la sociedad paraguaya toda demostración de lo extranjero para exaltar lo propio”.
Continuidad. Martinessi retoma la crítica al con- servadurismo que inició con Las Herederas.