09 abr. 2026

El colapso del modelo

En varios de mis ensayos desde el 2022, algunos convertidos en artículos, desde antes de asumir el actual Gobierno, he venido advirtiendo de quince bombas reloj y diez claves indispensables para el éxito de la gestión de S. Peña, que hoy están todas confirmadas. Las primeras quince le explotaron en la cara y el incumplimiento de las segundas diez están revelando el colapso del modelo económico y el resultado lógico del sistema político, como N veces lo vengo repitiendo. Las bombas explosivas son las siguientes: primitivismo productivo, capitalismo de secuaces, evasión, malgasto público, Caja Fiscal deficitaria, seguridad social, déficit fiscal, deuda pública, agua + saneamiento, cambio climático, energía, educación, salud, déficit habitacional y desigualdad. Las claves desoídas son las siguientes: desalentar la bicefalia en el ejercicio del poder; evitar el rol de solucionador de los problemas del ex presidente, nacionales e internacionales; evitar un modelo de hegemonía política autoritaria; fortalecer su reputación; combatir el crimen organizado; cortar la propia carne y arriesgar la propia piel, en especial en la calidad del gasto; evitar el manto de impunidad para aliados políticos y para sí mismo: vean los casos de aquellos a quienes defendía a capa y espada, González Daher, Rivas, Erico… ni hablar del escándalo de la Sra. Candado, las acciones vendidas a toda bala relacionadas con el holding conexo al banco del poder, y la casa en San Ber, entre otros etcéteras; impedir el copamiento del Estado por gente de su movimiento HC; mantener la estabilidad fiscal, hoy en economía de guerra; garantizar la seguridad jurídica y combatir la economía informal.

Al inicio de la segunda parte del presente mandato, el colapso del modelo es muy evidente, y no es algo coyuntural. Este desnuda estructuralmente las raíces históricas del poder en el país, que se traduce, al mismo tiempo, en un modelo de propiedad y de gestión de los medios de producción marcadamente ineficiente.

La dialéctica de intereses en conflicto se profundiza con una serie de elementos que entran en contradicción. Permítanme un marco teórico referencial: la teoría de la elección pública, de James Buchanan, premio Nobel de economía 1986. El economista afirma que en todo mercado existen por lo menos tres jugadores: el productor, el comprador y el político. El primero busca maximizar beneficios queriendo cobrar el precio más elevado posible; el segundo hace lo mismo, pero, buscando pagar lo menos que puede. El tercero está ahí “cora ari” (observando desde encima del corral), como ahora la DNIT, queriendo sacar alguna tajada de los dos anteriores. Los dos primeros regulan sus apetencias por el mecanismo de precios; ahora bien, quién le frena al que tiene el poder. Este autor dice que el poder siempre busca rentabilizar las victorias electorales por medio de un modelo político de intercambio competitivo, por lo general con fallas de mercado. Tal como dice Milton Friedman –en el sentido de que tanto en el sistema político como en el sistema económico hay mercados, donde seres egoístas buscan maximizar beneficios individualistas sin importar el bien común–, Buchanan afirma que los agentes políticos actúan racionalmente buscando maximizar también sus propios intereses sin romance político alguno; es decir, sin considerar en absoluto los intereses colectivos. El argumento es que la intervención gubernamental manipuladora genera fallas de mercado (sinónimo de corrupción), lo que desemboca en el comportamiento derrochador de los políticos en ausencia de mecanismos democráticos que limiten el poder de la casta y puedan alinear los intereses de los que gobiernan con el interés general. ¿No les suena familiar? Empresarios, compradores, vendedores y políticos, todos actúan, cuando eligen, pensando solo en sus respectivos bolsillos, ni más ni menos. Y votan, en consecuencia, pensando en aquellos que pueden satisfacer sus apetencias personales y sus intereses exclusivamente individuales. Luego están los burócratas del Estado, los técnicos –dicen algunos–, que administran desde el Gobierno, quienes solo se esfuerzan en avanzar en sus carreras obteniendo también parte de la torta, no mucha, haciendo que los intereses de los políticos y los empresarios que los apoyan sean satisfechos dentro de algún determinado equilibrio. Por lo general, era gente comedida que trabajaba para los políticos de turno mostrando a estos el camino de las piedras y del enriquecimiento. Hoy en Paraguay se han deschavetado y se están quedando, porque los políticos les cedieron el poder y la lapicera, con la mayor parte de la torta. Aquí, analizando el proceso de la elección pública, Buchanan llega a dos conclusiones fundamentales.

En primer lugar, el individuo es una unidad de análisis esencial del proceso de la elección pública, porque a partir de sus intereses egoístas se rechaza la construcción de unidades orgánicas de toma de decisiones, como el pueblo, la comunidad, los gremios, la Cavialpa, como si fuera que todos juntos estos grupos quieren el bien común. Nada que ver. Cada uno para sí y Dios para todos, o para nadie. El problema radica en cómo modelar las formas en que las preferencias diversas y generalmente contradictorias de los individuos que buscan solo su propio interés puedan expresarse cuando las decisiones se toman colectivamente.

En segundo lugar, hay divergencias entre los procesos de elección pública y privada, en especial, porque hay marcadas diferencias en los incentivos y las limitaciones que canalizan la búsqueda del interés propio en ambos contextos. Siempre hay problemas que parecen irresolubles en la perspectiva democrática. Es lo que afirma Kenneth Arrow con su teorema de la imposibilidad, quien demuestra que no existe ningún mecanismo, excepto la dictadura –dice Arrow–, que asegura tomar decisiones que traduzcan las preferencias diversas de todos los individuos en una función del bien común que sea consistente.

Existe en el presente una gran contradicción entre los empresarios con y sin negocios con el Estado, con la casta política tradicional, por lo general corrupta, que siempre se ha enriquecido desde el Gobierno, y los técnicos que hoy son una especie de Chicago Boys quienes, por la mala reputación de los segundos, fueron llamados por estos a ser los candidatos y ganar las elecciones para gobernar, originalmente, por cuenta y orden de los dos, empresarios y políticos, corruptos o no.

En la opinión del politólogo paraguayo Hugo Duarte, esta contradicción se manifiesta en los dolores de parto de un nuevo Estado corporativo que elimina al Estado nacionalista (tradicional de la ANR desde 1948, que lo heredó de los militares de 1936 suplantando al Estado liberal instaurado en 1904), cuya prioridad ya no es la distribución de beneficios para la gente y para los políticos de turno. Los padres y parteros de este nuevo modelo buscan la eficiencia administrativa solo monetaria, cambiaria y fiscal, de un Estado mínimo, para que algunas pocas y grandes empresas, con puertas giratorias, obtengan lucro con bajos impuestos, incluso, apelando para eso a una economía de guerra que bajo la excusa del tope fiscal deja al Estado sin inversiones endógenas para mejorar la calidad de vida de la gente, y deja sin recursos incluso a los mismos políticos, quienes se proveían desde el presupuesto nacional.

¿Qué negocio es ese que hace que se beneficien por medio de la puerta giratoria preferentemente los nuevos técnicos en modo Chicago Boys, quienes se suponía que eran apenas procuradores de empresarios y políticos secuaces, a costa de los empresarios proveedores del Estado a quienes no les pagan las cuentas atrasadas y a costa de los empresarios que no proveen al Estado y la pelean día a día, a quienes les exigen impuestos incluso sobre reservas que forzosamente deben ser distribuidas sin ofrecer calidad y racionalización del gasto en forma real, y a costa también de los políticos tradicionales que les habían delegado el poder, pero que ¿ahora son desplazados en la repartija de la torta? Es decir, los técnicos que siempre fueron comedidos y moderados ahora son los nuevos todopoderosos que están obteniendo beneficios tanto en el sistema político como económico. Qué tal.

Estamos asistiendo en el Paraguay al fin del relato de la teoría del efecto derrame, trickle down, no solo para los menos favorecidos, como pura fantasía que siempre lo fue, sino que ahora también para los empresarios con y sin negocios con el Estado, y para los políticos con sensibilidad social, como para aquellos que siempre mamaron de las tetas del Estado. En el primer caso, porque el mercado por sí solo no tiene un efecto derrame generoso; en el segundo caso, porque los empresarios con negocios con el Estado están sufriendo la contradicción del modelo low cost con creciente endeudamiento que ya no deja espacio fiscal para nuevas inversiones y para pagar las facturas atrasadas, y porque para subsanar este problema para con los empresarios sin negocios con el Estado y para todos en general se está queriendo apelar a impuestos sobre dividendos forzosos realizados desde las reservas y, algo peor: preparando el camino para que con la pésima gestión financiera del Gobierno actual se tenga preparada, con un escenario catastrófico futuro, una suba de impuestos en el próximo Gobierno. La plata dulce se está redirigiendo. Es posible que surja una “rebelión del Hambre Cero”, que todavía no comenzó, y que posiblemente vendrá con mayor fuerza de la mano de los desheredados, primeramente, legisladores (como Latorre y Meza, quienes ya expresaron su descontento) y luego de los gobernadores, intendentes y operadores políticos dentro de los ministerios que todavía nomás no sienten lo que es y será el ajuste de cinturones con los planes de caja, menos diez por ciento a los del año anterior, que deben ejecutar en el presente año. Y, con la desaparición de los royalties hidroenergéticos que se avecina en el porvenir. Tormenta perfecta. En un mundo incierto donde la crisis de la guerra encarecerá la energía y los fertilizantes, ojo con esto, esenciales para la producción agropecuaria 2027.

Hay un nuevo escenario de ganadores y perdedores en la economía y en la política del Paraguay. Una nueva reconfiguración de fuerzas y un nuevo tipo de Estado que no le sirve ni a los ciudadanos con necesidades, ni a los políticos tradicionales ni a los empresarios con y sin negocios con el Estado. Posiblemente con un grupo económico hegemónico que comienza a mermar para que otro crezca, relacionado con los técnicos que gerencian el Estado, monopolizando narrativas, medios de comunicación, negocios financieros con fondeos privilegiados y prebendas políticas para todos los grupos, incluyendo a opositores, para asegurar la continuidad de sus negocios. Un cambio gatopardiano. La gente quiere salud, alimentos accesibles, energía sin cortes, educación de calidad, transporte público, etc. Y el nuevo Estado corporativo con el nuevo grupo hegemónico en el poder, solo le puede ofrecer economía de guerra, con descuentos en tarjetas en modo cashback, auspicios a estadios deportivos, a clubes de fútbol y a la Selección Nacional mundialista, patrocinios a recitales de cantantes populares y candidaturas de gente que sabe organizar eventos para momentos efímeros de falsa felicidad. Y bueno, es lo que hay. Solo la sangre del Señor Jesús nos puede redimir de tantos pecados juntos en esta Semana Santa. Saludos cordiales.

  • Existe en el presente una gran contradicción entre los empresarios con y sin negocios con el Estado, con la casta política tradicional.
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