21 abr. 2024

Educación y futuro

Los días finales del año y los primeros del siguiente levantan en nuestra conciencia la reflexión sobre lo pasado y sobre el futuro. El futuro se hace presente y nos mueve, (oscilando entre la esperanza y el temor, el optimismo y el pesimismo) a proponernos propósitos, a repensar objetivos, planes, programas y estrategias.

En este contexto, las madres y padres de familia, los educadores profesionales y los responsables del gobierno y administración de la educación, dada la extraordinaria trascendencia de la educación, tienen la responsabilidad de revisar cómo están educando, para poder educar con máxima calidad.

La educación, tanto la familiar, como la formal, está comprometida esencialmente con el futuro, porque la misión de los educadores es ayudar a hijos y educandos a desarrollar sus potencialidades, para que en su futuro sean personas con personalidad madura, ciudadanos libres, responsables, competentes constructores de la sociedad y el bien común.

No hay futuro de calidad sin educación de calidad. Es obvio. Sin educación de calidad crece la dependencia, la pobreza, el desempleo, el hambre, el sufrimiento, la violencia, la delincuencia, la inseguridad de todos, desaparece la paz y poco a poco se destruye la nación. Si alguien duda de estos efectos trágicos, que produce la mala educación, que observe el deterioro social y del Estado de derecho que padece progresivamente nuestro país.

La actual situación de la inequidad y de la amplitud de la brecha social tienen diversas causas, entre ellas destaca el pésimo estado de nuestra educación nacional, de lo cual, de una u otra manera, todos somos responsables.

Educar para el futuro (el que van a vivir hijos y educandos) requiere prever ese futuro y capacitar para sus previsibles escenarios. En gran medida esa previsión es posible, porque el futuro se nos ha adelantado. La “Edad moderna”, la “posmodernidad” y la “Era posindustrial” están siendo suplantadas por la “Galaxia Virtual”, uno de sus exponentes más significativos es el “metaverso”, que ya está en gestación. Seguir educando como si no estuviéramos ya en la era virtual es un error de graves consecuencias para los niños, adolescentes y jóvenes. En realidad, eso no es educar, porque no los prepara para el futuro, ni siquiera para el presente real y activo.

Educar para y en la era virtual no es solamente enseñar a manejar celulares y computadoras; eso mismo trae consigo grandes cambios culturales, nuevos desafíos morales, un replanteamiento de las relaciones humanas interpersonales y sociales, multiplica las posibilidades de acceso a informaciones y conocimientos, facilita y agiliza la comunicación personal, etc., lo cual demanda nuevas competencias psicológicas, sociales y espirituales, si queremos que hijos y educandos de hoy, en su futuro no sean manipulados y dominados, sino actores protagonistas en un mundo dirigido por los dueños de los centros promotores de la cultura, los Estados y las sociedades virtuales.

No cabe duda, educar para el futuro, que ya tiene sus pies en el presente, es mucho más complejo y exigente, que la educación que estamos ofreciendo actualmente, Y de todos los desafíos que nos hace el futuro, hay uno extremadamente urgente: Desarrollar la capacidad de pensar con diversas formas de pensamiento: Desde el pensamiento lógico, crítico y creativo, hasta el complejo, lateral, sistémico y científico.

La capacidad de pensar hizo posible pasar de prehomínidos a humanos y que la humanidad haya progresado; la educación para el desafiante futuro empieza desarrollando la capacidad de pensar.

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