El Día del Niño paraguayo fue instituido para honrar la memoria de los Niños Mártires de Acosta Ñu, que combatieron con valor en la Guerra contra la Triple Alianza. Sin dejar de reflexionar sobre aquel holocausto infantil, debemos enfatizar hoy la urgencia por dar a los niños y las niñas paraguayos educación y salud de calidad, un ambiente de vida seguro y respeto a su dignidad.
La fecha del Día del Niño paraguayo fue elegida para recordar una batalla durante la Guerra contra la Triple Alianza, ocurrida un 16 de agosto de 1869. Hace 157 años, un grupo de adolescentes y niños combatieron junto al Ejército contra las fuerzas aliadas y fueron masacrados.
Es fundamental recordar el valor de aquellos niños, pero sin dejar de mirar el presente y reflexionar sobre el hecho de que en estos tiempos la niñez paraguaya sigue en guerra contra la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades, abusos y la ausencia de un Estado que no la protege ni asegura la vigencia de sus derechos. Según datos del Boletín Estadístico, Día de las niñas y los niños en Paraguay. Coordinadora por los Derechos de la Infancia y la Adolescencia (CDIA), el 29,5% de la población paraguaya tiene entre 0 y 17 años (1.908.889 personas), y el 45,1% de la población indígena en Paraguay es niña, niño o adolescente (61.987 personas).
Un 24,5% de niñas, niños y adolescentes viven por debajo de la línea de pobreza, y el 7,64% de las niñas y los niños que viven en zonas rurales se encuentran en situación de pobreza extrema.
Estimaciones del Instituto Nacional de Alimentación y Nutrición (INAN), 1 de cada 3 niñas y niños menores de 5 años presenta una nutrición inadecuada.
Por otra parte, el Ministerio Público atendió en 2025 al menos 22.237 casos de hechos punibles contra niños, y el más frecuente es el incumplimiento del deber legal alimentario, seguido de violencia familiar, y en tercer lugar el abuso sexual a niños.
Los niños paraguayos padecen todos y cada uno de los problemas sociales y económicos que aquejan al país. Las carencias en los hospitales públicos y en IPS también les afectan cuando la lista de espera para una cirugía pediátrica programada en el Hospital Central demora entre dos y cinco meses y se reporta que la capacidad de respuesta se ve limitada por la falta de recursos humanos, pues hay una sentida escasez de médicos en formación en el área pediátrica.
A niños y niñas también les hacen gran daño la ignorancia y las creencias particulares que, por ejemplo, hacen que sus padres o tutores rechacen las vacunas, suponiendo esta situación un grave peligro para la salud y la vida de los niños y, lamentablemente, estos casos son bastante frecuentes. Como es el caso del sarampión, que ya no circula en el país, pero recientemente apareció un brote que pudo ser controlado. Se debe tener presente que con niños desnutridos o enfermos o con niños sin escolarización y que no acceden a los conocimientos, el país se queda sin futuro.
En otro ámbito, uno muy preocupante, solo en el mes de junio fueron reportados un total de 1.264 hechos de vulneración de derechos de niñas, niños y adolescentes, reportados a la Línea 147 Fono Ayuda del Ministerio de la Niñez y la Adolescencia (Minna). Las principales situaciones denunciadas son violación del deber de cuidado y maltrato, casos de riesgo social, niñas, niños y adolescentes en situación de calle. Hubo 98 alertas por presunto abuso sexual y 4 reportes de explotación sexual. Según el informe del Minna, la franja más afectada corresponde a la primera infancia, de 0 a 8 años, que concentra el 51% de los casos.
El Estado paraguayo debe garantizar a los niños la vigencia plena de su derecho a la educación; recordemos los grandes déficits que tiene la educación pública, con escolares que dan clases bajo los árboles, en escuelas sin sanitarios, sin acceso al agua potable o energía eléctrica, sin bibliotecas ni laboratorios.
Asimismo, el Estado los abandona a ellos y sus familias cuando permite que sean utilizados por el narcotráfico y el crimen organizado. Esto sucede porque el país solo ofrece pobreza, miseria y exclusión; los niños y jóvenes atrapados en el consumo de drogas y en el narcotráfico son el rostro de un Estado que les falló a las familias, a los niños y a la juventud.
Paraguay les debe a sus niños una vida digna, para ello debería desarrollar políticas públicas que hagan posibles mejores oportunidades laborales, condiciones dignas y seguras, y acceso a una vida plena con acceso a la cultura y al deporte.