18 may. 2026

Educación: Derecho de los niños y necesidad para el desarrollo

Paraguay, a pesar de haber alcanzado la categoría de país de ingreso medio-alto, presenta un nivel de desarrollo rezagado, con bajos niveles de productividad y con los motores de crecimiento históricos con signos de agotamiento. A esto se suma una creciente vulnerabilidad al cambio climático y a los vaivenes de la demanda internacional, debido a una estructura productiva poco diversificada. En este contexto, la educación infantil, además de ser un derecho, constituye un determinante del crecimiento económico y del desarrollo.
Paraguay atraviesa una transición demográfica avanzada: la tasa de fecundidad ha caído significativamente, reduciendo el peso de la población dependiente. Esta ventana de oportunidad demográfica —donde la proporción de personas en edad de trabajar es máxima— se está cerrando. Si no se aprovecha para formar capacidades productivas de alta calidad, Paraguay no tendrá oportunidades para el desarrollo presente ni futuro.

La educación de niños y niñas es una de las respuestas más eficaces para aumentar la productividad, lograr un crecimiento más inclusivo y elevar nuestro nivel de desarrollo. En cualquier indicador de desarrollo, Paraguay se encuentra entre los países más bajos.

La investigación en neurodesarrollo muestra que el 90% del cerebro se desarrolla en los primeros cinco años de vida. Las experiencias tempranas determinan la arquitectura neuronal, las habilidades cognitivas, la regulación emocional y la capacidad de aprendizaje futuro. Entre los 6 y 17 años, culminar la educación es un medio imprescindible para salir de la pobreza y continuar fortaleciendo el capital humano. La inversión en educación no es un gasto, es una inversión, con retornos económicos estimados entre USD 7 y USD 13 por cada dólar invertido, por lo que debe considerarse un bien público.

En Paraguay, la desigualdad de oportunidades comienza temprano. Los niños de hogares de bajos ingresos rurales o de zonas periurbanas marginadas llegan a la escuela primaria con déficits de vocabulario, lectura y motricidad, lo que termina manifestándose en los bajos logros educativos medidos por las evaluaciones PISA. La educación infantil universal y de calidad es una de las políticas más importantes para remover los obstáculos que impiden el desarrollo presente y futuro de la infancia.

Paraguay es vulnerable al cambio climático. Sequías, inundaciones y variaciones térmicas afectan la agricultura. Esta dependencia externa hace que cualquier caída de precios internacionales o evento climático extremo golpee la economía entera. Para salir de esta trampa, Paraguay necesita diversificar su matriz productiva hacia sectores menos sensibles al clima y con mayor valor agregado, como la agroindustria tecnificada, las energías renovables, el ecoturismo o servicios digitales. Sin mayores capacidades educativas será imposible esta transición.

La educación es el cimiento de esa transformación. Un niño que desarrolla habilidades de pensamiento crítico, resolución de problemas y adaptación al cambio desde sus primeros años será un adulto capaz de innovar en técnicas agrícolas sostenibles, desarrollar emprendimientos verdes o gestionar riesgos climáticos. Además, la educación puede incorporar desde temprano nociones de cuidado ambiental, manejo de recursos y reducción de vulnerabilidades, creando una cultura de resiliencia que la educación formal posterior reforzará.

Los países que lograron saltar la trampa del ingreso medio como los tigres asiáticos invirtieron en educación infantil y desarrollo de la primera infancia. Aquí cerca, Uruguay es el mejor ejemplo.

Paraguay tiene importantes avances normativos que ubican a la educación como derecho; sin embargo, la inversión pública en infancia es aún marginal en comparación con los países que han logrado avanzar en el desarrollo. Su transición demográfica se agota y las bajas capacidades educativas ponen un freno estructural al aumento de la productividad, al crecimiento inclusivo y al desarrollo.

En este escenario, la educación infantil no es una política menor: es la base sobre la cual se construye productividad, igualdad y resiliencia. Invertir en los primeros años es la decisión más racional que puede tomar un país.

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