13 jun. 2026

Dos miradas sobre José Asunción Flores

El domingo 27 de agosto se celebra el Día Nacional de la Guarania en homenaje al nacimiento del creador de este género musical. Dos investigadores analizan su legado y la reciente publicación de sus memorias luego de permanecer inéditas durante medio siglo.

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Un legado sin precedentes

Jorge Rubiani

Arquitecto e historiador

Tengo la misión de referirme al contenido del libro Memorias - José Asunción Flores, cuyo lanzamiento se realizara en la reciente Feria Internacional del Libro de Asunción. Nada de lo que pueda expresarse en la ocasión, podría suplir o agregar lo que han manifestado los gestores de la publicación, Alcibíades González Delvalle y Antonio Pecci. Como tampoco nada de lo que se diga en contrario, podría retacear los méritos acumulados por José Asunción Flores para el brillo de la cultura de nuestro país.

Pues el gran creador, músico y maestro, nos ha dejado un legado sin precedentes en ese ámbito. El que, sin embargo, todavía no ha sido suficientemente honrado ni por las autoridades nacionales ni por la quisquillosa colectividad intelectual de nuestro medio. Aunque debe decirse en este sentido que otros artistas populares han compartido este desdén. Como Emiliano R. Fernández, Félix Fernández, Aparicio de los Ríos, Teodoro S. Mongelós, Carlos Miguel Giménez, Darío Gómez Serrato y tantos otros que –al igual que Flores– no tendrían seguramente “el linaje social” para que les fueran reconocido sus enormes contribuciones.

El fenómeno era de esperarse: Una sociedad que ha admitido sin rubor a corruptos y autoritarios en su seno, nunca tendría la decencia de auto depurarse ni aquilatar la importante labor de nuestros artistas como la de un reducido grupo de promotores culturales que mantuvieron viva la llama de nuestras tradiciones y gustos musicales en el imaginario colectivo de los paraguayos.

De manera que soterrada la labor de Flores durante la larga dictadura, y hasta perseguida la difusión de sus obras, estas estuvieron esperando por nosotros. Aguardando por la memoria redentora que los pueblos conservan -a pesar del oscurantismo que a veces posterga la justicia a que Flores emergiera finalmente, triunfal y resplandeciente, para ser reconocido debidamente como en este libro.

Esta publicación nos brinda, además, la posibilidad de conocer los pensamientos íntimos del creador. De sus tribulaciones, sueños y quebrantos. Así como admirar su saber artístico y calidad humana; celebrando que este gran hombre fuera nuestro compatriota.

Es un hecho que obliga a afirmarlo con vehemente firmeza: Flores nació en nuestra misma tierra. Con nosotros. Aquí cerca –pero lejos– de donde desarrollamos nuestras vidas. Se alimentó del mismo ambiente que alentó nuestros sueños libertarios y la enorme necesidad de justicia … Y ha vuelto.

Bienvenido, Maestro. De nuevo… que sea ya para siempre.

La guarania es Flores

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Pedro Gamarra Doldán

Escritor y docente

José Asunción Flores fue un fenómeno de vida y arte. Surgió de orígenes poco apropiados para un futuro músico, le llevó ello no obstante a conocer la vida popular y los misterios que contiene nuestro mundo interior geográfico.

Pero, por otro lado, ese joven de orígenes tan humildes sintió un despertar luminoso y fecundo hacia 1920. Sobrecogido e inundado por el amor por la música y la percepción de que nuestro mundo artístico podía enriquecerse con el universo folclórico, más allá de los compuestos de polcas, milongas y otras líneas cercanas a nuestras vivencias de entonces. Su padre, quien no le reconoció, fue un Volta; caracterizándose estos como personas inteligentes y de buen pasar económico. Su padrino de bautismo fue Manuel Gondra, hombre de gran cultura y sensibilidad hacia sus semejantes. Sorprende la suerte de poco apoyo por parte de las dos personas mencionadas hacia nuestro músico.

Hacia 1960, aprecié las composiciones del maestro Flores y me parecieron muy buenas, mas lastimosamente, no pude conocerlo. Ni a él ni a Epifanio Méndez Fleitas, pues se hallaban ultravigilados en la ciudad de Buenos Aires. A Elvio Romero y Carlos Pastore les envié cartas a través de compatriotas amigos, aunque sin atreverme a comunicarme con los dos primeramente mencionados. Sara Chaves de Talía era quien lo recordaba y me hablaba mucho del maestro Flores.

Mas a mí me quedó el sinsabor de no haberlos conocido en persona a estos dos compatriotas, entregados a lo suyo y poder cultivar respeto y amistad con ellos.

Si bien disfruto de la lectura de libros o del deleite de escuchar composiciones musicales, aprecio en grado superlativo el conocer al hacedor del magistral aporte. Hago el descargo de mi falta grande por no poder conocer personalmente a Flores.

Hace poco tiempo, sin embargo, se publicaron las Memorias de José Asunción Flores, contando con el apoyo del Fondec, la Secretaría Nacional de Cultura y el Ateneo Cultural José Asunción Flores. Los hacedores de esta valiosa edición son Alcibíades González Delvalle y Antonio V. Pecci, dos personas para quienes el arte y la ética se compenetran en perfecta simbiosis.

Conocí así gracias al citado libro, además de la vida de Flores, algunos escritos suyos, abordados con sinceridad, en cortas palabras, caracterizadas por un maravilloso fluir de recuerdos. Las fotos que ilustran el libro y las opiniones de terceros; notables escritores y pensadores enriquecen las memorias porque estos demuestran el conocimiento en distintos momentos o el influjo que Flores tuvo en ellos.

Recuerdo que cuando hacia 1973 se pidió que una calle de Asunción llevara su nombre, y un par de concejales municipales oficialistas se opusieron, por el hecho de que Flores había rechazado la Orden Nacional al Mérito por razones bien enmarcadas en ese tiempo. Para justicia, el mismo devenir fue dándole su lugar en la historia musical y hoy tenemos plazas y avenidas que merecidamente lo recuerdan.

Vayan pues a los hacedores de este magnífico libro colector de las memorias de José Asunción Flores el aporte permanente al mundo de poder ser leído por lectores mayores y jóvenes, pues permite conocer al artista, y entender mejor su arte genuino y único. La Guarania es Flores y viceversa, tal vez no sea el único en ese esfuerzo creativo, pero es quien le dio la proporción profunda y sensible de un arte antes inédito. Así lo corrobora su composición María de la Paz, poema sinfónico con letra de Elvio Romero.

A ese rico camino, le cabría parangonar con una ópera, a fin de ilustrar el elevado valor que nuestra música nacional posee desde 1860 a 1880, con la impronta de ese tiempo enmarcada con ribetes de sangre de la Guerra Grande (1864-70).

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