Texto: Silvana Molina │Fotos: Javier Valdez.
De tan livianas, las pisadas del hombre que acaba de entrar casi no se sienten. Es más, si no fuera por su chaqueta blanca, su presencia podría pasar inadvertida. Pero no es así. Ese rostro enmarcado en una prolija barba hoy resulta, para muchos, familiar. David Mussi Bécker es el nutriólogo que en el último año ha conquistado —con su trabajo— a decenas de participantes y seguidores del programa televisivo Cuestión de peso, donde combatir la obesidad es la consigna.
Cuesta creer que este joven veintiochoañero de bíceps marcados y abdomen plano haya sufrido alguna vez los sinsabores del sobrepeso. Sin embargo, esa es la verdad, y él no intenta ocultarla. Al contrario, ha sabido convertirla en su mejor herramienta profesional.
—Se lo ve emocionado cuando algún participante del programa consigue llegar a la meta. ¿Eso es por su historia personal?
—Sí, tiene mucho que ver. Yo siempre fui una persona muy sensible, pero ver que los chicos alcancen sus objetivos me emociona particularmente.
Primero, desde el punto de vista profesional, porque me llena de orgullo confirmar que estoy con un equipo de trabajo que ofrece resultados. Y en segundo lugar, desde el punto de vista personal, porque me veo reflejado en ellos. Ver que van alcanzando metas y objetivos me remonta a todo el esfuerzo que yo, en su momento, también tuve que hacer. Sé del esfuerzo que esto implica y lo que ellos están sintiendo. Eso me emociona mucho.
—¿Tuvo problemas de sobrepeso?
—Sí, yo fui obeso de niño, en la adolescencia y en la juventud. Siempre fui el más gordito en todas partes. Aunque siempre hice deportes, nunca controlé la boca. La situación se agravó cuando estaba en la universidad, en el último año. Yo estaba haciendo el internado rotatorio, iba de hospital en hospital y empecé a subir más y más, hasta que llegué a los 110 kilos. Ahí dije que tenía que hacer algo.
—¿Eso fue lo que lo motivó a dedicarse a esta especialidad?
—Creo que la especialidad que elegí (nutrición) me obligó a intentar hacer bien las cosas. Para dedicarme a esto, definitivamente, no podía seguir así y empecé a tratar de bajar. Cuando me inicié en el consultorio, aún tenía 25 kilos de más. Y de repente llegaban pacientes más delgados queriendo bajar de peso y yo decía: ‘No puede ser, algo no está funcionando’. Hasta que bajé 35 kilos, que aunque no es demasiado en relación con lo que se ve en el programa, sí es mucho, por los cambios y el esfuerzo que implica. Yo creo que solamente quien vivió esta situación puede entender la felicidad que significa poder lograr eso y mantenerlo.
—¿Fracasó varias veces?
—Muchas. Bajé 15 kilos y volví a subir 15. El sentido de frustración es muy grande. Pero fueron tres veces en realidad las que intenté hacer bien las cosas y morí en el intento. Por eso yo nunca digo: ‘La tercera es la vencida’. A veces es la cuarta...
—¿Qué es lo más difícil de ser gordo?
—Para una persona joven, lo que más golpea es la parte estética: el no poder vestirse como uno quiere, el no poder hacer actividad física como los demás, porque el sobrepeso te limita. También a la hora de acercarse al sexo opuesto, de entablar una conversación. El tema de la autoestima afecta bastante, por la inseguridad que provoca el no verse bien. A mí me afectó en el aspecto estético y emocional, sobre todo en la adolescencia.
Y la salud yo creía que no me había afectado demasiado, hasta que un día tuve una hernia de disco, a nivel lumbar, como consecuencia de mi sobrepeso. También dislipidemia, que es triglicéridos y colesterol altos, etcétera. Aunque afortunadamente nunca tuve problemas de presión alta ni diabetes, porque así como comía mucho, también hacía algo de actividad física: dos o tres veces por semana jugaba fútbol.
Le temen, pero también lo admiran. Las personas con sobrepeso que están bajo su tratamiento —sobre todo en el reality de Telefuturo— saben que, si no siguen sus recomendaciones, él lo notará y les llamará la atención. Pese a su juventud, lo respetan como si fuera el médico más experimentado. Es que sus conocimientos se nutren no tanto de la cantidad de años que lleva cumplidos, sino del tipo de vivencias por las que atravesó.
—¿Le llegó a temer a la balanza?
—Sí, le tuve miedo, hasta que aprendí que lo importante no es perder peso, sino perder grasa. Muchas personas dicen: ‘Estoy perdiendo peso’, pero lo que están perdiendo es líquido o músculo nomás, y no necesariamente grasa. Y eso no sirve de nada.
Yo me pesaba una vez por semana y, por momentos, no bajaba nada. Pero hay que saber que estancarse es parte de la curva normal de descenso de peso, no hay que decepcionarse. El esfuerzo tiene que seguir: ahí es cuando uno tiene que meterle pata realmente para ver los resultados. Lo que pasa es que la gente tiene el concepto de que, si la semana pasada bajó cinco kilos y esta semana cinco, la próxima tiene que bajar otra vez cinco. Pero en realidad, al principio nomás se desciende mucho, después la mitad, y cada vez menos hasta que llega un punto en el que uno prácticamente no baja de peso, pero sí disminuye la talla. Esto se da porque hay un aumento del músculo y un descenso de la grasa. Por ende, en ese punto, el peso del cuerpo ya no varía mucho, pero la composición de ese peso sí: y es cuando la talla empieza a bajar y a bajar.
—¿En cuánto tiempo pudo ver resultados en su cuerpo?
—Yo viví haciendo dieta toda mi vida: bajaba y subía. Además, como mi papá es médico endocrinólogo especialista en nutrición, eso siempre fue una presión extra para mí, porque adonde me iba, me preguntaban: '¿Vos sos el hijo del doctor fulano? ¿Y cómo sos gordito?’.
Cuando por fin hice bien las cosas, empecé a ver resultados en un mes.
Eso me animó bastante, el verme deshinchado. Hasta que aprendí que la fórmula no es hacer dieta, es cambiar la conducta de vida. Tenés que generar un nuevo estilo. Y fue en ese momento, dos años atrás, cuando dije que ya no iba a despertarme todos los días diciendo: ‘Mi dieta continúa’, sino que iba a despertarme pensando que mi vida es nueva, que tengo que generar un nuevo hábito. Tiene que ser un estilo de vida el optar por alimentos sin grasa, por ejemplo. Es un cambio de conducta difícil de lograr.
—¿La actividad física también tiene un rol importante?
—Fundamental. Si uno no logra asociar que hay que comer bien y que hay que hacer alguna actividad física toda la vida, definitivamente va a volver a subir. Por eso es que el 80% de las personas baja de peso y solamente el 20% se mantiene, porque no logra asociar su descenso a un cambio en la conducta.
—¿La lucha es diaria entonces?
—Yo antes decía eso. Pero hoy en día para mí no es una lucha: es un hábito que generé, un ritmo de vida muy diferente y una alimentación que me encanta.
—¿Tiene alimentos prohibidos?
—No hay comida prohibida. Lo que existen son alimentos que hay que regular en cantidad. La comida no engorda, lo que engorda realmente es no quemar lo que uno come, el sedentarismo.
—¿Cuál es su permitido favorito?
—Un buen permitido para mí sería estar con los amigos tomando unas cervecitas con unas buenas picadas. Los dulces también me gustan bastante. Hoy en día como de todo, pero en una cantidad y calidad diferentes a las de antes. Y además ya no soy una persona sedentaria. Es más, me volví un adicto a la actividad física.
—¿Qué actividades físicas realiza?
—Hago ciclismo de ruta y también de mountain bike, aproximadamente 200 km semanales, pero llegué a hacer hasta 350 km por semana cuando entrenaba, que fue cuando bajé bastante de peso. También tengo gimnasio en mi casa y entreno aproximadamente una hora y media todas las noches con los amigos. Y un futbolacho no falta entre semana, pero sin tercer tiempo nomás... sin cervecita.
—¿Dejó de tomar cerveza?
—No. Y tampoco tengo ganas de abandonarla. La cerveza en sí no es mala. Pero obviamente tomo en una cantidad superregulada y solo cada tanto.
—Mucha gente que tuvo sobrepeso no quiere que le recuerden su pasado. ¿Le pasa a usted?
—Es que de mi pasado me acuerdo todos los días: desde las 8.00 hasta las 21.00 en el consultorio, porque yo hablo mucho en base a lo que viví. Yo no tengo problemas de recordar el que era; al contrario, me llena de orgullo.
—¿Siente como una especie de obligación el ayudar a los participantes del programa?
—Sí. Siempre dije que el día que yo lograra bajar y me dedicara a esto, iba a transmitir lo que aprendí. Yo viví lo que el libro no enseña sobre lo que es el descenso de peso, y hoy en día el mejor manual que tengo es mi propia historia, haber bajado y subido un sinfín de veces. Entiendo bastante cómo se sienten las personas con sobrepeso y tengo mucha empatía con ellas, porque sé lo que están viviendo.
—¿Tiene una fórmula especial?
—Yo siempre digo: ‘Conmigo vas a encontrar quizás la misma dieta que puedas encontrar en la otra esquina’, porque eso en general no cambia mucho. Pero lo importante yo creo que es saber cómo llegarle al paciente, antes que darle una hoja con una dieta. Es sentarse a hablar, es conocerle, es tener empatía con sus problemas. Es una cuestión de ser un profesional motivador y enseñar a que ellos puedan generar su automotivación. Eso es clave para obtener resultados.
Hace poco más de un año, Mussi se estrenaba en el reality Cuestión de peso al frente de un equipo de profesionales del Centro Integral de la Salud, encargado de delinear el tratamiento de cada uno de los participantes, con el objetivo de ayudarles a salir de la obesidad. A fines de marzo, inesperadamente tuvo que hacerse cargo de la conducción del programa, por un día, en reemplazo de Karina Doldán, quien tuvo un problema de salud. Aquella situación puso a prueba sus dotes de comunicador y tuvo muy buena aceptación del público. Esta situación se repitió a mediados de año ya durante tres semanas, cuando la conductora tuvo que viajar. Eso lo hizo aún más popular.
—¿Qué le aportó el programa de televisión?
—Al principio me estresaba mucho, porque era algo nuevo para mí, y como soy una persona muy tímida, exponerme tanto me daba cierta inseguridad. Pero hoy en día yo creo que es el eje de muchos proyectos en mi vida, de muchas cosas nuevas que me están sucediendo.
Cuestión de peso me hizo una persona conocida entre la gente y reconocida a nivel profesional también. Además, las puertas que me abrió son innumerables. Ahora, por ejemplo, tengo el proyecto de abrir un gimnasio temático exclusivo para el descenso de peso, que en breve se inaugurará.
—¿Qué es lo que más le preguntan cuando lo encuentran en la calle?
—Yo creo que me ven como el doctor comida más o menos (ríe). La típica pregunta que me hacen es: ‘Doctor, ¿qué puedo hacer para bajar?’. Si me voy al súper, me preguntan si está bien este yogurt, este alimento o este otro. Si me encuentran en algún casamiento, me preguntan cuántas calorías tiene su plato. Y si me ven por la calle, casi siempre me piden posar para una foto.
—No puede dejar de ser doctor, entonces...
—Y no, estoy 24 horas con la chaqueta de médico puesta. Pero eso no me estresa, porque amo lo que hago.