Opinión

Destruyendo el ejército del siglo XXI

 

Alberto Acosta Garbarino Por Alberto Acosta Garbarino
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La semana pasada el Senado aprobó un proyecto de ley que tiene como objetivo aumentar el cupo político para el ingreso a la carrera diplomática, politizando una actividad que es fundamental para el desarrollo de nuestro país.

Recordemos que nuestro Plan de Desarrollo 2030 tiene tres ejes: El primero es la reducción de la pobreza, el segundo es el desarrollo económico y el tercero es la inserción del Paraguay en el mundo.

A mi criterio, si no conseguimos insertarnos inteligentemente en el mundo el desarrollo económico inclusivo no será posible y consecuentemente la reducción de la pobreza tampoco. El desarrollo de un país con una población de apenas 7 millones de habitantes es imposible si no se integra a un mundo con cerca de 8.000 millones de habitantes.

En ese mundo están los mercados consumidores para nuestros productos, están los grandes capitales que necesitamos sean invertidos en nuestro país y están las tecnologías necesarias para producir con calidad y con productividad.

Pero, así como en el mundo están las oportunidades también están las amenazas. El mundo es una jungla donde todos los países compiten por las mismas cosas: Abrir mercados para sus exportaciones y atraer inversiones a sus países.

Ese mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 vivió un acelerado proceso de globalización y de liberalización, pero desde el año 2017 con la llegada a la presidencia de los EEUU de Donald Trump, el mundo vio con asombro cómo el país líder de la globalización comenzaba a caminar en sentido contrario.

Lo que vemos desde entonces es un creciente nacionalismo y proteccionismo y una terrible guerra comercial entre las dos grandes potencias: EEUU y China.

La guerra del siglo XX entre EEUU y la Unión Soviética fue ideológica y el enfrentamiento fue esencialmente militar; pero la guerra del siglo XXI entre EEUU y China será principalmente comercial y las balas serán reemplazadas por los aranceles y por los cupos de importación.

Y en esta guerra nuestro Paraguay solo podrá defenderse y progresar si cuenta con un Ejército de altísimo nivel, integrado por personas que hablen varios idiomas, que comprendan el funcionamiento de los organismos multilaterales y que tengan experiencia en negociaciones internacionales. Ese Ejército es nuestro Servicio Diplomático.

Las personas que lo integran deberían tener una formación de élite, como la tienen los miembros de Itamaraty en el Brasil o los miembros de la mayoría de las cancillerías del mundo, para lo cual es imprescindible que sean rigurosamente formados en una estricta y exigente Academia Diplomática.

Esto es lo que comenzó a hacerse en el Paraguay desde el año 1999 con la promulgación de la Ley 1335 que creó el escalafón del Servicio Diplomático y definió las condiciones para el ingreso a la carrera y para los posteriores ascensos.

Como resultado de este proceso, el nivel de formación actual de la mayoría de nuestros diplomáticos es muy bueno, como lo he podido constatar al conocerlos en algunas conferencias que tuve el honor de dictar en la Academia Diplomática.

Así como hemos protegido al Banco Central del clientelismo político y hoy nos enorgullecemos de tener una institución que nos asegura la estabilidad monetaria, este es el momento de proteger la profesionalización de la carrera diplomática para poder insertarnos inteligentemente en el mundo y hacer posible el desarrollo económico y la reducción de la pobreza.

Esperemos que la Cámara de Diputados actúe con responsabilidad modificando radicalmente la ley aprobada en el Senado, de manera a preservar el proceso iniciado en el año 1999 para construir un Servicio Diplomático altamente preparado y profesional.

Recordemos que el mismo será nuestro ejército en este siglo XXI.

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