30 may. 2024

Desafiar lo imposible

El futuro ya está entre nosotros. Hace pocos días se reunieron los principales de la oposición para hablar del porvenir. Hubo un enredo entre proyectos de poder y proyectos país. Veremos qué sale. En el oficialismo, todos los días trabajan por la permanencia en el poder. En artículo anterior, en otro diario había escrito sobre la diferencia entre meros proyectos de poder y proyectos de desarrollo humano. Cuando un país no tiene un proyecto de desarrollo con el cuánto falta y el cuánto cuesta, lo que falta, con presupuestos de varios años y reformas estructurales del Estado para mejorar la calidad de vida de la gente, con inversiones físicas y sociales, y solo tiene proyectos de poder, surgen también dos problemas adicionales que exigen un veredicto.

El primer gran tema es saber si, en medio de la falta de proyecto y con tantas deficiencias, ¿es legítimo el poder en el Estado? El segundo tema es verificar cuál es la estrategia del país en términos ideológicos. Hacia dónde vamos.

LOS PAÍSES DESARROLLADOS

Para responder a estas incógnitas, debemos considerar dos perspectivas. La primera, el proyecto dominante de los países desarrollados. Este proyecto ya funciona sobre la base de la economía del conocimiento que mantiene a los subdesarrollados en situación de desigualdad. Los chips manejan ellos y la inteligencia artificial nos excluye. Elon Musk desafía las instituciones brasileñas. El petróleo sube de precio, mientras que el de la soja disminuye.

Le llaman deterioro de términos de intercambio. Esto acaba de pasar y el desequilibrio cambiario reaparece. Los granos no pagan la cuenta del smartphone. Ya desde la industrialización del siglo pasado, como la desigualdad era peligrosa, apareció la socialdemocracia redistributiva, pero siempre como proyecto conservador del statu quo.

Este modelo es insuficiente para resolver la desigualdad en el mundo, agravada por la nueva era que emerge, la de la economía del conocimiento. Este modelo hoy todavía está confinado a franjas o islas que excluyen a la gran mayoría de los trabajadores y de las empresas. Sin diseminar el conocimiento entre la mayoría de los trabajadores y de las empresas que generan riqueza, rumbo a una sociedad donde la productividad no tiene rendimiento decreciente a medida que se adiciona el insumo imaginativo, mucha gente permanecerá excluida. Ahí viene la democracia, pero anómala. Se necesita implementar instituciones políticas capaces de generar proyectos audaces. Y eso supone desafiar lo imposible para transformar la realidad. Repito, los países desarrollados con la inteligencia artificial y los derechos de propiedad de licencias tecnológicas y de marcas manejan al mundo subdesarrollado.

La mayoría de las supuestas democracias de países subdesarrollados, como el Paraguay, son débiles. Nuestro país hoy parece ya una dictadura soviética. Es el crony capitalism en modo ruso. Hasta con Venezuela, por cuestiones no santas, restablecimos relaciones diplomáticas. En este capitalismo de secuaces, el movimiento HC, que se decía anticomunista, debe darnos una explicación. En el Paraguay no hay participación ciudadana. Por eso, todavía se necesita de crisis para que se acepten cambios en lo preestablecido, para mejorar la calidad de vida de la gente. Solo las crisis movilizan políticas públicas. Para volver los cambios posibles se necesita una democracia vigorosa, que eleve el nivel de participación genuina de la gente en la vida pública, en la política. Solo de esa forma los cambios no van a necesitar de crisis para que acontezcan las reformas. Pero el Gobierno no quiere participación, prefiere la aplanadora.

La China halló algunos atajos para realizar cambios. Economía de mercado, pero Estado autoritario. Las propias autoridades chinas dicen que hay que hacer crecer el mercado interno. No solo crecer con exportaciones. Me suena familiar. Para hacer crecer el mercado interno se deben manejar conflictos para redistribuir mejor la riqueza entre zonas y personas. Para eso se debe poder hablar. Reeditar un diálogo nacional. Los chinos no pueden hacer ese diálogo porque viven en la dictadura del partido comunista. Ojo con esto, lo mismo pasa en el Paraguay. También parecemos una dictadura china. Y el Partido Colorado es el partido comunista, burocracia corrupta y tierras a los amigos por fuera del mercado.

Los chinos tuvieron un éxito económico hasta ahora. Pero van a comenzar a pagar el precio del atajo autoritario. Paraguay es similar. Cuánto del miedo de la gente predispone a los ciudadanos al atajo autoritario, anhelado por la mayoría de los paraguayos, según Latinobarómetro. Cartes y Payo son dos ejemplos.

PROYECTOS MALOGRADOS

La sociedad paraguaya tiene dos proyectos malogrados. El primero es el abrazo republicano, sin democratización de la producción y del crédito. Saca a alguna gente de la pobreza, pero siempre en modo precario, la deja al lado de la frontera entre la no pobreza y de vuelta a la miseria. Una suba de precios de la carne y del pasaje, y todos son pobres de nuevo. Un pariente cae de su moto y la familia se empobrece. Mucha gente huye a España. Tenemos un primitivismo productivo, donde la cuenta era pagada por la cultura agropecuaria. La riqueza fácil extraída de la tierra. Nada de la riqueza más difícil que debe ser extraída de la educación de calidad para toda la ciudadanía que debe entrar a competir en el mundo de la economía del conocimiento. Creímos en el viento de cola del boom de los commodities.

El otro proyecto malogrado, anterior, fue el crecimiento sin desarrollo de los años setenta en el Paraguay, cuando la cuenta era pagada por la construcción de la represa de Itaipú. Repito, mucho crecimiento, poco desarrollo. En ambos casos, el modelo reveló toda su fragilidad.

En vez de usar esos recursos, tanto de Itaipú como del boom de los commodities, para apostar en mejorar la capacitación de nuestros recursos humanos y tecnológicos, en especial el capital humano, el único que puede agregar valor a la producción, esos recursos fueron usados para agigantar un Estado ineficiente y ladrón, en una economía rentista, financiera y fiscalista. Un Estado alimentado por las rentas hidroenergéticas e impuestos crecientes, sin calidad del gasto, estimulado solo por la riqueza fácil que sale de la tierra. El país continuó en el primitivismo productivo, político y educacional.

LAS ÉLITES NACIONALES

La segunda perspectiva es el proyecto ofrecido por la élite tradicional del país, también financista, fiscalista y corrupta.

La consigna es: “Vamos a mantener el equilibrio fiscal, que hoy ya ni existe, monetario y cambiario, disminuir si se puede el tamaño del Estado, y de esa manera vamos a conquistar a los mercados internacionales, si se puede el grado de inversión, y la confianza de los bancos multilaterales. De esa forma, vamos a endeudarnos aún más y mejor, aunque permitamos la evasión, dejando a los políticos que asalten la diligencia, de modo tal que podamos crecer y, si se puede, desarrollarnos. Vamos a ganar la confianza de la IED con bajos salarios y bajos impuestos. También vamos a mejorar algo la infraestructura manteniendo el paradigma del low cost, y los capitales vendrán masivamente a crear el desarrollo”.

Eso no aconteció. La inversión externa no vino masivamente a aprovechar el paraíso fiscal y laboral. Sin seguridad jurídica, alimenticia, tecnológica, logística, climática, sin salud, sin educación, sin previsibilidad, no hubo el aluvión del dinero prometido. Como decía Lerner en Curitiba, la atracción de una ciudad y de un país está dada por la calidad de vida de su gente. No por los impuestos bajos y los salarios informales.

CONCLUSIÓN

Con relación al futuro, el gobierno tiene malos augurios. Según Ati Snead, el presidente ha perdido la confianza de la gente del 72% a 18% desde agosto del año pasado a marzo del 2024. Algo catastrófico, en las palabras, incluso, de periodistas del grupo comunicacional del ex presidente Cartes. En la misma encuesta, comparando los mismos periodos, el porcentaje de gente que cree que al gobierno le irá peor salta del 14% al 30%. Urge hallar a contraélites políticas y económicas que renueven modelos de Estado y de producción. Es necesario apuntar a lo imposible para transformar el mundo. Por qué creer en el falso inevitable. Saludos cordiales.

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