La música volverá a recorrer el país con una mirada que va más allá de los escenarios. La Ruta de Festivales 2026 Suena Paraguay, impulsada por Sonidos de la Tierra, ya está en marcha con una propuesta que conecta a jóvenes músicos de los 17 departamentos del país, integrando conciertos, turismo, economía local, conciencia ambiental y fortalecimiento comunitario.
En conversación con Última Hora, Mariela Cuevas, directora ejecutiva de Sonidos de la Tierra, destacó que esta iniciativa representa la expresión más visible de un trabajo que se desarrolla durante todo el año en las comunidades. “No es solamente una agenda de conciertos; es el momento en que una red de escuelas comunitarias demuestra cómo la música puede fortalecer el tejido social, generar oportunidades y unir a personas de distintos territorios”, explicó.
La Ruta de Festivales movilizará este año a más de 2.300 jóvenes músicos pertenecientes a 74 Escuelas Comunitarias de Música, con actividades que llegarán a distintos puntos del territorio nacional. El circuito tendrá como próximas paradas Suena Ñemby, el 11 de julio; el Festival Nacional Suena Caaguazú, el 28 y 29 de agosto; Suena Pedro Juan Caballero, el 17 de octubre; y Suena Caazapá, el 31 de octubre.
Para la edición de este sábado 11, el circuito reunirá a más de 500 participantes, niños, niñas y jóvenes músicos de todo el país para impulsar la cultura, el turismo y el desarrollo comunitario. La programación ofrecerá un recorrido musical y narrativo por la historia del Paraguay y sus patrimonios, además de una variada agenda de actividades para toda la familia.
Música que transforma comunidades
Para Cuevas, el verdadero impacto de la Ruta no está solamente en los conciertos, sino en todo lo que sucede alrededor de ellos. “Nuestro objetivo nunca fue hacer únicamente festivales musicales. Buscamos que cada ciudad viva una experiencia de transformación comunitaria”, señaló.
En ese sentido, destacó propuestas como el Mercadito Sonidos, que brinda espacio a emprendedores y productores locales; los desfiles de las escuelas comunitarias, que convierten a las ciudades en escenarios de celebración cultural, y las acciones ambientales que acompañan cada encuentro.
“La Ruta integra música, turismo, desarrollo económico, educación ambiental y participación ciudadana. Esa es la esencia del modelo de Sonidos de la Tierra”, afirmó.
Sonidos de la Tierra nació en 2002 de la mano del maestro Luis Szarán, con la visión de utilizar la música como una herramienta de educación en valores y desarrollo comunitario. Con el paso de los años, el proyecto se convirtió en una red que hoy reúne a niños, jóvenes, docentes, familias y referentes comunitarios en todo el país.
Para la directora ejecutiva, alcanzar la dimensión actual es una muestra de que el trabajo colectivo funciona. “Detrás de esos 2.300 jóvenes, hay familias, docentes, voluntarios, municipios y comunidades enteras comprometidas con un mismo propósito”, expresó.
Asimismo, resaltó que uno de los mayores logros fue que la música dejara de ser vista únicamente como una actividad artística. “Cada joven que participa es también un agente de cambio dentro de su comunidad, y esa multiplicación del liderazgo es probablemente el mayor resultado que hemos conseguido”, indicó.
Lea más: La Gran Rifa Sonidos de la Tierra
El desafío de sostener una gran comunidad musical
Mantener una red presente en todo el territorio implica desafíos constantes. Cuevas señaló que uno de los principales retos es garantizar la sostenibilidad del proyecto, lo que requiere formación permanente de docentes, mantenimiento de instrumentos, acompañamiento técnico y alianzas entre distintos sectores.
“Sonidos de la Tierra no depende únicamente de una organización central; depende de cientos de personas que todos los días hacen posible que cada escuela siga viva en su comunidad”, explicó.
A lo largo de los años, también cambió el perfil de quienes forman parte del proyecto. Muchos de los niños que comenzaron en las primeras escuelas hoy son docentes, directores de agrupaciones comunitarias, gestores culturales y líderes sociales.
“Se produjo un relevo generacional que demuestra que la transformación es sostenible. La escuela comunitaria de música no es solamente un espacio artístico, sino un punto de encuentro donde se generan proyectos culturales, ambientales y de desarrollo local”, destacó.
Al hablar del fundador de Sonidos de la Tierra, Cuevas destacó la visión del maestro Luis Szarán como el motor que dio origen a este movimiento nacional.
“Él entendió que la música podía convertirse en una herramienta para educar, integrar y desarrollar comunidades enteras. Pero quizás su mayor legado no sea únicamente haber fundado Sonidos de la Tierra, sino haber inspirado a cientos de líderes comunitarios para que cada escuela pueda sostenerse desde el compromiso de su propia gente”, reflexionó.
Para la directora ejecutiva, hoy la organización es una obra colectiva que refleja esa idea inicial: que cuando una comunidad se organiza alrededor de la música, también puede transformar su realidad.
Camino a los 25 años
En 2027, Sonidos de la Tierra celebrará sus 25 años de trayectoria. Para Cuevas, el aniversario será una oportunidad para mirar hacia atrás, pero también para proyectar nuevos desafíos.
“Llegamos con la certeza de que el sueño inicial se convirtió en una realidad nacional. Logramos construir una red presente en prácticamente todo el país, formar miles de niñas, niños y jóvenes y demostrar que la cultura puede ser una política efectiva de desarrollo”, manifestó.
Sin embargo, aseguró que todavía queda mucho camino por recorrer. “Nuestro mayor desafío es llegar a más comunidades, fortalecer las escuelas existentes y seguir demostrando que invertir en cultura es también invertir en educación, inclusión, convivencia y desarrollo sostenible”, agregó.
Una invitación a ser parte
Además de los músicos participantes, la Ruta de Festivales 2026 abre espacio a voluntarios que quieran sumarse a la experiencia. Las personas interesadas podrán colaborar en organización de eventos, acompañamiento de delegaciones, logística, acciones ambientales y apoyo a los emprendedores del Mercadito Sonidos.
“Los voluntarios son parte fundamental del espíritu colaborativo de Sonidos de la Tierra. Más allá del apoyo operativo, es una oportunidad para vivir una experiencia de participación ciudadana y servicio”, señaló Cuevas.
Con Suena Paraguay, Sonidos de la Tierra vuelve a demostrar que la música puede ser un puente entre comunidades, una herramienta de aprendizaje y una forma de construir futuro desde cada rincón del país.
“Su mayor aporte a la cultura paraguaya ha sido demostrar que la cultura no es solamente patrimonio o espectáculo; es también una herramienta concreta para construir comunidades más fuertes, participativas y solidarias”, sentenció Cuevas.