En una carta escrita en Buenos Aires, en 1956, se revela la faceta íntima del escritor paraguayo y su deseo de transmitir a su hija de diez años la memoria, la historia y el valor de su pueblo, según rescató de una investigación la periodista Yesica Vera Zarza a partir de documentos proveídos por la propia hija del autor, Mirta Roa Mascheroni.
En el año en que se redactó la carta, Augusto Roa Bastos llevaba casi una década de exilio en Argentina y reflejó en el texto cómo su país seguía presente en él.
En la carta dirigida a su hija Mirta, que tenía 10 años, el escritor devela su preocupación por transmitirle el amor por Paraguay a pesar de la distancia.
En el texto, el autor de Yo el Supremo se refiere a su hija como “Mirtuchita” y le expresa su tristeza por la ausencia de su hija durante un viaje hecho por su esposa y su hijo a Buenos Aires.
Sin embargo, también demuestra su satisfacción por la decisión de la pequeña de permanecer en Paraguay para concluir el año escolar junto a sus abuelos.
“Me alegra también y me enorgullece que uno de los motivos que te decidieron a esto fuera tu espontáneo deseo de aprender y vivir las cosas de nuestra querida patria. Ella se merece todo nuestro cariño y toda la devoción de nuestra alma”, escribió.
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El autor también pidió a Mirta que pusiera todo su empeño en querer y comprender a la patria, querer a su gente e identificarse con ella. No desaprovechó la oportunidad para instarla a comprender el sentido de la historia, a tener fe y esperanza en su porvenir.
Igualmente, afirmó que nuestro pueblo es valiente, humilde y que sufrió mucho. No omitió el dolor y señaló que purifica a la gente y la hace más buena, simple y valiosa.
“Te pido sobre todo que te acerques y comprendas y quieras a la gente más humilde y sencilla; ella es la mejor”, escribió.
La carta escrita hace 70 años es una muestra más de la estima que sentía el autor por su país y su gente.