30 may. 2024

De raudales y abandonos...

Llueve de manera tenue, la humedad se cuela en el auto. En una semana marcada por tormentas y peligrosos raudales, el joven conductor de Bolt estaba de buen humor y creo que quería conversar.
Generalmente, no me opongo a la charla, hablo poco –es lo que creo–, pero si la conversación promete ser interesante escucho.

Me gusta escuchar porque sostengo que las personas que luchan día a día por el sustento siempre tienen un discurso crítico cargado de sabiduría y experiencia. Y eso, sirve para reflexionar en días tan lluviosos en que el sustento cada día es más costoso.

En esta oportunidad –en un viaje a casa después de la jornada laboral lluviosa marcada por un transporte público ineficiente e inexistente– terminamos hablando sobre los raudales, el precario sistema de salud, la educación abandonada y la sed insaciable de poder y dinero de las autoridades, que va en detrimento de un pueblo.

–Estamos gobernados por gente loca, dijo el conductor de Bolt.

–¿Cómo?, le respondí.

–Por gente loca, insistió.

Más allá de utilizar la palabra “gente loca” –que creo que sí ofende a las personas con una enfermedad mental– y compararlos con autoridades con sed de poder, creo que el conductor lo que pretendió argumentar de manera inadecuada es que pese a todo lo que tienen las autoridades como poder y dinero, son ambiciosos y cada vez ansían más y más a costa del pueblo. Yo creo que no están locos, es gente ambiciosa e inescrupulosa, que no está loca, sino que sabe muy bien lo que hacen.

–Tienen una fortuna incalculable y quieren más, más, más. Aparte del dinero, quieren más poder, quieren todo. Están locos. Y para eso tenés que estar mal de la cabeza. Algo está mal en tu cabeza para que sean muy prepotentes con todo. Y encima, se burlan de nosotros porque el que les puso ahí donde ellos estaban fuimos nosotros. Nosotros les pusimos en el cargo donde ellos están. Y ahí nos jodimos todos, dijo.

El conductor de Bolt se inspiró. El hombre al mando del volante no paró con su discurso.

Criticó que la ciudadanía es muy dormida, que en las convocatorias no va gente a protestar, pero sí tienen ganas para ir a un concierto en medio de la lluvia, que todo sube cada día, que no hay transporte público, que la salud cada día es más precaria y ni que hablar de la educación.

Yo solo escuchaba y asentía con la cabeza. Palabras certeras de un trabajador, que en medio de la lluvia y el horario nocturno se arriesga cada día, porque con un sueldo y con un solo trabajo no alcanza.

Él es la vos y mirada de muchos trabajadores, es el rostro de la gente cansada de la prepotencia e ineficiencia de las autoridades.

Pero, ¿quejarnos es solo que nos queda o podemos realmente con organización como ciudadanos exigir una mejor educación, una salud integral, un transporte público eficiencia y una educación de calidad?

No tengo las respuestas sobre porque somos tan pasivos como sociedad, pero creo que es necesario que aprendamos a elegir a las autoridades, que aprendamos a ejercer el derecho de reclamar que haya servicios públicos eficientes, que nos despertemos como sociedad, que seamos contralores del uso de los bienes públicos.

Que exijamos mejores condiciones para vivir con garantías, pero todo eso depende de cada uno y cada una, de pasar de las quejas a las acciones y que podamos vivir finalmente en un país con garantías en la que en un día de lluvia no temamos salir por temor a morir a causa de un raudal.

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