La intención de retirar a los limpiavidrios de los cruces semafóricos capitalinos, previa puesta en marcha de un proyecto de inserción laboral de los mismos, es oportuna y debe alentarse.
Sobre todo, si la idea parte de una mirada a la dignidad de las personas.
Si a lo que se apunta es a poner en vigencia el derecho de todo ser humano de aspirar y acceder a una mejor calidad de vida, ¡enhorabuena! entonces. Si efectivamente lo que busca el concejal Daniel Centurión es promover que los cerca de 250 limpiavidrios apostados en 40 cruces semafóricos de Asunción superen la etapa de mera subsistencia, hay que aplaudir la iniciativa.
Porque, no hay que engañarse: ¿Qué tan sustentable puede ser ganarse la vida de limpiavidrios?
¿Qué planes puede trazarse una persona en esta función que, apenas llueve, ya no puede realizarse y que no permite a nadie proyectarse a mediano y largo plazos?
Una actividad que, encima, perpetúa la espiral de pobreza. A priori, lo que el concejal Centurión propone es auspicioso, desde el momento que coloca en la agenda municipal a un grupo de compatriotas que, como tantos otros, tienen derecho a ser atendidos y a que se les brinden oportunidades de salir de la informalidad, para generar recursos en un trabajo de verdad.
Según expresiones del concejal, la intención no es simplemente aprobar una minuta para prohibir la presencia de limpiavidrios en las esquinas con semáforos, sino diseñar un programa integral que incluya capacitación laboral de los afectados para ir incorporándolos paulatinamente en puestos de trabajo que la Municipalidad está en condiciones de gestionarles. Así debe ser.
La preocupación por los problemas sociales de la Comuna debería estar en primerísimo lugar dentro de la lista de prioridades de la administración municipal.
Las propuestas de solución tienen que ser dialogadas con los sectores más vulnerables, desde el comienzo, para que sean efectivas y acompañadas.
Desconozco si este fue el camino que siguió el concejal Centurión. Espero que sí, para que su intención no quede a medio camino por la resistencia del grupo al que pretende convencer de que abandone las calles, ofreciéndole una oportunidad laboral.
Con trabajo digno se construye ciudadanía. La persona asume responsabilidades, toma conciencia de sus derechos y puede aspirar a más; mucho más. La resignación a ganarse solo el alimento diario se transforma en la aspiración de crecer, superarse y vivir mejor cuando se tiene un empleo.
Si la Municipalidad de Asunción toma lo que un solitario concejal está planteando y lo convierte en una causa institucional, sabremos qué tan relevantes son las personas para el gobierno local capitalino.