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De estructuras, hegemonías y berrinches

 

Estela Ruíz Díaz Por Estela Ruíz Díaz

Las internas municipales del pasado domingo se realizaron en todo el país con normalidad y los incidentes aislados no empañaron el resultado final.

Estas elecciones, así como la reelección de Efraín Alegre al frente del PLRA, diseñan el contorno de lo que se viene para las presidenciales del 2023.

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Así quedó el escenario en la ANR y la oposición.

ANR. En el partido de Gobierno no hubo casi sorpresas y la convocatoria tuvo buena participación (44%) atendiendo al contexto de crisis sanitaria y social. La disputa cartismo versus oficialismo se diluyó en las candidaturas de consenso, denominadas Concordia Colorada.

Aunque no fue una disputa pública ni publicitada, en estas internas se pulsearon el ex presidente Horacio Cartes y el vicepresidente Hugo Velázquez. El primero para consolidar la posición de su delfín Santiago Peña, y el segundo para apuntalar sus aspiraciones presidenciales. Rodríguez fue el boleto de Cartes para impactar en Asunción, que le fue esquiva en el 2017, y golpear al presidente Mario Abdo Benítez, con la derrota de Daniel Centurión.

En el resto del país se dieron fuertes disputas en las gobernaciones e intendencias entre los liderazgos locales emergentes y los caudillos que hicieron uso y abuso de la estructura para imponer a sus candidatos (fenómeno que también se impuso en el PLRA). En la mayoría de los casos se impusieron los clanes familiares que cada vez controlan más la política, perpetuándose a través de las generaciones, sin importar los extensos prontuarios de los candidatos. Por ejemplo, el diputado Ulises Quintana, procesado por vínculos con el narcotráfico y vetado por EEUU, es hoy el candidato oficial de la ANR en Ciudad del Este. A Rubén González, el hijo procesado del senador Óscar González Daher, no le afectó en absoluto que su padre haya sido expulsado del Congreso, procesado por lavado de dinero y otros delitos. Ocupa el segundo lugar de la lista de candidatos a concejales de Luque. La lista continúa con esposas e hijos de políticos corruptos que han ganado la chapa oficial sin ningún rubor. El elector colorado, hijo de la estructura que lo encadena y de las migajas que les tiran para sobrevivir, decidió votar a sus verdugos de siempre. El estómago, la promesa de un carguito en el Estado o la oportuna dádiva en tiempos de crisis son más convincentes y reales que apostar a figuras nuevas con promesas de un municipio mejor.

En la disputa por la hegemonía en la ANR, estas elecciones no arrojaron un ganador claro. No pueden cantar victoria Cartes ni Velázquez. Hay un equilibrio en las fuerzas. Quizá esta haya sido la razón que puso de malhumor al poderoso tabacalero, que reaccionó con exageración infantil ante la reelección de Cachito Salomón como presidente del Senado con el apoyo de la “extrema izquierda”.

Salomón no es su aliado y confirmó su liderazgo en San Lorenzo al ser electo su hijo como candidato a intendente.

Cartes sacó prematuramente su discurso de campaña en un aparente proceso de distanciamiento de Marito al que acusó de hipócrita por su injerencia en el Senado. La decisión del presidente y de los opositores fue simplemente evitar el copamiento total de Cartes de los poderes públicos. “Honor Colorado no es el Partido Colorado, y el partido no es una empresa”, le recordó su ex aliada Lilian Samaniego.

Sin embargo, este berrinche no pasará del simple pataleo.

La ANR y su poderosa estructura estatal, regional y municipal buscará arrollar en octubre. En tanto ya se polariza el escenario republicano entre dos contendientes: Peña/Velázquez.

PLRA. La victoria de Efraín Alegre se puede leer de dos maneras. Por un lado, la ratificación de su liderazgo en el partido y su duro discurso “contra la mafia de Cartes y su aliado Llano”. No tuvo la victoria holgada que necesitaba para controlar el Directorio e imponer la línea política. Por otro lado, la ajustada victoria sobre una gran alianza liderada por Buzarquis/Llano/Ríos no le da el pase directo para exigir al resto del arco opositor ser el directo candidato presidencial. El PLRA está quebrado política y moralmente y eso se plasmó en números. Efraín obtuvo 157.985 votos (34%) y Buzarquis, 153.898 (33%). La diferencia: apenas 4.087 votos, es decir, 1%. Otro dato inquietante: 91.000 liberales votaron en blanco, un llamado de atención para la dirigencia en general, pero para el reelecto en particular.

Está por verse cómo hará Alegre para resolver su problema interno. De nada le servirá el triunfo interno si no logra el mayor consenso posible en su partido para tener gobernabilidad. Desde el Frente Guasu y otros sectores advierten que no será posible una alianza si prosigue la lucha fratricida en el PLRA, que podría arrastrar las chances opositoras en el 2023.

El derrotado Buzarquis le lanzó un guante: “Esperamos (que Alegre) convoque a todos los sectores del partido (...) para buscar una salida con miras a las municipales venideras y construir la unidad de toda la oposición paraguaya para lograr la alternancia en el 2023”.

¿Lo recogerá Alegre?

Así en medio de disputas internas, la ANR y el PLRA, los dos partidos que controlan más del 80% del electorado nacional, preparan sus estructuras para octubre. Será el final de una disputa local, pero el inicio de la carrera del 2023.

Para ambos, la palabra clave es unidad.

Los colorados tienen más experiencia en matrimonios forzados.

La oposición es más esquiva para estas uniones, aunque ya lo había logrado exitosamente una vez. Sus electores lo saben y anhelan, la pregunta es si sus respectivos líderes estarán a la altura del desafío.

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