10 may. 2026

Cura sin rastros

En un colegio del barrio Mbocayaty de Ñemby, siete jóvenes han creado un gel cicatrizante que tiene como componente terapéutico principal la tela de araña. Una historia acerca de la creatividad, el ingenio y el saber popular.

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Revista Vida

El colegio Miguel Ángel Rodríguez se llena del bullicio de los estudiantes que están en pleno recreo. En una de las aulas, la destinada a Ciencias de la Salud, un grupo de media docena de jóvenes exhibe con orgullo las muestras del gel que han conseguido producir, y que tiene, aseguran, un potente poder cicatrizante y desinfectante. Un logro enorme alcanzado en medio de la precariedad.
Erma Páez y Ramón Matiauda tienen 17 años de edad y están en el tercer curso del Bachillerato Técnico Comercial (BTC). A diferencia de sus compañeros, visten de gala y son los elegidos por el grupo para representarlos en la feria Milset, de Fortaleza, Brasil, la vidriera en la que se presentó el gel cicatrizante que crearon.
La idea de fabricar un medicamento que ayude a cicatrizar las heridas producidas por escoriaciones y quemaduras nació de una inquietud de Ana Liz Benítez –la única del grupo que tiene 16 años, uno menos que sus demás compañeros–, quien recordaba que en su niñez no tan lejana, su abuela y sus padres apelaban a la tela de araña para detener el sangrado de heridas.
Ana Liz les propuso a sus condiscípulos la idea de fabricar algún compuesto curativo con las telarañas. Aceptaron. Inicialmente, pensaron en fabricar gasa, pero en los laboratorios a los que fueron a consultar les dijeron que no iba a ser posible. Entonces, se les ocurrió que debían crear una pomada, pero no les agradó esa posibilidad. Finalmente, pensaron en el gel.
La investigación
Empezaron a investigar en publicaciones especializadas cómo fabricar el gel, cuáles eran los elementos que podían combinar con la tela de araña. Y experimentaron. A través del método de ensayo y error, se percataron de que el producto tenía aplicaciones insospechadas y aún más benéficas que las esperadas.
“Nuestro objetivo era usar la telaraña como coagulante, algo que en el saber popular ya era conocido, pero también descubrimos que tiene propiedades cicatrizantes y antisépticas”, relata Ana Liz.
El compuesto fue aplicado inicialmente en animales, pero para sorpresa de los chicos, 25 personas con diferentes tipos de heridas se ofrecieron como voluntarios para recibir el tratamiento.
“Probamos primero con un tratamiento para un cicatrizado rápido, y los resultados fueron alentadores. Es un producto casi natural, cuya materia prima hay en abundancia. Es antimicrobiano y previene todo tipo de infecciones”, señala Erma.
Claro que la efectividad del gel como cicatrizante depende de la gravedad de la herida. “Si se trata de un raspón, aplicamos el producto durante una semana, tres veces al día. Si la herida es más profunda, cuatro veces al día por dos semanas”, detalla Ramón Matiauda.
Aunque el gel puede ser ineficaz para una cortadura profunda, sus propiedades cicatrizantes y antisépticas la convierten en un medicamento ideal para aplicar en heridas que han sido suturadas, para acelerar el proceso de cura.
La fórmula
El componente principal del producto es la tela de araña. "¿Cualquiera?”, preguntamos. “Cualquiera”, nos responden alumnos y profesor. De hecho, la recolección de la materia prima se hizo, y se hace, en los domicilios de los estudiantes y en el colegio. Afortunadamente para el proyecto, el vendedor de escobas de mango largo no pasó por esos lugares.
Pero hay otros componentes que los jóvenes deben comprar para fabricar, como el carbopol, que es un polímero reticulado del ácido acrílico, con gran capacidad para dispersarse en agua y formar geles. Se usa frecuentemente en cosmética y en la industria farmacéutica.
El compuesto incorpora además la trietanolamina, un producto químico utilizado para ajustar la alcalinidad o acidez en preparaciones cosméticas, de higiene y en productos de limpieza, tales como lociones para la piel, geles para los ojos, hidratantes, champús, espumas para afeitar y otros.
Después de la recolección de las telarañas se procede a hervirlas, seguido de un proceso de filtrado mediante el cual se obtiene el zumo del producto, que es lo que se utiliza como materia prima. “Se necesitan unos 10 gramos para preparar 500 centímetros cúbicos de gel”, afirma el profesor García.
A continuación, el zumo se mezcla con el carbopol y la trietanolamina, y luego se deja reposar la mezcla unas tres horas hasta que se forme el gel. El producto terminado está listo en cuatro horas. El proceso de reposar el compuesto es el que lleva más tiempo.
Hasta ahora, la producción se limitó al preparado de las muestras; una veintena. Falta todavía la certificación del Ministerio de Salud Pública, pero los jóvenes cumplirán con ese requisito una vez terminada la fase experimental.
El futuro
Este proyecto nació hace tres años, explica el profesor de Ciencias Naturales Ramón García, quien fue el responsable de acompañar y orientar a los chicos. Es decir, el proceso que culminó con la fabricación del producto comenzó cuando los jóvenes cursaban el primer año del BTC.
En principio, los chicos todavía no discutieron acerca de obtener algún beneficio económico con la comercialización del producto, al que le han puesto el nombre de Telgel. Ya iniciaron los trámites para patentarlo y ahora están a la espera de que algún laboratorio les haga una oferta para industrializarlo y comercializarlo.
A estos jóvenes no les importó que tuvieran que vencer obstáculos y precariedades para alcanzar sus objetivos. Con esfuerzo, ingenio y mucha voluntad, siete muchachos de un barrio de Ñemby consiguieron llevar el nombre de Paraguay a una muestra internacional. Merecen nuestro reconocimiento.
Foto: Walter Franco.

Los creadores
Ana Liz Benítez
Ramón Matiauda
Hugo Morán
Christian Ortellado
Erma Páez
Nelson Rivela
Rossana Viera

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