21 feb. 2024

Cuando la comunicación “no alcanza”

*Nahuel Ayala

El diputado que decidió salir en todos los medios con un relato cuestionable, explicando por qué le dio a su esposa un cargo de confianza, alcanzó hasta el cierre del viernes a las 20 horas 717 menciones directas en redes sociales y medios de comunicación, con 99.72 % de sentimiento negativo y solo un 0.28% de menciones neutras, esto sin contar los miles de comentarios que opinan sin nombrarlo directamente.

El sesgo negativo se vio en los mensajes de los ciudadanos y hasta en los emoticones que utilizaron los medios y varios periodistas para ilustrar la información. Alcanzó más de 39 millones de vistas, esto equivale a que toda la audiencia del país conectada a redes y con internet en el móvil haya visto más de 6 veces menciones sobre el caso.

El impulso orgánico en este asunto es innegable; acá no existe campaña de contraste o desprestigio son los medios replicando y la gente reaccionando de manera natural. Ser diputado o senador es caro. Quien diga que puede cubrir todos los gastos con el sueldo que perciben posiblemente lo haga viviendo en Asunción, de manera austera, ya con casa propia, con los hijos grandes, con la pareja trabajando y con algún residual de empresa, acciones o emprendimientos, sobre todo en la política tradicional.

Si sos del interior, además de mantener tu casa de la ciudad de origen, necesitas algún lugar para residir en la capital, y sumando la movilidad semanal, por mes genera un gasto importante en alquileres, combustible, alimentación, limpieza, personal asistente, ropa y otros.

Esa es una realidad, pero que solo afecta a un porcentaje mínimo de la sociedad que decidió postularse y que fue elegida para responder a los problemas de la gente, para generar soluciones y permitir que los habitantes recuperen la esperanza viendo en el futuro una salida y esto es lo importante. Un elemento no menor es que las apariencias entre pares tienen un alto impacto en la generación de respeto.

Por eso la necesidad de camionetas de alta gama, trajes caros y viviendas ostentosas; acá no existe espacio para que un Pepe Mujica con alpargatas ocupe más de la mitad de las bancas. Ser diputado o senador es caro. Además de los gastos e inversiones que se deben hacer, son necesarios los asesores en las áreas jurídica, económica y social, ya que son pocos los ilustrados que manejan varias cátedras a la vez. Esas personas al estilo Benjamín Franklin, estadista, filosofo, abogado, historiador, miembro del club de economía y hábil pescador de trucha con mosca, ya no existen.

Hoy, gracias al método Ford, tenemos la especialización, y son pocos los que pueden tener una reflexión acertada sobre diversos temas. Por eso, los asesores son necesarios para tener un respaldo en las decisiones, la dirección de los votos y los ajustes de los proyectos tanto como la participación en las comisiones. Pero, sobre todo, legislar exige entender y conocer la realidad social del país donde uno vive. Ya que la situación de unos pocos, no refleja el contexto de la mayoría. En Paraguay, según el INE, 414 mil personas viven en hogares cuyos ingresos son inferiores al costo de una canasta básica de alimentos, eso es, en necesidad extrema. Casi 2 millones de paraguayos viven en la pobreza. Hay miles de paraguayos que llegan al sueldo mínimo con subempleo de por medio, o sea, con más de un trabajo. Y si un legislador no tiene en cuenta este tipo de datos, termina desconociendo lo que siente la población más expuesta, resultando nada empático y dejando de mirar a la ciudadanía para transformarse en un ermitaño del poder. Este alejamiento de la realidad propicia el surgimiento de figuras mesiánicas, anti sistema y violentas que encuentren el espacio para ingresar a las más altas esferas de las decisiones públicas. Los partidos tradicionales deberían tener esto en cuenta para trabajar con sus representantes y lograr ganarse el favor de una ciudadanía disconforme. El biólogo Estanislao Bachrach, luego de ser varias veces premiado con un reconocimiento que dan los alumnos al mejor profesor del año, dejó de enseñar en Harvard, para empezar su tarea de investigación y divulgación en las neurociencias. Él expone que “cuando nos quejamos, generamos dopamina, cuando tenemos la razón generamos dopamina, y eso le da mucho placer al cerebro”.

La ciudadanía ve al político con desconfianza y lo tiene como responsable de sus penas, por eso también cuando se generan situaciones que desembocan en una fácil indignación, el enojo orgánico explota. La campaña de “la otra opción es peor” ya no tendrá cabida si es que el enojo ciudadano se amplifica. Aún existe tiempo para retomar el control de lo que se expresa, del reflejo y la percepción ciudadana. Pero sobre todo aún estamos a tiempo de desarrollar una agenda en la que lo positivo supere los escándalos para equilibrar la balanza.

* Consultor en Comunicación Política, miembro de la Asociación Internacional de Consultores Políticos Digitales

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