El tribunal presidido por la magistrada Gloria Hermosa e integrado por los jueces Darío Báez y Osvaldo Prates, dictó las siguientes sanciones: Isaías Samuel Lagrave, a 25 años de pena privativa de libertad en calidad de autor material; Andy Arrellaga, condenado a 18 años de prisión, en calidad de instigador; y Carlos Wilfrido Villalba recibió 10 años de pena privativa de libertad en calidad de cómplice.
De acuerdo con la reconstrucción de los hechos presentada por el Ministerio Público, el crimen se registró cerca de las 00:40 horas en la intersección de las calles 26 Proyectadas y Teniente Rojas Silva, en el mencionado barrio capitalino.
La investigación determinó que el ataque no surgió como un altercado espontáneo, sino como la segunda fase de una secuencia premeditada.
Según la Fiscalía, previo al desenlace fatal, existió una primera discusión de la que Andy Arrellaga se retiró. Sin embargo, en lugar de poner fin al conflicto, Arrellaga fue en busca de Isaías Samuel Lagrave y regresó con este y otros sujetos.
En ese segundo encuentro, Martínez Báez quedó acorralado e indefenso ante cuatro agresores que golpearon hasta derribarlo.
En medio de la cobarde agresión, Lagrave extrajo un arma de fuego y disparó en dos ocasiones, impactando una de las balas en la cabeza de la víctima y otra en la pelvis, causándole heridas mortales.
La Fiscalía distinguió técnicamente el nivel de responsabilidad de los participantes dentro del hecho punible; es así que en el caso del autor, Isaías Lagrave, fue quien ejecutó de forma directa el hecho al disparar el arma contra la víctima.
Por su parte, Andy Arrellaga fue señalado como el instigador, según la investigación, resultó ser la pieza clave para provocar la llegada del ejecutor al lugar del crimen, tras ir a buscarlo deliberadamente luego del primer pleito.
Finalmente, el tercer condenado es Carlos Villalba, sindicado como cómplice del hecho, ya que facilitó el ataque al formar parte del cerco humano alrededor de Martínez Báez, bloqueando sus vías de escape y anulando sus posibilidades de defensa.
La Fiscalía remarcó que el dolo homicida quedó demostrado por la conducta exteriorizada por los acusados en la escena del crimen.
Según la nota fiscal, las imágenes de cámaras de seguridad, pericias balísticas y testimonios corroboraron que, aun cuando el arma se extrajo frente a la víctima, ninguno de los presentes intentó detener el ataque ni alejarse del sitio; por el contrario, acorralaron a la víctima y huyeron juntos tras los disparos.