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Con aires imperiales, Turquía busca poner pie en el Sur

Estela Ruiz Díaz En TW: @Estelaruizdiaz

Turquía está a 12 mil km de Asunción y a 13 horas de vuelo desde Brasil. Es un país milenario, una exótica mezcla de Occidente y Oriente. Una pequeña porción está en Europa y otra en Asia, unidas por el estrecho de Bósforo. La península de Anatolia es apetecible por donde se la mire. Antes fue la ruta de la seda, hoy del gas y del petróleo. Caminar sus impecables calles, tanto en Ankara (su capital), como Estambul, su ciudad más famosa, es palpitar su rica historia y un pasado de gloria que tuvo como protagonistas a griegos, árabes, persas, selyúcidas. Son las dos ciudades más europeas y menos islamizadas. Fue asiento por más de 600 años del poderoso imperio Otomano cuyo inmenso mapa llegó hasta los Balcanes europeos. Pero su hegemonía se diluyó tras la derrota en la primera guerra mundial, y luego se convirtió en república independiente.

Desde el 2003, Turquía está manejada con mano de hierro por el político islamista Recep Tayyip Erdogan, primero como primer ministro y ahora como presidente, con una alta concentración del poder y escasos contrapesos. Vivimos una nueva era de la resurrección de nuevos emperadores como Vladimir Putin Viktor Orban y Xi Jinping o el mismo Donald Trump con su “Haz grande a EEUU otra vez”. Erdogan se anota en esta lista, y según analistas internacionales, tiene la visión política más ambiciosa que el fundador de la República de Turquía, Mustafa Kemal Atatürk, las dos únicas imágenes políticas que uno ve en las calles, en un indisimulado culto a la personalidad.

POTENCIA. Turquía ha dado un salto económico notable gracias a una estrategia macroeconómica sólida, políticas fiscales prudentes y reformas estructurales. Su inserción al mundo globalizado y sus medidas fiscales lo ubican como la quinta mayor economía de Europa y la 13ª en el mundo. “Sin estabilidad política, no crece la economía”, señaló convencido un funcionario de la oficina de inversiones mientras observaba desde su ventana la magnífica vista al Bósforo.

¿Cómo lo logró? Lo explicó hace tiempo Jeffrey Sachs (el asesor del gobierno paraguayo en materia energética) en un artículo publicado en El País, de España. “Erdogan y su equipo económico decidieron atenerse a lo básico y adoptar una mirada de largo plazo. Aplicaron una estrategia gradual consistente en reconstruir el sector bancario, controlar el presupuesto y mantener un programa continuo de grandes inversiones en las áreas que cuentan: infraestructuras, educación, salud y tecnología”. Pero destaca también las raíces y habilidades de su gente, “reflejo de décadas de inversión y de siglos de historia que se remonta a los tiempos del imperio otomano: para lograr crecimiento a largo plazo se necesitan prudencia monetaria y fiscal, voluntad política de regular a los bancos y la colaboración decidida del sector público y el privado para invertir en infraestructuras, capacitación y tecnologías de avanzada”. Todo lo que le hace falta al Paraguay, sumido en la irresponsabilidad política que privilegia las prebendas y la corrupción como forma de gobierno que si no frena la caída, esa estrella como país emergente de una macroeconomía envidiable que tantos elogios ha arrancado, se apagará.

Turquía tiene vecinos complicados. Tiene nada menos que 3,6 millones de refugiados sirios siendo el país con mayor número de refugiados en el mundo.

POSICIONAMIENTO. En el mundo Turquía ha lanzado una especie de cruzada para cambiar la mirada, que no todo lo musulmán es islámico (como sinónimo de terrorismo). Lo primero es la religión, lo otro es una visión colonizadora que promueve la adaptación de la vida política, cultural y económica a los mandatos del Corán, como Al Qaeda, ISIS, Hezbolá y Hamás.

Así como su ascenso económico fue agresivo, también lo es por las vías diplomáticas y culturales. En el continente americano tiene bases sólidas en México y Colombia, pero ha puesto la mirada al sur y es aquí donde Paraguay entra como protagonista. Las renovadas relaciones con la apertura de embajada en ambos países tiene a la inversión como centro de interés. Turquía es un mercado de 80 millones de habitantes y en medio de su expansión busca posicionar sus inversiones en la región, especialmente en el área de la construcción. Están interesados en la carne nacional. En fin, están en etapa de exploración ya que la enorme distancia no es un obstáculo menor. Le atraen los mercados de Argentina y Brasil, pero ante los altos impuestos y otros factores que encarecen, los inversores turcos miran con mayor atención Paraguay como centro de operaciones.

DISCURSO SIN CORTAPISAS. A la hora de defender sus intereses políticos y económicos, los turcos hablan fuerte y claro, con un discurso único que no tiene variaciones, más allá de la institución que uno visite.

Lo primero que cuentan es el “final feliz” del intento de golpe de Estado que Erdogan sofocó con éxito. Uno de los pocos carteles que se permite en los espacios públicos de la capital, Ankara, señala la fecha 16 de julio del 2016 como “día de la epopeya nacional”.

En materia política, su postura es directa, sin grises y lo proclaman casi con impertinencia. Señalan que están a favor de Palestina y no ven con buenos ojos la apertura de una oficina comercial en Jerusalén. “Es una estratagema para debilitar a Palestina”, señaló un alto funcionario de Cancillería. Otro tema “sensible” es la declaración en el 2015 del Senado paraguayo contra el genocidio armenio, adjetivo que rechazan de plano y piden el levantamiento. “Es importante que Paraguay no sea imparcial en este asunto”, acotaron en referencia a la masacre contra el pueblo armenio durante la primera guerra mundial.

Más de una vez, reclamaron la visita del presidente Mario Abdo Benítez. Erdogan estuvo en Paraguay a finales del 2018 y Marito tuvo que suspender su viaje en julio a raíz del intento de juicio político. “Si iba a Turquía, volvía sin ser presidente”, confesó a un congresista en las horas oscuras de las negociaciones. Todos los acuerdos y convenios serán confirmados tras la visita.

Además de su diplomacia cultural, sus cooperaciones, sus intercambios, sus becas, el aprendizaje del idioma en forma gratuita, otra vía de expansión cultural son sus telenovelas, muy populares en el país. Es el “poder blando” de Turquía, con el que ha inundado los países con sus historias. Después de EEUU, se ubica como el segundo mayor exportador de productos audiovisuales en el mundo. De hecho, en varios países vecinos lo miran con recelo porque lo consideran como una influencia neo imperial.

La diplomacia paraguaya está ante un desafío en un mundo donde las formas delicadas han cambiado por posicionamientos más fuertes. Los imperios, los países poderosos exigen lealtades, a veces sumisiones a sus intereses.

Hoy Paraguay tiene problemas con el asunto israelí/palestino, también se ha sumado un debate álgido sobre el relacionamiento con China Continental versus Taiwán. En el Mercosur, convive con dos gigantes, Brasil y Argentina, cuyos problemas políticos y económicos golpean con fuerza.

Turquía viene marchando con el peso del imperio. Paraguay debe afinar sus habilidades diplomáticas para definir sus intereses y aprovechar al máximo estas relaciones, preservando su autonomía y su propia visión del mundo.

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