18 may. 2026

Claro

A pesar de algunas pocas sanciones penales contra reconocidos delincuentes, la Justicia sigue cómodamente sometida al poder político. Fiscales y jueces asumen su condición de esclavos con mucho sentido de capitulación y normalidad. No quieren ser ni libertos. No les incómoda depender de un Consejo de la Magistratura ante cuyos miembros se deben humillar si aspiran a ejercer la labor de magistrado. Sus miembros se encargan de recordarles con frecuencia a los remolones quiénes son, en realidad, los que cortan el bacalao. Los quieren sometidos, entregados y corruptos. Creímos, tontamente, en la Constituyente que sus miembros, provenientes de distintos estamentos relacionados a la Justicia trabajarían en beneficio de la sociedad y que se controlarían mutuamente. Fallamos. Se pusieron de acuerdo para negociar sus cupos de corrupción para hundir aun más en el descrédito a la desacreditada Justicia.

El caso de una reciente integración de terna en la que dejaron de lado al fiscal del Operativo a Ultranza Py e incluyeron a “Cantero canta 50” es solo una muestra más de nuestra decadencia. El fiscal de origen coreano perdió como la guerra frente al cuestionado Cantero, cuya abyección al poder político tiene varias muestras elocuentes. En realidad, ante la falta de sanciones del JEM con Rivas como titular, lo mínimo que le quedaba a Cantero era renunciar. No. Se mantiene y no sería sorprendente que se postule a miembro de la Corte con título falso, quizás, de la Universidad Sudamericana. La idea del poder político es reafirmar que todos los jueces y fiscales comen de sus amigables manos. Así los quieren y así los tienen. Es todo muy claro y los mensajes no admiten dudas: El poder político manda sobre nuestra justicia y sus “víctimas” son siervos muy agradecidos. Perdemos todos como consecuencia y nuestra Independencia tan mentada en estos días no pasa de ser meramente declamativa. El país vive encadenado por quienes lucran en un ambiente donde la Justicia no pretende existir con un Congreso mayoritariamente integrado por quienes participan y aplauden las acciones vejatorias del poder político.

Esto ya se declaró so’o al punto de que una magistrada denuncie en la prensa la estafa de un curso de doctorado de la Sudamericana que cobró, pero nunca entregó títulos. El coordinador del curso era quien debiera investigar a los estafadores, pero claro cómo podría hacerlo si eso equivale a un harakiri legal. Las argumentaciones del fiscal general Rolón, en realidad, parecen sacadas de un guion de Cantinflas que mientras las afirma y se contradice trastabilla para terminar por el suelo ante la hilaridad general. Jueces estafados y ninguno ha denunciado ante la Justicia porque ni ellos creen en ella a pesar de que su cobardía les pase también la factura.

Se quejan los magistrados y fiscales que son malos, corruptos y dependientes porque no ganan bien. La gran pregunta que nos hacemos los mandantes es si deberían, en realidad, cobrar algo por lo que no hacen, que simulan y que todos saben lo que cantan sus ingresos como el caso de Cantero. Esto es más claro que el agua. No es un problema de plata, es un problema de ética y de coraje. Mientras sigan siendo manoseados con alegría y complicidad no habrá salida a esta cuestión. Si hoy un corrupto reclama aumento de salario frente a aquellos que los nombraron y sus permanencias dependan de ellos, no tendremos solución porque saben de qué madera están hechos.

Nuestra Justicia carece de vergüenza y mientras no se anime a ser digna seguiremos en lo mismo. Al fiscal Deny Yoon Pak dice un miembro del Consejo que le tiene reservado un cargo en el Tribunal de Apelaciones donde lo pueden controlar con dos corruptos que en mayoría votarían en dirección contraria a la suya. Cómo muchos dirán que votan en disidencia, aunque cobren mensualmente el mismo salario de los demás miembros. El sueño: Jubilarse para afirmar después que nunca pudieron ser buenos jueces porque el sistema se encargó de moler sus mejores intenciones. Esto es un círculo vicioso, claramente.

Esto está muy claro. No finjamos más lo que no somos y que nuestros magistrados y fiscales mayoritariamente no quieren ser: Libres ni independientes. No quieren que esto sea una República y no envían nunca una señal liberadora. Claramente, y sin ambages, están felices como esclavos y serviles por eso cantan 50 y más.

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