El gremio advirtió que “cada tormenta vuelve a exponer una realidad que Paraguay ya no puede ignorar: ciudades paralizadas, ciudadanos atrapados y una infraestructura que no está a la altura de las necesidades del país”.
En este sentido, señalaron que el déficit en infraestructura supera los USD 30.000 millones, mientras “el Estado mantiene una deuda cercana a USD 600 millones con las empresas que construyen las obras que el Paraguay necesita”.
Desde Capaco remarcaron que las consecuencias son visibles tras cada lluvia intensa con “calles colapsadas, riesgos para la población y una economía que se frena”.
En esa línea, insistieron en que “Paraguay no puede aspirar al desarrollo mientras su infraestructura siga siendo insuficiente” y alertaron que “sin inversión, el desarrollo es una promesa vacía bajo el agua”.
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El gremio exigió medidas urgentes y previsibilidad, señala que “invertir en infraestructura no es una opción, es una prioridad impostergable”.
Indicaron que “cumplir los compromisos, dar previsibilidad y apostar por las obras que sostienen el crecimiento del país es una decisión que no puede seguir esperando”. Resalta que “construir el país es construir su presente y futuro”.
En los temporales de febrero y marzo, los raudales tomaron las calles de Asunción y el área metropolitana desnudando la precariedad de los municipios y la desidia principalmente en la capital, donde existen obras de desagüe paralizadas desde hace meses y que hoy están convertidas en espacios de mucho peligro para los vecinos.
Barrios enteros en Gran Asunción se quedan bajo agua por causa de la falta de desagüe y también porque los arroyos se desbordan por culpa de las basuras que se arrojan y que el raudal arrastra.
El lunes, el tráfico vehicular se vio colapsado, los semáforos estuvieron fuera de funcionamiento por los cortes de energía eléctrica y la mayoría de los trabajadores tuvieron que esperar horas para regresar seguros a sus casas.