En el vértigo comercial de Ciudad del Este, donde el tránsito de compradores, vendedores y turistas dibuja una postal de dinamismo constante, hay una realidad que transcurre en silencio, a pocas cuadras del microcentro. Allí funciona la Escuela Básica N° 4763 Onorio Takachi, dentro de la comunidad indígena Maka, en un espacio que contrasta con el movimiento económico que la rodea.
Desde hace más de 13 años, la institución no recibe mejoras edilicias. La situación fue relevada por reAcción Paraguay, que además la ubica en la lista de instituciones a ser priorizadas en materia de inversión. Sin embargo, el paso del tiempo no se traduce en obras. La estructura sigue deteriorándose y la comunidad educativa continúa esperando respuestas que no llegan.
“Hace como 14 años que estoy como encargado de despacho y en todo este tiempo no vimos ninguna mejora en la escuela, seguimos prácticamente igual desde que empecé. Tengo una resolución del MEC que me reconoce en este cargo, pero en la práctica lo que hacemos es sostener como podemos el funcionamiento, porque no hay intervenciones ni respuestas concretas para lo que necesitamos”, relata Gabriel Benítez Morínigo.
La escuela funciona con una sola aula en la que se concentran estudiantes de distintos niveles. Desde el primero hasta el sexto grado comparten el mismo espacio físico y pedagógico.
“Tenemos 20 alumnos registrados, pero nuestra realidad como pueblo indígena es distinta porque las familias vienen por temporadas, se quedan un tiempo y después regresan a sus comunidades. Trabajamos con primer y segundo ciclo en la misma aula, tratando de adaptarnos a esa dinámica y a la falta de espacio, porque no tenemos otra sala donde dividir los grados”, explica Benítez. WF