Mañana jueves 8 de agosto, a las 20:00, tendrá lugar el lanzamiento del libro Las voces de la memoria, tomo XI, del escritor y periodista Mario Rubén Álvarez, en la Asociación de Músicos del Paraguay, sita en 15 de Agosto 1365 e/1ª y 2ª. Acceso libre y gratuito.
Tendrá a su cargo la presentación del material Delicia Villagra. Amenizarán el encuentro, intérpretes de las composiciones narradas, entre ellos Ricardo Flecha, Óscar Fadlala, además de Digno Acuña y su grupo. También se suman los talentos de Vicky Díaz, Aníbal Lugo, Luis y Patricia Álvarez, Mirta Noemí Talavera, Néstor Damián Girett y Víctor Riveros.
Desde julio de 1998 hasta noviembre del 2019, el poeta bilingüe (guaraní y castellano), periodista e investigador de la música paraguaya, publicó la serie de artículos Las voces de la memoria en el Correo Semanal de ÚH.
Estas narraciones de las canciones populares de nuestro país suman cerca de mil historias, de las cuales, entre el 2003 y el 2009, Álvarez publicó diez tomos, junto a su coeditor Julián Navarro Vera.
“Esos reúnen más o menos 500 historias. Sobraban todavía muchas desde el 2009 hasta el 2019. De ese segmento, franja, elegí el contenido de lo que ahora es el tomo 11 y pienso publicar también el tomo 12 posteriormente”, comentó Mario Rubén Álvarez a ÚH.
Consultado acerca de cuáles historias calaron más hondo en sus emociones, Álvarez rescata dos que siempre cuenta.
“Conté muchas historias muy emotivas y conmovedoras; sin embargo, dos de ellas son las que guardo en mi memoria: la historia de la música Teniente Luis A. Velilla (Félix Pérez Cardozo) y Che Quyquyhó, dedicada al pueblo del mismo nombre”, detalla.
La canción Che Quyquyhó, dedicada al pueblo del mismo nombre (Paraguarí), surge así: Un buen día, el maestro Antonio Ortiz Mayans, poeta que trabajaba en un diario de Buenos Aires, sube al colectivo que conducía Sixto Cano.
“Este le dice: ‘Maestro, vos quedate nomás ahí, no vayas a pagar el pasaje’. No le cobra el pasaje. Cuando pueden conversan y se van contando sus cosas. Al final del viaje, Cano es invitado por el maestro Ortiz Mayans para comer un asadito”.
El día del asado llega un domingo. Cano va a la casa de Ortiz Mayans, donde comparte con toda la familia. Al término, luego de la sobremesa, Ortiz Mayans le pregunta a Sixto Cano si puede hacer algo por él, si le puede ayudar en algo, y le dice: ”Maestro, lo que yo quiero es un poema, una poesía para mi pueblo”. Ortiz Mayans, luego de las descripciones del lugar, que él no conocía, escribe el poema y se lo entrega a Cano. Al leerlo, se percata de que en él no figura su nombre, por lo que este le vuelve a solicitar un ajuste.
“Vuelve, golpea la puerta y le dice: ‘Maestro, una molestia para usted; aquí quiero hacerle resaltar que yo no figuro (en el poema) y quién mañana va a saber que yo fui el que solicitó hacer esta poesía para mi pueblo. Entonces, Antonio Ortiz Mayans le agrega la última estrofa al poema/canción, la cual dice: ‘Y estos son los versos que Sixto Cano dedica a su pueblo y en su nostalgia, ojaheó’. De esta forma, es como figura el nombre de Sixto Cano en una de las canciones populares de nuestro país”, relató Mario Rubén.
Rescatado de la muerte. La otra canción que marcó a Álvarez es la melodía para arpa Teniente Luis A Velilla, obra de Félix Pérez Cardozo. “El teniente Luis A. Velilla era un excombatiente de la Guerra del Chaco que tenía una esquirla de bala”, relata Álvarez.
La historia se enmarca entre los años 1936/1937. “El teniente Luis A. Velilla fue a Buenos Aires, Argentina, porque tenía en la cabeza una esquirla de bala de mortero, la cual había quedado en un lugar donde no se podía operar. Le dijeron que solo en Buenos Aires había médicos capaces de sacarle y curar su dolor de cabeza. Sin embargo, le advirtieron que tenía 90% de posibilidades de morir en el quirófano y solo 10% de salvar su vida”, expresa el escritor.
Así siguió con el dolor de cabeza, cada vez más intenso. Un buen día, fue junto al médico y le dijo: “Vengo para que me mates, para que me operes. Se opera y, efectivamente, muere. Le dejan en la morgue, y una enfermera se da cuenta de que gime todavía, que no murió, le llevan de vuelta a su cama de hospital”, agrega.
De esto se entera Félix Pérez Cardozo, quien va a al hospital, pide permiso y le toca la obra que le compuso, y cuando termina de tocarla, junto al enfermo, Velilla le toma la mano al músico, abre los ojos y le dice: “Tu música, hermano, me ha devuelto la vida”. “Y ahí termina esta historia, una muy conmovedora donde la música le devolvió la vida a alguien que ya estaba a punto de morir”.
Esas y más historias forman parte del nuevo tomo de Las voces de la memoria.