A pesar de haber sido declarada como Bien de Valor Patrimonial Cultural por la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), la antigua casa de Serafina Dávalos, quien fuera la primera abogada del Paraguay, expone desde la entrada graves señales de destrucción. Las paredes están descascaradas, hay aberturas de madera rotas y mucha vegetación que invade la fachada y las escaleras de acceso.
En el interior, la situación de abandono es total. Los techos están tan deteriorados que dejan ver las vigas y el cielo. Las habitaciones tienen escombros, basura acumulada y restos de plástico y botellas.
En medio del abandono de la propiedad, ahora perteneciente al Instituto de Previsión Social (IPS), la casa además sirve como refugio para personas en situación de calle. En una entrevista con Última Hora, estos ocupantes contaron que la Policía Nacional realiza patrullajes semanales y los retira del lugar.
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En un gesto que contrasta con la desidia institucional, entre los ocupantes incluso manifestaron su voluntad de limpiar la maleza y juntar la basura de la propiedad por cuenta propia, como agradecimiento por el refugio.
Las tareas de mantenimiento en el lugar son en extremo necesarias, puesto que hay una gran acumulación de plásticos y escombros visibles también en el patio.
La propiedad fue objeto de un convenio con la Procuraduría General de la República y la SNC para su restauración y uso administrativo. Lilian Soto, investigadora asociada del Centro de Documentación y Estudios (CDE), explicó que se realizó un llamado para una consultoría que coordinara acciones a ser realizadas en el lugar.
“Pero se declaró desierto y nunca se hizo más nada y el deterioro comenzó a hacerse mucho más evidente. A partir de eso, decidimos juntar estas firmas y acudir a no solamente las autoridades, como el Parlamento Nacional, es decir, también a la Comisión de Equidad y Género, el Ministerio de la Mujer”, informó.
Observó que el sitio podría servir para instalar 10 oficinas o habitaciones que puedan servir para albergar a artesanas. También propuso crear un museo de memoria de la lucha de las mujeres en nuestro país.
Ante la gran respuesta que recibe la propuesta del CDE y otras organizaciones, la Municipalidad de Asunción procedió este viernes a realizar una limpieza en el lugar.
En defensa del legado de una intelectual
En el centro de la movilización por el rescate de la memoria de Serafina Dávalos, la pareja conformada por la sobrina y nieta de Dávalos, la actriz y psicoanalista Rosemary Dávalos, y el reconocido actor Gustavo Ilutovich, reside como el motor de un esfuerzo que trasciende lo familiar para convertirse en una causa nacional.
Como integrantes de la Asociación Rescatando a Serafina, ambos lideraron a lo largo de los años una lucha contra el olvido y el deterioro físico de la histórica casona.
Para Rosemary, esta misión tiene una raíz profundamente afectiva y de orgullo familiar. En una entrevista con este diario, la mujer destacó que el brillo intelectual de Serafina siempre fue motivo de admiración en su familia.
“Todos en la familia sabían que lo último que a la tía Serafina se le podía pedir prestado era un libro. Porque no prestaba sus libros a nadie. Incluso papá me decía a mí ‘Serafinita’ cuando era chica, porque decía que yo con mis revistas y mi librito era una malcriada y no quería prestarle a nadie”, había contado Rosemary.
Por su parte, Ilutovich canalizó esta lucha a través del arte, escribiendo la obra teatral Serafina, ¿dónde estás?, una pieza de ficción basada en hechos reales que busca revitalizar la historia de Dávalos y su pareja.
Ambos ya impulsaron acciones concretas que van desde costear excavaciones en el sótano de la vivienda para buscar indicios sobre el paradero de Serafina, hasta gestionar homenajes en la Corte Suprema de Justicia para que su legado intelectual no sea opacado.
“El Colegio Nacional de la Capital tiene un centro de estudiantes que se llama Serafina Dávalos, que cumplió 20 años. Nos sentimos todos orgullosos de haber conseguido que la Corte Suprema de Justicia le rinda un homenaje en el Salón Auditorio, que decidieron llamar Doctora Serafina Dávalos”, recordó Rosemary.
La labor de ambos, así como también la del CDE y otras organizaciones civiles, se concentra ahora en lograr que la propiedad se restaure, antes de que el deterioro estructural termine borrando la huella material de una mujer que, como contó su nieta, poseía valores nobles y una elogiable disciplina intelectual.
Una vida con compromiso social y feminista
Serafina Dávalos nació el 9 de setiembre de 1877 en Coronel Oviedo, anteriormente conocida como Ajos, en Caaguazú. Doctora en Derecho en 1907, fue jueza de la Nación en una época en la que las mujeres aún no podían votar. Fue esta, de hecho, una de sus luchas a las que dedicó su tesis, titulada Humanismo, en la que aborda como una pionera los cuestionamientos feministas hacia la familia, la naturaleza social y económica del hombre y la subordinación de las mujeres.
Fundadora de gremios y asociaciones que defendían el derecho de las mujeres por su ciudadanía y su voto, vivió como una adelantada en una sociedad que aún no veía con buenos ojos las ideas que representaba con sus acciones.
Dávalos llevó la emancipación de las mujeres como un imperativo a lo largo de su vida. En 1896 formó parte del grupo de preceptoras que respaldó a las educadoras Adela y Celsa Speratti en su objetivo de que el gobierno de entonces habilite una escuela normalista para mujeres. Logrado el objetivo, Serafina fue parte de la primera promoción de graduadas, en 1898. Luego, en 1901, obtuvo el título de Bachiller en el Colegio Nacional, y comenzó a enseñar en la misma institución al año siguiente.
Fundó la Escuela Mercantil de Señoritas en 1905 y fue miembro de la Liga Pro Derechos de la Mujer en 1951. Se destacó como una incansable defensora del derecho al voto y a la educación de las mujeres. Falleció algunos años antes (1957) de la promulgación de la Ley 704 de 1961 “De los Derechos Políticos de la Mujer”, que permitió a las mujeres paraguayas votar por primera vez en el país.