15 sept 2026

Carlos Franco: “Mi primer palo fue una rama de árbol”

EJEMPLO. El golfista paraguayo ganador de importantes torneos internacionales, como el Japan Golf Tour, asegura que gracias a la disciplina logró que un ciclo que comenzó con un gajo termine con una cancha propia.

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Me llamo Carlos Franco y nací en Asunción, Paraguay, el 24 de mayo de 1965. Soy hijo de Francisco Javier Franco y Danila Ojeda, oriundos de Trinidad y Capiatá, respectivamente. Mi familia es de origen humilde; somos numerosos hermanos: seis varones y una mujer.

El golf entró a mi vida desde muy temprano. Mi padre era funcionario del Asunción Golf Club y eso me permitió dar mis primeros pasos en ese deporte cuando tenía apenas siete años. No lo sabía entonces, pero ese deporte me iba a dar todo en la vida. Me enseñó disciplina, respeto y perseverancia. El primer “palo” que tuve fue, en realidad, una rama de árbol que encontré allí mismo en el club. Recuerdo también que, de chico, vendíamos empanadas para subsistir. Pero uno aprende a soñar con lo que tiene.

El camino no fue nada fácil. Tuve que abandonar los estudios tempranamente para poder trabajar. Formé familia muy joven: Me casé con Celsa a los 23 años y tenemos cuatro maravillosos hijos, dos varones y dos mujeres. A lo largo de todos estos años me han dado muchas satisfacciones, aunque también me exigieron mucho sacrificio.

A los 21 años di un gran salto al iniciarme profesionalmente con giras por Sudamérica, donde gané varios torneos a nivel regional. En 1991 viajé por primera vez a Europa y en 1993 retomé el circuito. En 1994 comencé mi primera gira asiática, lo que me abrió nuevos caminos. El momento que marcó un antes y un después, llegó en 1999, cuando fui elegido rookie del año. Eso me abrió puertas mucho más grandes.

El mundo del golf es más complejo que cualquier otro deporte. Funciona a través de niveles, y esos niveles son exigentes. No voy a mentir: Contar con respaldo económico es muy importante, sobre todo cuando uno juega de visitante. Son largos periodos en los que hay que solventar no solo la estadía, sino también al equipo que lo acompaña a uno, y mantenerse competitivo frente a rivales de primer nivel. Pero pude sortear esos obstáculos.

Fueron largas las giras fuera del país: Asia, Europa, Estados Unidos. Tener a la familia lejos nunca es fácil, pero el golf también es eso: disciplina de vida, no solo de juego. Competí codo a codo con Tiger Woods, con el primer ministro de Australia, con el primer ministro de Japón. Recorrí el mundo, 48 países, muchos torneos y trofeos. Sin embargo, mis 39 años de casado son mi mayor trofeo. Mi familia es lo que más me enorgullece.

En retrospectiva, quizás también habría elegido el tenis, que me gusta mucho. Pero lo que tiene el golf es que es un deporte basado en el respeto, y eso siempre me atrajo. El que no entiende eso no va a lograr nada. El que quiere sortear las reglas o “hackear” el sistema tarde o temprano será sancionado de por vida y nunca más pisará un torneo profesional. La honestidad no es opcional en este deporte, es la base.

Cuando pude ganar dinero con el golf, siempre tuve el sueño de tener mi propio campo. Y pude materializarlo en Arroyos y Esteros, no muy lejos de Asunción y de la ruta. Son 106 hectáreas que representan el fruto de años de trabajo, de sacrificio, de viajes y de mucha disciplina. Fue el cierre de un ciclo. Un ciclo que empezó con una rama de árbol y terminó con una cancha propia.

Hoy sigo compitiendo, porque esa es una ventaja enorme del golf, es un deporte que uno puede proyectar a largo plazo. A mi edad aún puedo competir profesionalmente, aunque con la honestidad que corresponde: no puedo hacerlo contra los más jóvenes. Así que compito con los de mi categoría. El golf es un deporte de caballerosidad, también en eso.

Gané más de 20 torneos latinoamericanos, cinco veces el Japan Golf Tour y cuatro torneos en la máxima categoría del PGA Tour en Estados Unidos, la liga más competitiva de golf a nivel mundial. De hecho, en dicha liga fui el primer novato en pasar la marca del millón de dólares y en 1999 fui elegido como “novato del año”. Hasta llegué a estar entre los 50 mejores del ranking mundial en varias ocasiones.

El 22 de octubre del 2000 durante la disputa de la Copa Presidente, hice el mejor golpe de mi carrera, el albatros. La acción fue electa como uno de los 10 mejores tiros del prestigioso PGA Tour. En la misma competencia superé a Hal Sutton en singles y haciendo equipo con Shigeki Maruyama en cuatro bolas al mítico Tiger Woods y Notah Begay III.

Representé al país en los Mundiales de 1993, 2000 y 2003. En mi primera incursión mundialista en Saint Andrew, Escocia, junto a mi hermano Ángel Franco y Raúl Fretes quedamos con la quinta ubicación en el certamen con memorables victorias sobre Gales y el elenco local, cayendo ante el monarca, Estados Unidos.

Disputé en total 285 torneos del PGA Tour, logrando el título en 4 oportunidades y siendo Top 10 en 24 torneos.

Pude jugar codo a codo con Miguel Gayol, mi gran amigo, quien me regaló mi primer palo de golf de verdad.

A él le debo mucho. Sin embargo, fui autodidacta toda mi vida, no tuve a alguien que me guiara paso a paso, tuve que arreglármelas solo. Pero por eso mismo me gustaría ser mentor de las nuevas generaciones de golfistas paraguayos. El golf profesional paraguayo no puede terminar conmigo.

Creo que en la vida uno tiene que tener apetito por salir adelante, hambre de ganar, el que no tiene hambre no busca comida, así nomás. Y yo tuve muchos deseo de triunfar. Mis padres me vieron triunfar, pero en mis inicios no de senior.

El éxito es muy relativo, te acerca a mucha gente y también hay que saber manejar eso, estar rodeado de las personas adecuadas. Ese es el papel que jugó mi familia, principalmente mi señora Celsa, mi confidente, mi compañera. Sin ella, todo hubiera sido muy distinto. Además hizo un magnífico trabajo con los chicos.

El golf puede aportar muchísimo en la vida. Lo recomiendo a quien tenga la posibilidad porque en la vida hay que soñar, y hay que soñar con posibilidades. Miro atrás y pienso que la vida es bella cuando se la entiende como un proyecto en el que uno trabaja día a día. Ese es el mensaje que quiero dejar.

  • “Sigo compitiendo, porque esa es una ventaja del golf; es un deporte que uno puede proyectar a largo plazo. A mi edad aún puedo competir profesionalmente.”
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