27 feb. 2024

capital humano

El proyecto de Presupuesto 2023 será el eje del debate en las próximas semanas, por las características de la propuesta del Ejecutivo como por los cambios que intentarán realizar en el Congreso. La propuesta genera preocupación por la persistencia de la deuda que presiona por mayor endeudamiento y por las restricciones que conlleva a costa del bienestar de las personas. El Presupuesto necesita cambios estructurales que no son asumidos por las autoridades, dejando para las próximas gestiones este tremendo desafío.
La deuda pública sigue creciendo sin interrupción, poniendo en riesgo las finanzas públicas y, sobre todo, la capacidad del Estado de proveer servicios públicos. Cada vez mayores recursos se destinan al pago de los compromisos de la deuda, reduciendo la posibilidad de que los mismos se destinen a programas que beneficien de manera directa a la gente. En paralelo, la presión tributaria se mantiene y la microeconomía se deteriora, dando lugar a una combinación explosiva para el Estado en su rol de proveedor de servicios públicos básicos y para la mayoría de los hogares paraguayos que no cuentan con recursos suficientes para financiar esos servicios por la vía privada.
Más de una década de altos niveles de crecimiento económico no lograron cambiar la posición relativa de nuestro país en las estadísticas del desarrollo, aunque sí nos ubicaron como país de ingreso medio-alto. Paraguay está en un momento clave para discutir un nuevo modelo de crecimiento que contribuya mucho más al desarrollo. Pero ello requiere que políticos y autoridades económicas dejen el discurso simplista y cómodo y que la ciudadanía se comprometa con una participación activa y constructiva en la discusión.
El martes pasado participé del Primer Congreso Paraguayo de Investigadores y Hacedores de Políticas Públicas, organizado por el Ministerio de Hacienda con el apoyo del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). Un excelente evento que tuvo como participantes a economistas de primer nivel internacional, incluyendo a un reciente premio nobel.
La corrupción tiene más costos económicos de los que generalmente la ciudadanía dimensiona. No es fácil cuantificar, debido a la gran cantidad de costos invisibles, aunque es fácil dimensionar utilizando el sentido común. Por otro lado, también hay un problema ético; por ejemplo, la corrupción en salud, ¿cómo se cuantifica la pérdida de la vida de una persona por la falta de medicamentos o la gestión prebendaria o partidizada de los recursos humanos? ¿Es posible ponerle un valor a esa vida perdida? Los costos económicos de la corrupción son inconmensurables, obstaculizando cualquier aspiración de crecimiento económico, desarrollo y mejora de la calidad de vida.
El año 2022 tendrá grandes desafíos en materia económica. Uno de los más importantes es la renegociación de Itaipú, tema fundamental para el desarrollo presente y futuro del país. Otros desafíos igual de importantes y estrechamente vinculados entre sí también se imponen, como el fortalecimiento de los sistemas de salud y protección social, la transformación educativa, una política de desarrollo productivo que impulse a las mipymes, a la agricultura familiar y un proceso de industrialización. Nada de esto será posible sin recursos y sin una acción decidida por el cambio en Paraguay. El año 2022 nos da la oportunidad de debatir y acordar objetivos de desarrollo que nos lleven a la transformación. Itaipú constituye un pilar para el cambio por los recursos económicos y la energía que provee. Su renegociación debe estar enmarcada en objetivos nacionales.
El presidente de la República, Mario Abdo Benítez, expuso la estrategia utilizada por el Paraguay en el marco de la lucha contra el coronavirus (Covid-19) en la 73ª Asamblea de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El vicepresidente del Banco Mundial para América Latina, Axel van Trotsenburg, instó a Paraguay a invertir más en educación y salud.
Los pobres están excluidos del sistema educativo antes de llegar a la Educación Media, por lo que la inversión pública para educación superior beneficia a los más ricos, analizó el Banco Mundial.