06 ene. 2026

BOLIVIA: De la crisis a la esperanza

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Durante los últimos veinte años, salvo un breve periodo, Bolivia ha estado gobernada por el partido Movimiento al Socialismo (MAS), liderado de 2005 a 2019 por Evo Morales, y de 2020 hasta ahora por Luis Arce. Por varios años, el modelo estatista del MAS fue señalado como un paradigma de éxito económico y social, con significativas mejoras en los índices de pobreza y acceso a políticas sociales, sobre todo en salud y educación.

Sin embargo, este modelo se basó en los excepcionales ingresos durante el llamado superciclo de las materias primas (en el caso boliviano de 2004, un año antes del ascenso del MAS al poder hasta 2014), periodo en el cual la producción de gas aumentó de aproximadamente ochocientos millones de metros cúbicos a más de dos mil millones de metros cúbicos, con sustanciales aumentos del precio del mencionado bien. Hoy, la producción de gas ha vuelto a los niveles de 2004, con inciertas prospecciones de yacimientos adicionales, y con un Estado desfinanciado y agobiado por los compromisos financieros adquiridos durante la época de bonanza gasífera. Durante estos años de bonanza, el Estado boliviano recibió 50.000 millones de dólares adicionales, a los que se suman 34.000 millones de dólares obtenidos mediante deuda pública, los que combinados representan aproximadamente 200% del producto interno bruto (PIB) de Bolivia en 2.024.

El Estado gastó todo este excepcional caudal de dinero en obras, muchas de ellas de gran valor social, como por ejemplo en salud, así como en subsidios al combustible y los alimentos, lo que llevó al país a su Estado actual de crisis. La no reinversión en prospección de nuevos yacimientos de gas provocó que los valores de producción volvieran a los niveles de 2004, causando una sensible reducción de ingresos al Estado. Al mismo tiempo, la continuidad de los programas de subsidio, sobre todo a los combustibles y, en menor medida, a los alimentos, ha causado unos niveles de déficit fiscal cercanos este año al 12% del producto interno bruto, llevando la deuda pública a cerca del 100% del PIB, provocando dudas sobre la capacidad del Estado boliviano de honrar sus compromisos financieros. La escasez de combustible amenaza hacer fracasar la cosecha agrícola en el país altiplánico, que irónicamente marcó cifras récords, y la escasez de alimentos afectó seriamente la imagen del Gobierno. El dólar también sufre una sistemática escasez, con la tasa de cambio en el mercado negro a cerca del doble de la tasa oficial, de 6.90 pesos bolivianos por dólar. Como consecuencia de las escaseces de combustible y alimentos, así como de la tasa del dólar, la economía boliviana ha experimentado crecientes niveles de inflación, que se ubica al 15% de enero a julio y a 25% anual entre julio de 2024 y julio de 2025. El crecimiento del PIB fue de apenas 0,70% el año pasado, y este año, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial proyectan un crecimiento de 1.2% y 1.1%, respectivamente, conformando un fenómeno conocido como estanflación; es decir, estancamiento económico con inflación. La caída de las exportaciones ha significado la estrepitosa caída de las reservas monetarias del Banco Central, desde 15.122 millones de dólares en 2014 a 1.976 millones de dólares a fines de 2.024. De esta cifra, solo menos 200 millones está en divisas extranjeras, y el resto en oro, difícil de colocar en grandes cantidades en el corto plazo.

El gobierno de Luis Arce ha sido objeto de una peculiar doble oposición, tantos de partidos de derecha y centro derecha como de la facción del MAS que responde al ex presidente Evo Morales, proscrito como candidato por decisión del Tribunal Supremo Electoral, y con orden de captura, acusado de abuso sexual y trata de personas, refugiado en el Chapare y protegido por sus seguidores más cercanos.

Morales ordenó el bloqueo de ciudades en su obsesión por lograr su habilitación como candidato, provocando el agravamiento de la escasez de alimentos y combustibles en varias ciudades del país. Sus seguidores en el Poder Legislativo han votado junto con la oposición respecto a las solicitudes de préstamos internacionales por parte del Gobierno de Luis Arce, denegándole sistemáticamente las respectivas aprobaciones. Por cierto, Arce no puede negar su responsabilidad en la debacle económica de Bolivia, pues fue ministro de Economía durante los gobiernos de Evo Morales.

La aguda crisis económica que sufre el pueblo boliviano provocó resultados electorales catastróficos en las recientes elecciones para el MAS, cuyo candidato a presidente, Eduardo Castillo, solo recibió 2% de los votos, mientras que los tres principales partidos de centro y centro derecha obtuvieron un porcentaje combinado de 77%. El voto nulo, preconizado por Morales para intentar deslegitimar el proceso electoral, alcanzó un nivel de 18%, nunca visto en una elección en Bolivia. Sin embargo, los esfuerzos de Morales no surtieron efectos y lo deslegitimaron aún más ante el pueblo boliviano. El MAS no logró ni un solo senador, y solo consiguió un diputado, quedando así el Legislativo en manos de las tres principales fuerzas políticas, las lideradas respectivamente por Rodrigo Paz, Jorge Tuto Quiroga, quienes pasaron a segunda vuelta a ser realizada el 19 de octubre, y por Samuel Doria, quien quedó tercero a pesar de haber aparecido de manera consistente en las encuestas como el principal candidato a obtener la Presidencia, siendo relegado al tercer puesto. Estas tres agrupaciones políticas tendrán tanto el desafío como la gran oportunidad de negociar grandes acuerdos para sacar a Bolivia del marasmo económico en el que se encuentra.

La votación del domingo resultó sorpresiva, pues las encuestas daban como principales candidatos a Samuel Doria Medina y al ex mandatario Jorge Tuto Quiroga, identificados con la centro derecha, sobre todo en el caso de Quiroga, quien ya había gobernado el país en el periodo 2001-2002, al reemplazar al presidente Hugo Banzer, quien renunció por enfermedad. Rodrigo Paz aparecía con solo 8% de los votos. Los resultados electorales dieron. A Paz 32.06% a Quiroga 26.70% y 19.69% a Doria Medina.

Rodrigo Paz ha tenido a lo largo de su dilatada carrera política un recorrido ideológico que ha abarcado tanto pensamientos de derecha como de izquierda. Para la reciente elección, se proyectó como un líder de centro, si bien habla claramente de una agenda capitalista. Entre sus propuestas señaladas como las que le granjearon el apoyo de la significativa proporción de bolivianos que expresaban que aún estaban indecisos respecto del candidato a quien le votarían, destacó su regla “50-50”. Actualmente, el Gobierno central de Bolivia se queda con el 80% de los ingresos del Estado, quedando solo el 20% para las regiones, que Paz plantea cambiar radicalmente al transferir el 50% para las regiones y las universidades públicas. Asimismo, su plan de “capitalismo para todos” comprende una reducción del número de funcionarios públicos, que aumentó significativamente durante los gobiernos del MAS, así como una radical disminución de impuestos, que quedarían en torno al 10%, y una disminución de las tasas de interés para préstamos dirigidos a la producción y el comercio a menos del 10% anual. Del mismo modo, Paz plantea una reducción de aranceles aduaneros para dinamizar la competitividad en la economía boliviana. En otras áreas, Paz plantea una profunda reforma judicial y combatir la corrupción en aduanas. Paz ha sido enfático en que no recurrirá al FMI para obtener fondos que permitan estabilizar la economía, pues dichos préstamos conllevan medidas de austeridad que no siempre contribuyen a la estabilización y el crecimiento económico. Finalmente, Paz prometió el cierre de las empresas estatales deficitarias, que le cuestan 90.000 millones de pesos anuales al estado boliviano (unos 13.000 millones de dólares a cambio oficial).

Es importante señalar que, al margen del programa económico de Paz, tuvo una gran incidencia en la votación su elección del Capitán de Policía Edman Lara como candidato a vicepresidente. Lara se hizo conocido por sus recurrentes denuncias sobre la corrupción en las filas policiales, que terminaron con su expulsión de la institución. Lara se hizo famoso en redes, donde el pueblo boliviano pudo dimensionar los altos niveles de corrupción policial y el coraje personal de Lara para denunciarla.

Por su parte, Jorge Tuto Quiroga plantea una visión más ortodoxa de la economía, con una agenda de privatizaciones y una profunda reforma y reducción del Estado. A diferencia de Paz, plantea recurrir al FMI para lograr la estabilización de la economía boliviana. También desmarcándose de Paz, quien plantea el fortalecimiento de los vínculos con el Mercosur. Quiroga ha criticado a dicho bloque, en particular por el arancel externo común, que él considera resta autonomía a los países miembros. Quiroga plantea un acercamiento comercial con la Argentina, donde el Gobierno actual tiene ideas semejantes a las del candidato derechista boliviano. En cuanto a las relaciones con Estados Unidos, ambos candidatos proponen un acercamiento a Washington, que impuso un arancel aduanero de 15% a los productos bolivianos. Finalmente, Quiroga, de manera similar a Paz, plantea un impulso a la minería del litio, del cual Bolivia tiene las mayores reservas a nivel mundial, mediante la inversión privada. En cuanto a la inserción internacional, durante los veinte años de gobierno del MAS, Bolivia intentó acercarse a gobiernos progresistas como el del brasilero Lula da Silva y los argentinos Néstor y Cristina Kirchner, así como de Alberto Fernandez, adoptando una actitud de confrontación con Estados Unidos e intentando un acercamiento creciente con China y Rusia. Tanto Paz como Quiroga planean un giro radical en las relaciones internacionales bolivianas, con un nuevo acercamiento a Occidente.

En resumen, el MAS ha pagado caro por sus medidas populistas y la consiguiente crisis económica, y se abre ante los bolivianos una esperanza de cambio positivo ante dos candidatos preparados académicamente y con gran trayectoria en el sector público. El camino de cualquiera de ellos hacia una Bolivia más próspera constituirá un gran desafío que requerirá dotes de liderazgo, capacidad de negociación con los miembros del legislativo boliviano y una gran visión de reinserción internacional tras dos décadas de acercamiento a Rusia y China y alejamiento de Estados Unidos por parte del MAS.

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