El recuento del periodo que fenece nos lleva a observar las cuentas de los órganos de decisión para notar que todavía queda mucho en el debe, sobre todo en lo que se refiere a brindar desde el Estado los servicios básicos que merece cualquier población y que en Paraguay está aún lejos de alcanzarse.
Mientras el último y rimbombante anuncio desde el BCP sobre proyección del PIB en torno al 6%, ubica al país por encima de cualquier otro de la región y genera expectativa en los inversores externos; las tareas domésticas siguen a los tumbos porque desde el mismo Gobierno se aplica un populismo selectivo y cuando le conviene.
Por ejemplo, la Caja Fiscal aún sigue desangrando las arcas del Estado, con amplios porcentajes de pérdida en lo que se recauda tributariamente, a pesar de los récords que se baten mes a mes gracias a la nueva estructura de la DNIT; en tanto que la reforma previsional se extiende más de lo debido, ya que toca fuertes intereses arraigados y la decisión final perjudicaría enormemente a los trabajadores y jubilados.
Se suman la negativa del Ejecutivo a honrar deudas con las vialeras por obras ya ejecutadas porque que ese monto millonario en dólares impactará directamente en los cálculos para el déficit fiscal, y con ello no se llegaría a la convergencia prometida una y otra vez a los organismos multilaterales y a las calificadoras de riesgo. Ergo, un sector que mueve a la economía ya está furioso, por no cumplirse los compromisos.
Frente a las inversiones que no llegan tal como se creía al alcanzar el grado de la calificadora Moody’s en julio de 2024, el sistema eléctrico es uno de los que padece la falta de inyección de capital para mejorar el ámbito de distribución, y ya se encendieron las alertas buscando potenciar las fuentes de energía, además de alternativas, atendiendo a que en una década colapsará todo si no hay opciones al respecto.
La mejora de la infraestructura, en general, también es un aspecto señalado siempre por los analistas, y que constituye un déficit local para la competitividad, al igual que la seguridad jurídica para las inversiones, segmentos que aparecen como trabas reales para alcanzar la siguiente calificación de grado.
Abordemos el problema del pésimo transporte público, que recién en este fin de año tiene su corolario con la polémica sanción de una ley que, a criterio de los conductores del transporte urbano, les perjudica en varios artículos.
Todavía hay tela que cortar en este segmento porque existe de por medio amenaza de una huelga de dos días; mientras desde el sector empresarial también advierten que no quieren quedarse fuera del futuro negocio, además de seguir presionando por el subsidio al boleto.
La verdadera reforma agraria es un cuento de hadas en un país desigual como Paraguay, donde existe aún concentración de la propiedad rural en manos de pocos referentes, emparentados con grupos de poder, fuertes gremios y alineados en muchas ocasiones a la política estatal de postergar el abordaje de la problemática campesina.
Si bien la inflación es un fenómeno mundial, no está exenta de irregularidades a nivel local: Especulación con precios inflados, lo que se nota en el rubro de la carne bovina y algunos frutihortícolas; agujereando más el bolsillo de miles de familias con ingresos por debajo del mínimo legal, ya que también la informalidad sigue campeando orondamente en la economía real.
El Ejecutivo se desentendió de casi todos los problemas tangibles y que ya son una bomba de tiempo, enfocado solamente en nuevos viajes a cualquier parte y si ningún interés de Estado; mientras busca eludir nuevos escándalos que salpican a ese estamento u otros relacionados, especialmente cuando sobrevuelan el narcotráfico, los nepobabies o las licitaciones amañadas para beneficiar al entorno de siempre.
Así las cosas, aspiramos a que 2026 traiga alivio a la población y menos turismo al primer mandatario.