La semana que pasó se presentó en Paraguay el informe regional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). La región enfrenta una “triple trampa” de bajo crecimiento, alta desigualdad y baja capacidad institucional. Paraguay, un país que durante la última década ha sido elogiado por su crecimiento económico, también presenta trampas estructurales.
Desde principios del siglo XXI, Paraguay ha experimentado una trayectoria ascendente en sus indicadores de bienestar.
En el año 2000, el valor del IDH para Paraguay se situaba en 0,664 pasando a 0,756 en 2023, lo que lo sitúa en la categoría de Desarrollo Humano Alto. Esta evolución ha sido impulsada por el avance en los tres componentes del índice. La Esperanza de vida que aumentó de 70,0 años a aproximadamente 74,0 años en la actualidad, mientras que el promedio de años de instrucción ha pasado de 6,8 a 8,9 años, reflejando un mayor acceso al sistema educativo formal.
El ingreso nacional bruto (INB) per cápita que a pesar de las fluctuaciones, Paraguay logró duplicar en dos décadas, pasando de unos USD (PPP) 8.700 en 2000 a cerca de 15.200 en 2023.
No obstante, el informe regional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que incluye a nuestro país titulado “Bajo presión: Recalibrando el futuro del desarrollo en América Latina y el Caribe”, advierte que estos promedios esconden importantes desigualdades que no han podido disminuirse de manera sustancial.
Al ajustar el IDH por desigualdad (IDH-D), Paraguay experimenta una pérdida cercana al 20% de su valor, una de las mayores en la región, lo que indica claramente que el progreso no se distribuyó equitativamente.
El informe Bajo presión destaca que la estructura productiva paraguaya, altamente dependiente de la exportación de commodities (soja y carne), genera una “trampa de bajo crecimiento” en empleos de calidad. Paraguay se ubica entre los países de menor índice de complejidad económica y con altos niveles de informalidad –60% de la fuerza laboral paraguaya–, lo que significa que seis de cada diez trabajadores no tienen acceso a seguridad social ni a pensiones. Esta precariedad laboral impide la movilidad social ascendente, manteniendo a las familias en un estado de vulnerabilidad en el que cualquier choque externo puede devolverlas a la pobreza.
Uno de los conceptos más innovadores del informe del PNUD es la resiliencia del desarrollo.
Paraguay ha demostrado una notable capacidad de recuperación macroeconómica tras la pandemia del Covid-19, con un crecimiento del PIB del 5,3% en 2023, según las estadísticas oficiales. Sin embargo, esta resiliencia es frágil a nivel de los hogares.
El cambio climático se presenta como la presión más importante para la evolución futura del país.
Paraguay es altamente vulnerable a eventos climáticos extremos. Las sequías y las olas de calor generan caídas del PIB y de productividad a nivel nacional y pérdida de ingresos y activos de los hogares evidenciando que el modelo de desarrollo está “bajo presión” ambiental. El informe señala que sin una inversión significativa en infraestructura resiliente y diversificación económica, los logros en reducción de pobreza podrían revertirse.
En términos de educación, persisten brechas de acceso por nivel económico de los hogares mientras que la calidad sigue siendo el gran desafío. Las pruebas estandarizadas (como PISA-D) sitúan a los estudiantes paraguayos en los niveles más bajos de la región, lo que sugiere que el capital humano necesario para escapar de las trampas no se está formando adecuadamente.
La historia reciente de Paraguay es una de éxito macroeconómico, pero de deuda social persistente. El país ha logrado ascender en la escala del desarrollo humano, pero este avance está “bajo presión” debido a su escasa complejidad económica, la desigualdad sistémica y la vulnerabilidad climática, estamos expuestos a la triple trampa.
Como sugiere el informe del Programa para el Desarrollo, la salida es una recalibración profunda: Debemos pasar de un modelo de crecimiento basado en la explotación de los recursos naturales a uno basado en el conocimiento, la equidad y la sostenibilidad ambiental.