07 may. 2026

Azara y el río Corrientes o Apa como frontera luso-española

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Imagen del Mapa das Cortes o Mapa dos confins do Brazil com as terras da Coroa da Espanha na América Meridional, de Alexandre de Gusmão (1749), sobre el que el rey de España, Fernando VI, y el de Portugal, João V, acordaron la línea divisoria de sus reinos (indicada en línea roja) en el Tratado de 1750, misma línea fijada en el de 1777 en el que se observa al río Corrientes (Apa) en recuadro rojo a la altura del paralelo 22° por encima del Trópico de Capricornio y al río Mbotetey, en recuadro azul, a la altura del paralelo 19° 40’.

José Luis Martínez

Investigador

En la revisión de la línea divisoria entre los reinos de España y Portugal, producto de aquellos tratados de Madrid de 1750 y de San Ildefonso de 1777, hemos estudiado un singular documento que contiene comentarios sobre las tareas del capitán Félix de Azara, tercer demarcador real. Se trata de la obra “Historia de la demarcación de Límites en la América entre los dominios de España y Portugal”, autoría de D. Vicente Aguilar y Jurado, oficial 2° de la Secretaría de Estado, y de D. Francisco Requena, brigadier e ingeniero de los Reales Ejércitos, editor: Florencio Varela, Uruguay (1846). En esta obra se detallan las “disputas” entre demarcadores españoles y portugueses sobre ciertos y determinados tramos de la línea.

Se incluyen referencias numeradas de las ocurrencias de aquellas complicadas demarcaciones, siendo la más importante el inconveniente que resultó para lograr la demarcación de la línea inserta en el artículo 9 del Tratado, desde el Paraná hasta el Paraguay, desde la boca del río Ygurey en la vertiente del Paraná y siguiendo por el probable río Corrientes en la vertiente del Paraguay.

El artículo habla del arranque de esa línea en la desembocadura del río Ygurey y como este río no fue ubicado en el terreno se consideró sustituirlo planteándose otro río como candidato; los portugueses hablaron del Garey (por debajo de los Saltos del Guairá) y los españoles hablaron del Yaguarí o Monice o Ivinheima (por arriba). Dado este percance, Azara propone al monarca español lo que se lee en la referencia N° 162 ”… que el Ygurey era el río que muy por encima del salto grande del Paraná se conoce con el nombre de Iguarey o Yaguarey (M) y también con los de Monice o Ibiñeima, el cual encabeza con el que se conoce por el (río) Corrientes (N) reconocido por los demarcadores del año de 50” (sic) (p.31). En la referencia siguiente, la N° 163, Azara argumenta su propuesta alegando que el nombre Ygurey tiene semejanza fonética con Yaguary o Yaguarey y remata diciendo que es un río caudaloso que entra en el Paraná “por encima de su Salto Grande y por la banda occidental, y encabeza con el (río) Corrientes” (sic) (p. 32). Y la cosa empieza a tener cuerpo pues en la referencia N° 164 se lee:

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Imagen del Mapa das Cortes o Mapa dos confins do Brazil com as terras da Coroa da Espanha na América Meridional, de Alexandre de Gusmão (1749), sobre el que el rey de España, Fernando VI, y el de Portugal, João V, acordaron la línea divisoria de sus reinos (indicada en línea roja) en el Tratado de 1750, misma línea fijada en el de 1777 en el que se observa al río Corrientes (Apa) en recuadro rojo a la altura del paralelo 22° por encima del Trópico de Capricornio y al río Mbotetey, en recuadro azul, a la altura del paralelo 19° 40’.

“Persuadida nuestra corte de estas sólidas razones de Azara, determinó que la demarcación se hiciera según proponía: a saber: que continuara la línea y común navegación del Paraná hasta la boca del Yaguary o Yaguarey (M) y que siguiendo su curso aguas arriba hasta sus cabeceras se buscasen las del (río) Corrientes que los indios llaman Apos (a)”. (sic) (p.32). Aquí el rey de España ya se convenció de lo que Azara proponía para lograr la línea completa desde el Paraná hasta el Paraguay y, además, no deja dudas de que el Corrientes es el río Apa o Apos de los indios y el rey determinó que así se haga.

Finalmente en la referencia N° 165, encontramos la resolución real: ”No cabe la menor duda, en el incontestable derecho de España a que la demarcación se ejecute según la propuesta del Comisario Azara, aprobada ya por la Corte; y así debe insistirse en ella….etc.” (sic) (p. 32).

Llegados hasta aquí el asunto está claro en las dos últimas referencia, la N° 164 y la N° 165, en las que la Corte, el Rey, “se persuade”, “se determinó” y finalmente “aprueba” las sugerencias de Azara que son, finalmente, las que el propio Azara incorpora en su “mapa esférico” de 1792 y Requena en el suyo de 1796 confeccionado “por Real Orden” (sic), donde se exhibe al río Corrientes o Apa como límite de los reinos de España y Portugal tal como el monarca determinó. Azara entregó ese mapa al Cabildo de Asunción –a su pedido– en el que el Paraguay colonial, y a la izquierda de su río principal, terminaba en el Apa, en el paralelo 22°.

Es evidente entonces que el rey de España aceptó que el territorio del Reino de Portugal, en la vertiente del Paraguay, empiece en la orilla derecha del río Apa o Corrientes y llegue al norte a los confines del Mato Grosso y esto va a contramano con el mapa de las pérdidas territoriales de lugares que supuestamente heredamos del Reino de España, específicamente el caso del territorio entre el Apa y el Blanco, cuando que el rey de España –voluntariamente– se lo reconoció a los portugueses como propio. Y Azara en 1792 y Requena en 1796 se encargaron de plasmar esa voluntad real en sus dos mapas. Más tarde, el mejor cartógrafo del siglo XIX, H. Mouchez, y con base en sus tres años de excursiones en el lugar también ubica esa línea divisoria en el río Corrientes o Apa en su mapa de 1862.

Quizás ahora se entienda mejor las pragmáticas razones por las que los López, padre e hijo, decidieron dejar de lado la herencia colonial española del Tratado de 1777 y plantear a los brasileños transar límites en la línea del Blanco usando como base de negociación las posesiones efectivas en el terreno y su área de influencia citando al Fuerte Olimpo y su jurisdicción en redondo que afectaba la orilla opuesta y en litigio y no los títulos coloniales que resultaron ser contraproducentes para los intereses del Paraguay, pues visto lo expuesto por Azara, los paraguayos no podríamos heredar la derecha del Apa y hasta el Mbotetey.

EL MBOTETEY Y EL TACUARY COMO REIVINDICACIÓN DEL LÍMITE NORTE DEL PARAGUAY

Se ha señalado comúnmente al río Mbotetey, hoy río Miranda, como límite norte del Paraguay con el Imperio del Brasil, una versión de antaño, reivindicada por el bautismo con ese nombre de un vapor de la flota estatal del gobierno de don Carlos A. López adquirido de segunda mano en 1865, el Vesubio.

Por su lado, el dictador Francia en carta al comandante del Fuerte Olimpo Bernardo Velázquez dice en 1821 sobre los límites del norte con Portugal: “... la divisoria entre ambas naciones desde la caída del río Corrientes, al que nosotros hemos llamado nuevamente río Tacuary, es la canal del río Paraguay subiendo agua arriba...”, y así dicho río habría sido rebautizado, salvo que se trate del río Taquari, que desemboca arriba del Mbotetey.

Todo daría a entender que la base de esa versión fue el establecimiento del poblado español de Santiago de Jerez fundado en 1580 sobre el Mbotetey, hoy río Miranda, abandonado en 1640 y ocupado por los portugueses, vale decir que, a la hora de firmarse el Tratado de 1777, España lo abandonó por 137 largos años, por lo que es improbable que los reyes hayan acordado una línea fronteriza en un lugar que España ya penaba de prescripción por inacción.

De nuevo Azara aclara esta cuestión en otro comentario, inserto dentro de la descripción de lo que fue la “Sexta Disputa” entre demarcadores españoles y portugueses, cuando estos justificaban usar el río Paraguay y la fundación del presidio de Coimbra y Albuquerque en la margen derecha del Paraguay –en territorio indiscutiblemente español– como control del contrabando del oro que extraían en Cuyabá. Es el comentario contenido en la referencia 201 que dice:

“En cuanto (a) impedir la clandestina extracción de oro, (los portugueses) pueden para ello establecer en su propio territorio los registros o casas de resguardo que juzguen convenientes, bien sea en las márgenes de los ríos que son de su privativa pertenencia y desaguan en el Paraguay, como lo tuvieron y tienen a la margen del río Cuyabá, o bien en otros parajes, en que les sea lícito formarlos, como en la población de Camapuan y en la que ha dos años, o poco más, hicieron en el río Mbotetei, donde antes estuvo nuestra antigua ciudad de Jerez; del mismo modo pueden precaver la deserción de los indios y esclavos, etc. etc. “ (sic) (Requena, 37)

El sobrino de Azara, D. Agustín de Azara, publica en 1801 las anotaciones de su tío y en cuanto a la “sexta disputa” escribe: “El articulo IX del último tratado dirige la línea divisoria por medio del rio Paraguay desde la boca del rio Corrientes á la del Jaurú, y adjudica á España lo que cae al Occidente, y á Portugal lo opuesto” (sic). Lo opuesto –ahora portugués– es todo el territorio de la izquierda del río Paraguay, por arriba del Apa o Corrientes, donde se hallaba Jerez.

Si el propio demarcador real en jefe, Félix de Azara, dice que la abandonada ruina española de Jerez es lícita propiedad portuguesa y factible de ser usada en tareas de policía del tránsito del oro de Cuyabá, no queda ninguna duda de que España ya no pretendía propiedad allí, por lo que el río que pasaba por esa población, hoy llamada Miranda, no puede ser invocado como límite norte del Paraguay toda vez que el propio Azara concede legitimidad a esa nueva población del Reino de Portugal, por entender además que este comenzaba en la derecha del Apa, con la anuencia del rey de España.

Queda claro, entonces, que la reclamada propiedad paraguaya del río Apa al río Blanco tuvo otra fundamentación, esto es, la posesión por efecto de la jurisdicción en redondo del Fuerte Olimpo, mas no de la herencia colonial española, lo dicen Azara y el rey de España.

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