14 abr. 2026

Aumenta el empleo, pero persiste su baja calidad

El Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó datos de empleo que muestran una dinámica positiva en términos del volumen de puestos de trabajo generados. Estas cifras sugieren un mercado laboral en expansión. Sin embargo, el análisis de otras variables muestra la persistencia de una situación crítica en términos de ingresos y calidad del empleo. Las autoridades no solo deben preocuparse y festejar por el incremento del volumen, sino fundamentalmente por la calidad, deuda histórica del país con el sector trabajador.

De los 120.000 empleos creados en el último año, alrededor de 80.000 corresponderían a puestos formales. Este dato es fundamental para entender la dinámica más allá del simple aumento del volumen. Este indicador no solo debe ser sostenido en el tiempo para reducir la informalidad, sino que además es necesario que se reduzca en los empleos existentes.

Por otro lado, es necesario aclarar que el indicador de formalización del INE suma tanto a los que se formalizaron porque ingresaron al Instituto de Previsión Social (IPS) como a los que se incluyeron en el Registro Único del Contribuyente (RUC). En el primer caso, los beneficios son claros ya que se supone que los trabajadores adquieren derechos en salud y jubilación; sin embargo, para un trabajador pobre o que gana menos del salario mínimo que entra al sistema tributario es dudoso el beneficio, ya que incorporarse al mismo implica incorporarse a un sistema inequitativo que no incluye beneficios en la seguridad social ni en la capacitación para el trabajo.

Una segunda crítica a la insuficiencia del dato cuantitativo es el tipo de ocupación. Una parte importante de los nuevos empleos no reúne el requisito de tiempo que querrían los trabajadores, de allí la cifra de subempleo por insuficiencia de tiempo. Estas ocupaciones pueden ser changas o pueden ser de medio tiempo, con lo cual se pierden derechos laborales e incluso los beneficios son bajos, ya que los costos de oportunidad y de movilización son altos para los ingresos que se logran. Este es el caso de las mujeres que ante la falta de opciones laborales y teniendo que “conciliar” con sus responsabilidades familiares, aceptan empleos de bajos ingresos. El INE, por la conmemoración del 24 de febrero publicó datos sobre los bajos niveles de ingresos de las mujeres a pesar de que cuentan con credenciales educativas. Una parte de los bajos ingresos tiene que ver con el hecho de trabajar menos horas de las que quisieran. Alrededor del 40% de los hogares en Paraguay tienen como jefa a una mujer, siendo las principales proveedoras económicas.

Finalmente, el aspecto más crítico y sentido por la población es el de la pérdida del poder adquisitivo. La inflación de los últimos años deterioró enormemente los ingresos laborales, es decir, parte del aumento del empleo no fue gracias a la dinámica económica, sino a la desesperación de las familias por equilibrar el presupuesto, por lo que aumenta el número de empleos de algún integrante o sale a trabajar otro integrante muchas veces a costa de su formación como es el caso de los niños o jóvenes que dejan de estudiar para dedicarse al trabajo iniciando una trayectoria laboral que será inestable y de bajos ingresos el resto de sus vidas. El análisis del mercado laboral paraguayo no estaría completo sin considerar las profundas desigualdades que lo atraviesan. Además de las desigualdades de género señaladas, se agregan las desigualdades territoriales. La situación en el sector rural de la mayoría de los departamentos es calamitosa, sin que este tema esté en la agenda de los gobiernos departamentales y municipales. En definitiva, el caso paraguayo evidencia la necesidad de complementar los indicadores cuantitativos tradicionales (tasa de ocupación, tasa de desempleo) con indicadores que midan la subocupación, el acceso a seguridad social y la evolución del ingreso en relación con el costo de la canasta básica. De lo contrario, se corre el riesgo de gobernar guiado por espejismos estadísticos, mientras una parte sustancial de la ciudadanía, aunque “ocupada”, lucha diariamente para que sus ingresos le permitan una vida digna. El desafío para Paraguay no es solo generar más empleos, sino generar mejores empleos para todos, sin distinción de sexo, área de residencia o etnia.

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