03 sept 2026

Artemis II repara su inodoro y revive el problema más terrenal del espacio

La NASA anunció este miércoles que el retrete de la misión Artemis II nuevamente funciona, pero sus múltiples problemas desde el día de lanzamiento muestran que la carrera espacial no ha solucionado un problema terrenal: cómo hacer las necesidades y mantenerse sano en un entorno donde la gravedad no ayuda y los fluidos flotan.

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Vista interior, a través de una ventana, de la maqueta de la nave espacial Orión dada a conocer el 7 de abril de 2026 en el Centro Espacial Johnson en Houston, Texas, EEUU.

Foto: Ronaldo Schemidt (AFP).

El inodoro de la nave Orión ha tenido dificultades con el sistema de evacuación de aguas residuales, en particular en la parte relacionada con la orina, con sospechas de acumulación de hielo en la línea principal de ventilación de aguas residuales, olores extraños y otros incidentes que llevaron a clausurarlo varias veces.

Más detalles: La NASA pide a los astronautas de Artemis II no usar el inodoro en pleno viaje histórico

De hecho, el astronauta canadiense Jeremy Hansen, dijo al control de misión que al abrir el área del baño, “el resto de la tripulación lo podía oler de inmediato”.

Dicho retrete no es una pieza cualquiera, pues forma parte del Universal Waste Management System (UWMS), un sistema de nueva generación desarrollado por la NASA con una inversión de 23 millones de dólares.

El reto de ir al baño sin gravedad

En la Tierra, el peso ayuda a que los fluidos y los residuos bajen, pero en un ambiente de microgravedad, como en la nave Orión, esa tarea depende de ventiladores, succión, embudos, mangueras, separadores de gas y de líquido, y contenedores sellados.

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Cuando una de esas piezas falla, el problema no es solo logístico, pues también afecta la higiene de la nave, la moral de la tripulación y, en misiones largas, la seguridad operativa.

La propia NASA ha usado la estación espacial como banco de pruebas del UWMS y ha reconocido problemas de fiabilidad en órbita en años recientes.

Aún así ha habido avances, ya que durante los programas Mercury, Gemini y parte de Apolo, los astronautas no tenían un baño como tal.

Para la orina usaban dispositivos rudimentarios y, para los desechos sólidos, bolsas adhesivas que debían colocarse directamente sobre el cuerpo.

La experiencia de los astronautas

En un informe médico del programa Apolo, un astronauta describió el proceso de defecación como “un total desastre” y “la única parte de la misión que lo hizo sentir como un salvaje”.

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El mismo documento señala que el procedimiento podía tardar unos 45 minutos y que la aplicación de la bolsa resultaba muy difícil en microgravedad.

Durante la misión Apolo 10, en 1969, uno de los episodios más insólitos de la historia espacial evidenció lo precarios que eran los sistemas sanitarios de la época.

Según la transcripción oficial publicada por la NASA, el comandante Thomas Stafford exclamó de repente: “Dame una servilleta rápido. Hay un excremento flotando por el aire”.

Poco después, el piloto del módulo de mando, John Young, respondió: “Yo no fui. No es mío’”, mientras que el piloto del módulo lunar, Eugene Cernan, añadió: “No creo que sea mío”.

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En la Tierra podría dar pie a humor escatológico, pero en el espacio los astronautas lo describen como un gran problema.

Con las misiones Skylab (1973-1974), el transbordador espacial y la estación espacial, la tecnología progresó, pero las complicaciones no desaparecieron.

El astronauta David Wolf contó que parte de su entrenamiento como relevo de la estación rusa Mir consistió en aprender a manejar el retrete y “no siempre con éxito”.

Durante la era del transbordador, William McArthur relató que, durante una misión, el sistema sanitario se inundó tras una operación para purgar agua y aire del vehículo.

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“Salió como un galón de aguas negras”, recordó y comparó el olor con el de antiguos baños escolares donde alguien había orinado sobre un radiador caliente.

Estas dificultades pueden afectar la salud de los astronautas, pues un compendio de la NASA sobre la adaptación humana al espacio señala que, hasta diciembre de 2020, se habían registrado 43 episodios de cálculos renales en los tripulantes y especialistas de carga en distintas etapas, tanto antes como después de volar.

También ha habido casos de sepsis por infecciones urinarias y renales.

El mismo documento advierte que la deshidratación también es frecuente durante las misiones, lo que agrava el riesgo.

Fuente: EFE.

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