A muchos les encantaría tener un millón de amigos para así más fuerte poder cantar. La cuestión es, ¿de qué sirve tener tantos amigos si los verdaderos pueden contarse con los dedos de las manos? Parecería un poco pesimista hablar sobre amigos tóxicos cuando todos deberían estar felices festejando, pero los malos amigos, hipócritas, están por allí. Quizás para muchos, la celebración de la amistad hasta podría resultar deprimente, pero recuerde que siempre hay alguien que le hará creer que la verdadera amistad sí existe, solo que antes es necesario identificar las relaciones dañinas.
Afortunadamente no todos se involucraron alguna vez en una amistad poco deseable, pero a quienes lo hayan hecho o estén en una, les resultarán familiares situaciones como descubrir que su amigo habló pestes de usted con un conocido en común, reveló secretos íntimos, lo metía en problemas en cada salida nocturna o bien era incapaz de sentirse feliz por un logro suyo... Los ejemplos son varios, pero la variable en común es que en todos los casos, usted no estaba cómodo ni contento.
Lo ideal
De alguna u otra manera, todos sabemos lo que es un verdadero amigo. Esa persona que está en las buenas y en las malas, ese con el que se puede reír y también llorar, el confidente. “Antes que nada está presente la lealtad, ese amigo que, aunque no esté contigo en todo momento, sabés que podés contar con él”, describe la psicóloga María de Jesús Aranda.
Pero, ¿cómo identificarlos? “Hay amigos que solo te traen problemas y no soluciones. Creo que una amistad tóxica puede mirarse desde varios puntos de vista, como por ejemplo, una relación en la cual permanentemente una de las personas está transmitiendo problemas, o también puede tener la costumbre de involucrarte en ellos constantemente. En síntesis, son amistades que no aportan al crecimiento personal, lo que hace que estemos absorbiendo energía negativa”, resalta la psicoanalista María Teresa Galeano.
Este tipo de amistades pueden estar instaladas desde hace tiempo, solo que después la persona se da cuenta de que la relación no aporta nada bueno a su desarrollo. Asimismo, pueden empezar como encuentros casuales, según Galeano, por lo que es importante detectarlas a tiempo para no llevarlas a la propia intimidad.
“Las relaciones de amistad se caracterizan por la empatía y la sinceridad, mientras que las amistades tóxicas carecen de estas cualidades. Pueden darse por algún tipo de interés, como el reconocimiento profesional, social o financiero”, indica Aranda.
Qué esperar
Entre las risas de estos amigos disfrazados existen características en común. Antes que nada, son personas que para cada solución tienen un problema, asegura Galeano. Igualmente, sus conversaciones siempre tienen un tono negativo, con una necesidad de desprestigiar a otras personas. Y el resultado final es inconfundible: luego de estar con esta gente, uno se siente como si le hubieran sacado todas las fuerzas, o como se dice comúnmente: “Te chupan toda la energía”.
La próxima vez que tome el teléfono y se dé cuenta de que usted es el único que siempre lo está llamando para hacer planes o para preguntarle cómo está, debería empezar a hacerse algunas preguntas. “Es una situación que necesita ser analizada —dice Galeano—, porque ese es el primer paso para que una relación se convierta en tóxica. Cualquier tipo de relación en la que solo una de las personas es la que está dando y la otra no, desde ese mismo momento crea un vínculo disfuncional”.
Otra situación común de estas amistades tóxicas es que uno de sus integrantes probablemente ya tenga raíces de la cantidad de veces que fue plantado a último momento. Para ambas profesionales, este es un signo de que la otra persona no desea comprometerse con la relación de amistad, sin dejar de mencionar que si es repetitivo, lo que se está evidenciando es una conducta evitativa; es decir, en realidad no olvida los planes, sino que no desea compartir o cumplir con el otro. De esta manera, el vínculo de amistad se desgasta lentamente.
Hay muchos otros factores, o la combinación de ellos, que pueden convertir una amistad en tóxica, como la envidia por lo que el otro logró o tiene, la necesidad de vivir pendiente de lo que el otro hace, hablar a espaldas del amigo o la costumbre de echarle la culpa de los propios errores.
Cuando la ficha cae es doloroso, pero si es consciente de que se siente mejor sin ese amigo a su lado, es momento de ir cortando el vínculo de a poco para no herir susceptibilidades. O bien, si tiene la voluntad suficiente, córtelo de raíz. Y si tiene dudas, pregúntese: "¿Qué tan bien me siento con esta persona?”.
Texto: Natalia Ferreira Barbosa
Foto: José Molinas.