El nombre de Marco Riquelme ya comenzaba a sonar mucho antes de su ascenso a ministro de Industria y Comercio en febrero pasado, desde el 2025, incluso en medio de la sensación de certeza que generaba el nombramiento de Pedro Alliana como el siguiente candidato al Palacio de López, de boca del líder de Honor Colorado, Horacio Cartes.
La aparición de un nuevo personaje todavía era incipiente, aunque ya se escuchaba que el vicepresidente parecía no despegar y que el anticipado anuncio del titular de la Asociación Nacional Republicana (ANR), en una plenaria del oficialismo en noviembre del 2025, podría no ser definitivo.
Pasaron cinco meses y el empresario y heredero de Blas N. Riquelme comenzó a mostrarse en escenarios que los políticos acostumbran a visitar durante sus campañas. Mientras amasaba una chipa con trabajadores del Mercado 4 ante las cámaras de los medios de prensa, el ministro, portando indumentaria de una chipería, negaba su intención presidencial.
Pero esta no fue la señal más fuerte de que Alliana no camina en un suelo firme en Honor Colorado. Días antes, en el barrio Republicano, tras el lanzamiento de la candidatura de Camilo Pérez para Asunción, fue el mismo vicepresidente el que puso fin a la especulación. Su candidatura flaquea y eso ya no está en duda, mientras surgen otros actores en escena.
Con un Horacio Cartes apartado de la vida política por motivos de salud, Alliana dijo que luego de las elecciones municipales hablaría con su familia y luego con el movimiento, al final de este año, y si todavía las bases quieren impulsar su candidatura, va a ordenar una encuesta, de forma privada, para después tomar una decisión, porque las campañas apresuradas muchas veces juegan en contra.
GRIETA. En este momento, en el cartismo comienza a traslucirse una grieta, no entre disidencias y oficialismo, sino a lo interno del mismo movimiento, debido al poder que los técnicos acumularon en el Ejecutivo. En la primera etapa de este gobierno de economistas, el presidente Santiago Peña tuvo pleno apoyo, con algunas pequeñas batallas naturales y concesiones, pero en el inicio de la segunda etapa y en medio de las municipales, los denominados políticos quieren recuperar su poder.
El mismo Alliana afirmó tajante que la mayoría de los ministros deben ser cambiados y posteriormente, ya ante los medios de prensa, sin un ápice de duda, dijo que este modelo de gestión tiene aspectos que corregir y “hay que darle una mirada más política a la gestión del presidente”, y reconoció que Peña no siempre hace caso a sus consejos.
Para la dirigencia, volver a impulsar a un técnico para el 2028, similar al perfil del presidente Peña, no es una buena idea. “No es momento de ningún outsider, la gente quiere un político en este periodo”, manifestó el senador Derlis Maidana.
Otros referentes como el gobernador de Guairá, César Sosa, salieron a respaldar a Alliana porque tiene un perfil político y ponen en contradicción con los perfiles técnicos que comenzaron a surgir, porque no responden con rapidez y están alejados de la gente.
Giro en gobierno de Peña despierta al sector político
Santiago Peña marcó el inicio de la segunda etapa de su gobierno con el nombramiento de un jefe de Gabinete, cargo que estaba vacante hace un año y medio tras la salida de Lea Giménez. El elegido fue Javier Giménez, quien era ministro de Industria y Comercio.
La elección de Peña tiene que ver con los nuevos roles que adquirió a nivel internacional, una posición que le demandará más atención a su política exterior por su alianza y cercanía con Estados Unidos. Javier Giménez deberá cumplir una función local, pero con el enfoque del presidente, de gestión técnica, que es distinto al perfil de Pedro Alliana.
El vicepresidente apunta al sector político y está centrado en la campaña.
Este giro apuró a los líderes del cartismo que demandan recursos estatales para responder a sus bases, en sus territorios, en medio de un contexto electoral. La primera prueba fue la derrota de “los técnicos” con la reforma de la Caja Fiscal, donde primó la mirada política.
La mayoría de los que tienen intenciones presidenciales se subieron rápidamente a este barco, como por ejemplo, el diputado Raúl Latorre, que también quiere ser candidato, y criticó a Carlos Fernández Valdovinos por impulsar la reforma. El ministro de Economía terminó renunciando en medio de la presión.
Ahora Peña tiene en sus hombros la carga de cumplir con la gestión hasta el 2028 sin acrecentar la grieta.