15 jun. 2024

Alice Munro, la Nobel canadiense que solo tenía tiempo para escribir historias cortas


EFE

Nunca tuve la intención de ser una escritora de historias cortas. Las empecé a escribir porque no tenía tiempo para escribir nada más: Tenía tres hijas, explicaba en 1986 Alice Munro, fallecida el pasado lunes. Casi tres décadas más tarde, en 2013, esos escritos merecieron un Nobel de Literatura, el único conseguido por un autor canadiense.
Munro murió a los 92 años de edad en la residencia para mayores en la que estaba ingresada. La autora, que padecía demencia desde hace más de una década, había dejado de escribir en 2012 tras la publicación de su última colección de historias, Dear Life.

Aunque en la entrevista que concedió en 1986 al The New York Times se refirió a las dificultades de compaginar su vida como madre de tres hijas con la escritura como la razón por la que nunca escribió una novela, a lo largo de los años ofreció diversas explicaciones.

Pero de forma consistente, todas sus respuestas siempre estuvieron ligadas de una forma u otra con la realidad social en la que la escritora nació, creció y de la que se alimentó: el Canadá rural, de pequeñas poblaciones agrarias, tradicionales y maternales.

Munro, cuyo nombre de soltera era Alice Ann Laidlaw, nació en la pequeña localidad de Wingham, a unos 200 kilómetros al oeste de Toronto, en 1931, en plena Gran Depresión norteamericana. Sus padres eran granjeros. Primero tuvieron una granja de zorros y visones. Posteriormente, de pavos, pero nunca tuvieron grandes recursos y Munro solo pudo ir a la universidad tras recibir una beca.

Fue ese ambiente rural de Ontario, una de las provincias originarias de la vieja Canadá, la Upper Canada del imperio británico, el que dio forma a Alice.

“Estoy intoxicada con este paisaje, por los campos casi planos, las ciénagas, los densos arbustos, por el clima continental con sus inviernos extravagantes. Mi hogar son las casas de ladrillo, los graneros decrépitos, las esporádicas granjas con piscinas y aviones, los campamentos de casas móviles, las pesadas viejas iglesias, Walmart y Canadian Tire. Hablo el lenguaje”, explicaba en 1996.

Cuando en 2013 recibió el Nobel de Literatura, la academia sueca explicó que el premio se la concedió por ser “una maestra de la historia corta contemporánea”.

En una entrevista para la revista The Paris Review en 1984 se le preguntó sobre su colección de historias cortas ‘Lives of Girls and Women’ (1971). Munro reconoció que inicialmente quiso darle la forma de novela.

“Intenté hacer una novela normal, un tipo de novela ordinaria de la adolescencia infantil. En marzo vi que no estaba funcionando. No parecía lo adecuado y pensé que tendría que abandonarlo. Estaba muy deprimida. Entonces me di cuenta que tenía que trocearlo y colocarlo en forma de historia. Así sería manejable”, declaró.

“Ahí es cuando aprendí que nunca iba a escribir una verdadera novela porque no podía pensar de esa forma”, añadió.

Munro nunca necesitó escribir una novela y sus colecciones de historias cortas inspiraron a generaciones.

Su compatriota y amiga Margaret Atwood dijo de su obra: “En el trabajo de Munro, los paisajes locales se convierten en universales, las pequeñas vidas adquieren proporciones épicas”.

Esa épica es la que animó al director español Pedro Almodóvar a inspirarse en tres historias cortas de Runaway (Escapada) para escribir el guión de su ‘Julieta’. El cineasta entendió que aunque las historias de Runaway son universales, su lenguaje es local, canadiense.

Porque Munro insistía en destacar sus raíces: “Estoy anclada en un lugar por el lenguaje, por una expresión particular o hábitos de habla que he escuchado toda mi vida”, explicó en 2006 en una entrevista a la radiotelevisión pública canadiense, CBC.

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