En la esquina de Oliva y Chile, el Gran Cine Teatro Victoria duerme en medio del ruido del tráfico y las noches que pasan rápidamente en el microcentro de Asunción. Tras el incendio de agosto de 2020, el edificio fue objeto de una restauración que le devolvió el brillo y la elegancia a su fachada, aunque las puertas permanecen cerradas por la ausencia de un proyecto comercial que lo devuelva a la vida.
El arquitecto Alfredo Angulo, quien trabajó en las obras de emergencia, explicó a Última Hora que el objetivo inicial de la restauración fue “reconstruir el techo para salvar todo lo que está en el interior sin todavía intervenir el interior”, logrando así que la estructura dejara de ser un riesgo para el entorno urbano.
Según Angulo, el proceso fue agridulce, atendiendo a que, pese a que sí se restauró el rostro del edificio, el interior permaneció igual: “Lo que hicimos fue directamente volver a cerrar el edificio y reconstruir y poner la fachada a punto, de modo a que no sea un elemento agresivo para la ciudad, que sea un edificio patrimonial siempre, pero vacío. Lastimosamente esa es la realidad que le toca hoy al Cine Victoria”.
La restauración técnica se centró en tres ejes: la reconstrucción total del techo y sectores consumidos por el fuego, la instalación de un sistema de desagüe pluvial y la recuperación de su revoque París o revoque a la piedra.
Este último trabajo fue casi artesanal, ya que llevó al equipo de trabajo a trasladar y probar arena de diversos arroyos para igualar la mezcla original de la década del 40 y 50, cuando se gestó y nació el Cine Victoria.
Sin embargo, la mayor virtud técnica que se aplicó durante las obras fue el que involucró el combate contra el agua que corre bajo el cine. ”Debajo pasa un arroyo subterráneo; esa agua se acumula en un gran sumidero en el subsuelo, en el sótano del Cine Victoria. Y esa agua hay que sacar bombeando y permanentemente eso se está alivianando. Entonces, esa era una de las tareas prioritarias que teníamos”, contó el arquitecto.
Recordó que el agua entraba por el techo y que esto provocaba que el sitio se inundara con mayor rapidez. “Las bombas no tenían capacidad de evacuar ese sótano. Entonces, lo que se hizo fue cerrar el techo, volver a conectar todos los pluviales, de modo que los pluviales vayan a ese sumidero y ese sumidero bombee agua al sistema pluvial”, detalló.
Negociaciones. Aunque la fachada del cine recuperó su esplendor, aún no se pudo llegar a las personas interesadas en reactivar comercialmente el lugar. El arquitecto aseguró que el costo de rehabilitar el interior (desde las butacas hasta la climatización) aleja a los inversores, además del hecho de que “el microcentro también se halla en una situación complicada, esto hace que para los inversionistas no sea atractivo”.
Recordó que hubo reuniones en las que se trató de buscar a un interesado, además de analizar los distintos aspectos que pueden colaborar o no a la hora de emprender en un espacio como el microcentro de Asunción.
“Trabajamos mucho en diferentes sectores con diferentes interesados, pero realmente el costo del edificio hace que tengas que alquilar en un precio que es muy poco atractivo para los inquilinos que pudimos ver”, refirió.
Indicó que la intención “siempre es mantener como un edificio patrimonial destinado a teatro o actividades afines”, y acotó que uno de los problemas principales es que no hay estacionamiento. “Hoy día programas sin estacionamiento son programas muy complicados. El centro tiene un deterioro. Eso hace que no sea un espacio hoy fácilmente comercializable. En ese punto estamos hoy”.
Ciudadanos recuerdan con nostalgia las visitas que hacían al Victoria
Ciudadanos de Asunción recuerdan haber visitado el Cine Victoria con variadas anécdotas y escenarios pintorescos. Según la página “Historias de mi barrio”, el lujo de ser el “primer cine climatizado"era tal que Aurelio Boselli recuerda lo siguiente: “En verano tenías que llevar campera para aguantar el frío”. Estela Benítez dice por su parte: “Te congelabas adentro”.
La elegancia del cine, en cierto momento, incluso llegó a ser inclusiva. Osvaldo Meyer relata que “ratas enormes recorrían en frente (sobre el piso) mirando la proyección cinematográfica” y “comiendo resto (de) pororó”. La seguridad también fue “de película”. Fernando Fleitas recuerda el Golpe de Estado de 1989, diciendo: “Fue un tremendo lío para salir de allí... para evitar que me alcanzara alguna bala perdida”.
Las emociones se vivían a flor de piel. Ada Fretes recuerda haber llorado con “Love Story” e Hilda García recuerda el visionado de “Cleopatra”. Hoy, Luis Rivarola ve el sitio vallado y temiendo su demolición, mientras que Priciliana Borja recuerda: “Qué vida era”.
Juan Carlos Rodríguez, a su vez, recuerda que cuando había descuento del 50 %, “terminaba una película y las luces encendían y veía distintos tipos de uniformes de estudiantes”.
Valioso patrimonio de Asunción
El Cine Victoria nació como un tributo a la paz. Inaugurado el 12 de junio de 1950, en homenaje al fin de la Guerra del Chaco (12 de junio de 1935), abrió sus puertas con “Juana de Arco”. De elegante construcción, fue declarada como edificio y sitio de valor patrimonial, según la Ordenanza Nº 35/1996 que la integra en el Catálogo Patrimonial.
Espacio popular de confort
Pionero en confort,a fue el primer cine climatizado del país. Con cerca de 1.450 butacas, el Cine Victoria era uno de los refugios favoritos de los asuncenos. Armando Rubín recuerda que muchos iban más por el aire acondicionado que por el filme, siendo la sala más popular entre las décadas del 60 y 70, compitiendo con el Splendid y el Roma.
Un cine que espera revivir
Tras varios años de éxitos en ventas, el cine cerró en el año 2006 con la película The Forgotten. Pese a sufrir un incendio en 2020, la fachada fue restaurada y actualmente cuenta con una custodia durante las tardes y las noches, en atención a la inseguridad dentro del microcentro. Negociaciones de por medio buscaron reactivar el lugar.
El cine más popular, donde ver películas era una ceremonia
El Cine Victoria no es solo un edificio, sino también es un proyector de memorias que, desde su inauguración el 15 de junio de 1950 con Juana de Arco, se convirtió en el epicentro de una mística que hasta hoy vive en los recuerdos de quienes visitaron sus instalaciones. Para Ana Martini, escritora y actriz, el edificio poseía una cualidad única donde la arquitectura y el arte se fundían en un abrazo al visitante.
Martini recuerda que “entrar al Cine Victoria era entrar a un lugar como de ceremonia”, describiendo un tránsito pausado donde el espectador subía escaleras y atravesaba un hall que “te iba como preparando” para el asombro.
El cine como experiencia, más allá del encendido de una pantalla. En la penumbra de una sala de 1.450 butacas, el mundo exterior desaparecía, permitiendo que la audiencia ingresara a un “tiempo sin tiempo”, una experiencia “subyugadora”, en palabras de Martini, donde solo existían la pantalla y el espectador. La sala era un desfile de estrellas y emociones que marcaron la infancia y juventud de toda una generación. Armando Rubin, crítico de arte y periodista, rememora haber visto allí películas inolvidables como Trapecio y el filme La sangre y la semilla, estrenado en 1959. Hizo una mención especial a Laura Hidalgo, una diva del cine argentino a quien el Victoria servía de vitrina y a quien Rubin terminó entrevistando en Hollywood años más tarde. Según Rubin, existía una leyenda urbana que decía que la gente elegía más que una película, “pasar un momento agradable con el aire acondicionado, porque no todos (los cines) tenían”.
“Se daban películas increíbles. Me acuerdo que vi Las campanas de Teresa, en colores, en el Victoria. Después estaba El túnel también. Yo conocí el Victoria en su momento de esplendor. Películas muy pero muy buenas y que no llegaban con mucho atraso. No te voy a decir estrenos simultáneos, pero había muy poca distancia, digamos, entre Buenos Aires y Asunción. Y el Victoria era, yo te diría, la sala de cine más popular de esos años. Te estoy hablando del esplendor, 50, 60, comienzos del 70”, recordó.
La historia del Victoria contiene demasiados momentos que pueden ser relatados con encanto por quienes vivieron el lugar. Martini recordó una situación con elementos de la película Cinema Paradiso: El abuelo de una compañera suya era el encargado de llevar rollos de película en bicicleta, para su distribución entre los cines para que las funciones no se detuvieran. “Una vez tuvo un accidente llevando E.T. en la bicicleta y se había atribuido a que era algo del extraterreste”, dijo Martini entre risas. Eran tiempos de una Asunción donde el cine era un gran atractivo, pero también una excusa para desarrollar momentos que probablemente no se podrían concretar a la luz del día.
Hoy, el Victoria permanece en un silencio expectante tras su restauración externa. Para Rubin, quien no niega que vivió su amor al cine, en parte, gracias a las funciones a las que iba cuando era un niño, el estado actual del edificio es deprimente. Martini, por su parte, lamenta que además del Victoria se hayan ido los cines de barrio, que permitían construir una cultura distinta y más al alcance de los vecinos de Asunción. Pidió que se apliquen políticas que recuperen esa experiencia ritual.
El cine que cerró sus puertas en 2006 con la película The forgotten (El olvidado) lucha por no hacer honor a ese título, esperando que el proyector de la historia vuelva a encenderse para devolverle a la ciudad su ceremonia de cine. Por ahora, como el Nuevo Cinema Paradiso, permanece en la memoria de quienes lo visitaron.