Con bolsones, en conservadores o canastos, los vendedores informales copan los pasillos del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS) ofreciendo una variedad de productos comestibles sin ningún tipo de cumplimiento de normas higiénicas ni sanitarias.
En las salas de esperas o en las zonas de pacientes internados ingresan con los productos comestibles debido al escaso control de parte de los funcionarios de la previsional.
La situación de informalidad se acrecienta en el Hospital Central, atendiendo que no cuentan con personal de seguridad ni con Policía Nacional en algunas zonas y dependencias, según constató un equipo periodístico de ÚH.
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Esta situación acrecienta también la inseguridad y los robos en las salas de espera, según las quejas.
En medio de la vigilia diaria, los vendedores recorren las salas de espera ante la atenta mirada de los acompañantes, que en algunos casos optan por comprar los alimentos para evitar alejarse de la zona.
En medio del ajetreo, una funcionaria del IPS se topó con un vendedor ambulante. Con el dedo le señaló la salida y le advirtió que ya no ingrese a las áreas de espera de pacientes. El vendedor solo rio y salió corriendo por las escaleras.
A esta situación de informalidad dentro de uno de los hospitales del IPS, se suma que en los pasillos y las salas de espera se convierten en campamentos improvisados con colchones, sillones plegables, bolsones, sábanas y hasta ventiladores instalados para hacer más leve los días de intenso calor.
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No basta el ambiente caótico, también parece una zona de mercado en la que se ofertan un montón de productos en un ambiente insalubre.
Los asegurados y acompañantes hacen vigilia en medio de los trabajos de refacciones y de manera precaria con los campamentos o albergues improvisados que se instalan en cada piso. Y en ese ambiente caótico, los vendedores ambulantes ofrecen sus productos comestibles, como si fuera un acto normal dentro de un hospital.
Los pasillos, incluso, están copados por personas que pasan el día acompañando al familiar internado, sentadas en sillones, colchones o simplemente en el piso.
Los albergues están al tope en el Hospital Central por lo que las personas no tienen otra opción que acampar en pasillos o salas de espera. En medio de ello, se escuchan las voces de los vendedores ofreciendo desde chicle hasta comestibles varios.