El Mercosur y la Unión Europea firmaron un acuerdo luego de un proceso que llevó más de 20 años. Este acuerdo abarca cuestiones arancelarias, servicios, compras gubernamentales, facilitación del comercio, barreras técnicas, medidas sanitarias y fitosanitarias y propiedad intelectual. Para el Paraguay, el acuerdo plantea un escenario dual: Una oportunidad para superar sus limitaciones estructurales y un desafío para la transformación productiva. Se debe aprovechar la oportunidad de entrar a un gran mercado en tamaño y calidad.
El pacto Mercosur-UE representa alrededor del 25% del PIB mundial, un mercado de 700 millones de personas y más de USD 100.000 millones de comercio bilateral de bienes y servicios, por lo que reviste gran importancia, sobre todo para nuestra región. Paraguay debe aprovechar la oportunidad que podría generarse de entrar a un gran mercado en tamaño y calidad.
El verdadero potencial del acuerdo para Paraguay no radica únicamente en la expansión de sus exportaciones tradicionales, sino en su capacidad para funcionar como un instrumento para la diversificación productiva, la agregación de valor, el aumento de la productividad y la industrialización. Más allá de las ventajas en términos arancelarios, el acuerdo ofrece acceso preferencial para la producción nacional con mayor valor agregado que las materias primas o productos de bajo nivel de procesamiento que exportamos actualmente.
La atracción de Inversión Extranjera Directa (IED) con tecnología es otra de las ventajas en lugar de atraer inversiones directas de baja o media complejidad. Paraguay puede posicionarse estratégicamente como país de producción sostenible para empresas europeas que buscan acceso a los mercados de Mercosur.
El logro de los objetivos anteriores solo será posible si el país cumple con los altos estándares sanitarios, fitosanitarios, de trazabilidad y de sostenibilidad de la Unión Europea, lo que puede significar paralelamente aumento de productividad y competitividad a nivel global y no solo frente al mercado europeo. El acceso al mercado europeo de mayor poder adquisitivo, estándares de calidad y estabilidad contribuiría a reducir la vulnerabilidad actual, ya que dependemos de pocos países, muchas veces inestables como los de la región.
Sin embargo, sin una estrategia proactiva, estas ventajas pueden diluirse frente a riesgos que podrían, incluso, consolidar el modelo primario-exportador. Si Paraguay se limita a exportar los mismos productos actuales sin avanzar significativamente en su procesamiento industrial y en otros bienes, el acuerdo solo reforzará la dependencia de productos con bajo poder multiplicador en la economía nacional.
La apertura recíproca expone a la industria paraguaya a la competencia de productos europeos altamente sofisticados. Los mayores beneficios del acceso al mercado europeo serían captados inicialmente por los grandes conglomerados agroexportadores ya consolidados que tienen la escala y el capital para adaptarse. Los pequeños y medianos productores (pymes) y la agricultura familiar, sectores que más empleo generan en el país, además de que su oferta es fundamental para la seguridad y soberanía alimentaria pueden quedar excluidos, acentuando las desigualdades.
El Estado debe diseñar una política industrial moderna que identifique cadenas de valor estratégicas, capaz de incorporar tecnología y a pymes y a la agricultura familiar, que mejore la infraestructura y la provisión de servicios públicos, y que impulse la investigación, entre otras acciones relevantes para enfrentar el gran desafío que supone la demanda europea. Para nuestra economía, pequeña, mediterránea y con una estructura productiva históricamente concentrada en la exportación de commodities agropecuarios con bajo valor agregado y altamente vulnerables al clima, el acuerdo plantea una oportunidad y un desafío
El Acuerdo UE-Mercosur debe constituir el punto de partida de un proyecto nacional de transformación productiva para que Paraguay no solo exporte más, sino que exporte mejor, creando empleos de calidad y distribuyendo los beneficios de una inserción internacional más diversificada, compleja y soberana.